La inquilina Capítulo 52
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Capítulo 52

B lake está enfrascado en una conversación con Quillizabeth.

Justo después de poner las galletas en una bandeja, me he espolvoreado un poco de harina en la camiseta para tener una excusa para retirarme y que Blake se quede a solas con Quillizabeth.

Cuando vuelvo a la sala de estar, él la mira con ojos desorbitados y parece estar contando los segundos que faltan para poder echarla de nuestra casa.

Me acerco deprisa y finjo presentarme a la mujer a la que conocí ayer. Pese a su renuencia al engaño, Quillizabeth simula de maravilla que es la primera vez que nos vemos. Me tiende la mano y yo se la estrecho.

Y entonces, cuando nuestras manos entran en contacto, ella se aparta de golpe. Abre los ojos como platos y da un paso atrás.

—Yo… —dice con voz enronquecida—. En realidad, tengo que irme. Esta casa… es demasiado pequeña. No voy a alquilar la habitación, después de todo.

Blake parece tan tremendamente aliviado que es casi desternillante.

—Muy bien, ha sido un placer conocerla —dice con un poquito más de alegría de la cuenta.

Yo finjo inquietud.

—¿Qué sucede? Ni siquiera ha visto la habitación aún.

Quillizabeth vuelve la mirada hacia Blake. Si yo no supiera que todo esto es una comedia, estaría aterrorizada de verdad. Ella me mira entonces a mí y me dice con tono apremiante:

—¿Podría… hablar con usted afuera, querida Krista?

¿Afuera? No, ni hablar. Quiero que Blake presencie su actuación sin perder detalle.

—¿Qué es lo que quiere decirme? —insisto.

Quillizabeth da otro paso atrás.

—Afuera. Por favor .

—Mire, Quillizabeth. —Blake parece completamente exasperado—. Tenemos a otra posible inquilina que está a punto de llegar, así que…

—Él la va a matar —me dice ella de repente—. Blake va a matarla, Krista. Tiene que salir de aquí.

Ay, Dios mío. Esta mujer se merece un Emmy. Sin duda se ha equivocado de profesión.

—Va a apuñalarla con un cuchillo de cocina. —Quillizabeth señala la alfombra que tiene bajo los pies—. Pasará justo aquí .

Blake parece un poco asustado. Como mínimo, quiere que la mujer se largue de una vez. Le pone una mano en la espalda, pero ella se aparta de golpe como si la hubiera quemado.

—Créame, Krista, por favor. —Quillizabeth extiende una mano nudosa hacia mí—. Tenga cuidado. Mis visiones… nunca son erróneas.

Soy yo la que al final debe acompañarla afuera, porque ella insiste en que quiere hablar conmigo. Vale, está bien. Quiero darle una propina, de todos modos. Ha estado espectacular. Amanda se presentará pronto y el contraste resultará abrumador. Se habrá mudado aquí a últimos de esta semana.

Pero, cuando salgo afuera, Quillizabeth se aferra a mi brazo y no quiere marcharse.

—Tiene que escucharme, Krista. Ese hombre… Blake… es peligroso.

—¿Blake? —Me echo a reír mientras saco unos billetes de mi cartera—. No, no lo creo. Y ahora él ya no puede oírla, así que no hace falta que siga con la actuación. Ha estado fantástica, de todos modos.

—¡Actuación! —exclama—. Esto no ha sido una actuación. Lo he visto . Le he visto inclinarse sobre su cadáver. He visto la sangre por todo el suelo.

Pese a lo agradecida que estoy con ella, empiezo a impacientarme.

—Blake no va a matarme. No tiene que preocuparse por eso.

—¡Yo lo he visto! —insiste—. No había tenido una visión de esa intensidad desde hace muchos años. Estaba tan claro como la luz del día. —Me coge de la muñeca, clavándome los dedos—. Él va a matarla, Krista. Tiene que marcharse. Ahora mismo.

Un escalofrío me recorre la espalda. No me creo ninguna de estas chorradas, pero hay algo en la convicción que se refleja en su rostro que está empezando a asustarme. En serio cree que Blake va a matarme. Cree que va a apuñalarme en mi propia sala de estar.

Eso es absurdo.

Consigo zafarme de su agarre y liberar la mano.

—Vale. Ya basta.

—Krista…

—No —digo con firmeza—. Estoy bien. Sea lo que sea esto…, no tiene que preocuparse por mí. Se lo aseguro.

Quillizabeth se resiste a marcharse y, por un momento, temo que tendré que llamar a la policía. Pero al final me dirige una mirada temerosa y echa a andar calle abajo. Yo permanezco allí, mirándola, para comprobar que no se queda en las inmediaciones o que, Dios nos libre, pretende volver.

Siempre he pensado que estos rollos esotéricos son una chorrada, pero parece que Quillizabeth tiene un don de verdad. Porque algo terrible va a suceder en esta casa. Solo que no será Blake quien se incline sobre mi cadáver.

Seré yo quien lo haga sobre el suyo.