Capítulo 51
B lake está enloqueciendo.
Han pasado dos semanas desde que perdió su empleo, después de que yo alertara a su jefe sobre los archivos vendidos a la competencia.
La cosa funcionó incluso mejor de lo que esperaba.
Wayne Vincent ni siquiera se molestó en escuchar la versión de Blake y se encargó de ensuciar su buen nombre por toda la ciudad.
Ahora no puede encontrar otro trabajo. Está obsesionado con hacer ejercicio durante todo el día y, cuando no entrena, se dedica a jugar en el ordenador. Y se pasa la noche entera despierto.
He entrado también en su portátil y sé con exactitud el poco dinero que le queda. Cuando le propuse la idea de buscar un inquilino, estaba segura de que acabaría accediendo.
En cuanto a Amanda, la zorra que me robó la identidad, la han echado de su apartamento.
Eso fue muy fácil. Solo tuve que enviar a Elijah a su bloque con aspecto desgreñado y hacerle llamar a varias puertas diciendo que buscaba a «esa Whitney que vende crack».
La echaron de allí y ahora está durmiendo en el sofá de una amiga.
Al día siguiente, colgué en el Cosmo’s el anuncio ofreciendo una habitación barata y ella me llamó.
Debía organizar las cosas de manera que esa chica fuera la única candidata a la que tomáramos en consideración.
Por este motivo, he usado una parte del dinero que saqué vendiendo el contenido del lápiz de memoria de Blake para contratar a varios actores más de aquella escuela de interpretación que pudieran hacerse pasar por unos candidatos verdaderamente horribles.
Incluso Elijah interpretó uno de los papeles, y Blake estuvo a punto de darse por vencido cuando él sacó su taladro y trató de hacer un agujero en la pared.
Amanda vendrá a ver la habitación mañana. Estoy segura de que su cara bonita y su pulcra apariencia bastarán para convencer a Blake de que la dejemos mudarse a nuestra casa. Aunque no estoy convencida del todo. Me gustaría contar con algo más para asegurarme.
Mientras vuelvo a casa del trabajo, paso frente a un rótulo parpadeante que dice: TAROT Y VIDENCIA.
Se me enciende una bombilla. No hay nada que Blake desprecie más que este tipo de cosas.
En una de nuestras primeras citas, le sugerí en broma que deberíamos hacernos la carta astral y él me miró como si hubiera dicho que la luna era un pedazo de queso y que yo iba a fundirlo para hacerme un sándwich.
Esto será perfecto.
Empujo la pequeña puerta de cristal y entro en el local.
Es muy pequeño y apesta a incienso. Es incluso más diminuto que ese garito de la calle Setenta y seis que tiene unos tacos tan buenos.
La iluminación básica procede de una lámpara violeta colgada del techo, que arroja un cerco de luz sobre una mesita situada en el centro y cubierta con un mantel azul marino con dibujos de las estrellas, la luna y el sol.
Una mujer se halla sentada ahí, ordenando un gran mazo de cartas sobre la mesita, que por lo demás no tiene otra cosa que una bola de cristal en el centro.
Debe de andar por los sesenta y tiene un largo cabello plateado que casi parece destellar bajo la luz de la lámpara.
Alza despacio la mirada hacia mí y en el rostro se le dibuja una sonrisa.
—Hola, querida —dice—. Me llamo Quillizabeth. ¿Cuál es su nombre?
¿Quillizabeth? Guau, esto es incluso mejor de lo que imaginaba.
—Krista.
—Krista. —Hay un deje de escepticismo en su voz—. No tiene aspecto de llamarse Krista.
Tiene razón, y ese es uno de los motivos por los que debo ocuparme de la situación con Amanda. Yo soy Whitney Cross y algún día volveré a ser yo misma. Pero ahora no voy a entrar en todo eso.
—Pues sí, me llamo Krista.
Ella parece aceptarlo con reticencia.
—¿Y cómo puedo ayudarla…, Krista?
—Bueno —digo—, esto quizá sonará un poco raro, pero…
—Siéntese, por favor. —Quillizabeth me señala la silla situada frente a ella—. ¿Se ha hecho alguna vez una lectura psíquica?
Me siento en la silla.
—No, nunca.
—Yo recomiendo para empezar una lectura de la mano —dice—. Es lo mejor para introducirla poco a poco en la experiencia. Pero la próxima vez podemos hacer una lectura más profunda.
No estoy interesada en nada de eso. Comparto el escepticismo de Blake sobre los fenómenos sobrenaturales, aunque están bien para cachondearse.
—En realidad —digo—, necesito su ayuda para otra cosa. Le pagaré, por supuesto. Lo que usted quiera.
La mujer alza las cejas. Observo ahora que lleva puestas varias túnicas. Ay, Dios, a Blake esto le va a reventar.
—Necesito que finja estar interesada en una habitación que mi novio y yo hemos puesto en alquiler —le explico—. O sea, que venga a verla y luego diga un montón de cosas esotéricas intimidantes.
Los labios de Quillizabeth forman una línea recta, de tal manera que casi desaparecen en su boca.
—Yo no puedo decir un montón de «cosas esotéricas» si no las siento. Esto no es un juego .
—No, claro que no —me apresuro a decir. Madre mía, esta mujer es algo fuera de serie—. Simplemente pienso que estaría bien que mi novio escuchara la opinión de una vidente sobre la habitación, ¿comprende? Así, de antemano, podremos saber si hay algún… problema espiritual antes de alquilarla.
Ella se toma un momento para reflexionar.
—Usted quiere que le mienta a su novio.
—No, no es mentirle, exactamente. Pero estoy convencida de que es importante que la casa esté despejada desde un punto de vista espiritual, y él no querrá saber nada de esto a menos que digamos que usted está interesada en alquilar la habitación.
Observo su rostro, preguntándome si se lo va a tragar. Más allá de lo que pueda decir sobre esta mujer, no cabe duda de que se toma muy en serio su profesión.
—Yo no apruebo el engaño —dice—, pero simpatizo con su deseo de neutralizar su casa espiritualmente. Iré. Y, cuando vaya, le daré mis recomendaciones.
—Me parece perfecto —digo—. Muchas gracias.
Yo tenía en la cabeza todo un guion para que esta mujer interpretara su papel, pero ahora pienso que cualquier cosa que se le ocurra por su cuenta será mucho mejor. Estoy deseando que llegue el momento.