La inquilina Capítulo 50
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Capítulo 50

A l día siguiente, vuelvo a reunirme con Elijah en el parque.

Sería más fácil hablar por teléfono, pero él siempre ha tenido una paranoia con los teléfonos. O eso dice, al menos. En parte, creo que solo tiene ganas de verme.

Una vez más, él ha llegado primero. A diferencia de ayer, se pone de pie al verme, sonriendo de oreja a oreja.

—Ey —dice.

—Ey —digo sin entusiasmo.

Él frunce el ceño.

—¿Va todo bien?

No le he contado a nadie lo que descubrí anoche. Pero me da la sensación de que, de toda la gente que conozco, Elijah es el único capaz de guardar un secreto.

—He descubierto que Blake me está engañando.

—Joder —exclama—. Menudo idiota.

—Sí —murmuro.

—¿Cómo estás tú?

No sé bien cómo responder a esa pregunta. Estoy tan herida y decepcionada que apenas puedo pensar con claridad.

Pero al menos me he asegurado de que voy a sacar algo de todo esto.

Cuando bajé anoche a la sala de estar, encontré el lápiz de memoria que Blake guarda en su maletín.

Le gusta tener una copia de todos sus documentos.

Siempre es muy responsable. Yo copié todos los archivos de sus clientes en mi propio lápiz de memoria.

Tengo la intención de venderle a la competencia todo lo que pueda.

No solo voy a sacarme así un montón de pasta, la suficiente para rehacer mi vida, sino que, cuando su jefe se entere, Blake no podrá volver a trabajar nunca más en el sector.

Quiero decir, tal vez no sea tan bueno como empujarlo desde la azotea, pero algo es algo.

—Me repondré —digo al fin—. Bueno…, ¿qué has averiguado sobre esa camarera?

—No ha sido fácil encontrar la información —responde Elijah con una expresión sombría—. Pero resulta que tenías razón. Está usando tu nombre y tu número de la Seguridad Social.

Aunque ya lo sospechaba, la noticia me llena de rabia, incluso más de la que sentí al descubrir que Blake me estaba engañando. Esa chica me ha robado la identidad. Me ha robado el nombre. No tenía derecho a hacerlo, pero lo hizo igualmente. La muy zorra.

—Su auténtico nombre es Amanda Lenhart —continúa Elijah—. Era estudiante de doctorado en Biología.

Renunció a una vida como bióloga y ahora está sirviendo mesas. Lo que la impulsó a apropiarse de mi nombre debía de ser muy grave.

—¿Sabes por qué necesitaba una nueva identidad? —pregunto.

Él niega con la cabeza. Resulta frustrante que no lo sepa, porque Elijah siempre parece saberlo todo.

—No hay cargos criminales contra Amanda Lenhart —dice—, así que deduzco que alguien la perseguía. Alguien que quizá le habría hecho daño si la encontraba.

En cierto modo, me trae sin cuidado que ella tuviera un buen motivo para actuar así. El hecho de que me haya robado la identidad me parece la peor violación que existe. ¿Es peor que lo que Blake ha hecho?

No lo sé. Los dos merecen ser castigados.

Jugueteo con el anillo de compromiso y me asalta una oleada de tristeza.

Pronto le devolveré para siempre a Blake este precioso anillo.

Y es entonces cuando se me ocurre una brillante idea.

Pensaba decirle hoy mismo que todo ha terminado, pero ahora creo que esperaré.

Creo que hay un modo de castigarlos a ambos y salir impune yo misma.

Además, una vez que Whitney/Amanda esté muerta, podré recuperar mi nombre.

—Elijah —digo—, necesito tu ayuda para otra cosa.

Él se echa hacia delante con entusiasmo.

—Lo que tú quieras.

Voy a darle una lección a Blake. Voy a darles una lección a los dos.