Capítulo 48
B lake está roncando.
No ronca de un modo insoportable. Es un sonido suave, a medio camino entre una respiración fuerte y un ronquido descarado. En ocasiones puede ser molesto, pero la mayoría de las veces resulta enternecedor. Sabes sin duda que un hombre te gusta cuando le tomas cariño a su modo de roncar.
Pero ahora lo importante es que, si ronca, seguro que está dormido.
Me levanto con sigilo y rodeo la cama, sin apartar la vista de su rostro para comprobar que no se despierta.
Al llegar a su mesita, cojo su teléfono, que está cargándose.
Blake lleva un tiempo diciendo que va a comprarse uno nuevo, pero no ha llegado a hacerlo porque ha estado trabajando sin parar.
Y ahora me alegro de ello, porque este móvil antiguo todavía tiene un sistema de reconocimiento por huella digital.
Con todo el cuidado posible, le cojo a Blake el pulgar y lo pongo en el sensor del teléfono. Enseguida nota alguna molestia. Suelta un gruñido y se da la vuelta, musitando algo en sueños. Contengo el aliento, temiendo que sus ojos vayan a abrirse de golpe.
Pero no se abren. Sigue dormido. Y, al cabo de un momento, empieza a roncar otra vez.
Ahora el teléfono de Blake está desbloqueado. Lo cual significa que tengo acceso a su correo, sus fotografías y sus mensajes de texto. Puedo mirar lo que quiera.
Algunas personas dirían que esto es una violación de su privacidad.
Pero si resulta que vamos a casarnos, si estamos empezando una nueva vida juntos, no debería haber secretos entre nosotros.
Lo que es mío es suyo y lo que es suyo es mío.
Y, puesto que este móvil es suyo, también es mío en realidad. Y tengo todo el derecho a examinarlo.
Me parece muy improbable que haya algún email o fotografía comprometedores, así que voy directa a los mensajes de texto.
Encuentro el previsible surtido de mensajes de sus compañeros de trabajo y una cantidad exagerada procedente de su jefe.
La mayor parte es tranquilizadora hasta el aburrimiento.
Solo hay un nombre que me llama la atención.
Stacie.
Stacie es la secretaria del jefe de Blake.
Tengo entendido que también actúa con frecuencia como asistente de toda la oficina.
La conocí en la fiesta navideña del año pasado, y estaba absolutamente despampanante con un vestido escotado que dejaba muy poco margen a la imaginación.
Y no es que no encaje en los gustos de Blake.
Al contrario.
Pero no, él no lo haría.
¿No?
Leo sus conversaciones. La mayor parte son inocuos asuntos profesionales, pero el último mensaje de Stacie es de la una y media de la madrugada, lo cual resulta una hora muy sospechosa para mandar un mensaje. Y lo que aún es peor es el contenido:
Me lo he pasado genial esta noche. Si algún
día cambias de idea y quieres repetir, ya sabes
dónde encontrarme.
Bueno, ahí está.
Por supuesto, no puedo contenerme y reviso el resto de sus mensajes, aunque lo lamento después de haberlo hecho.
Algunos son de trabajo, pero la mayor parte son puro coqueteo.
De acuerdo, ella coquetea más con Blake que a la inversa, pero él también es plenamente culpable. Reviso los últimos de esta noche.
¿Sigues aquí, Porter?
Agh, sí. Trabajando hasta tarde.
¿Tú qué haces aquí todavía?
Se me había olvidado el bolso.
Solo he venido a recogerlo y me largo.
Qué suerte la tuya.
Deberías tomarte un descanso.
¿Quieres compañía?
Claro.
Ese es el último mensaje que han intercambiado antes de que ella le haya escrito diciendo que se lo ha pasado genial y que deberían repetir.
Y luego él va y se presenta dando tumbos a la una de la madrugada con la camisa mal abotonada y oliendo a su perfume.
No hace falta ser ingeniero espacial para deducir lo que ha ocurrido.
El muy hijo de puta. Me dijo que me amaba . Me dijo que quería casarse conmigo. Me regaló un anillo. Fingía ser un buen tipo. Y, durante todo el tiempo, ha estado engañándome. Mintiéndome .
Vuelvo a dejar el teléfono de Blake en la mesita. Todavía duerme como un tronco, exhalando aire entre los labios. Tiene en la mandíbula esa sombra oscura que se le ve siempre hasta que se afeita por la mañana. Es sexy. Sé a la perfección lo que ella ha visto en él.
Me imagino lo que pasaría si bajara a la cocina, pusiera agua a hervir, la trajera aquí y se la arrojara a la cara. Eso cambiaría su vida para siempre. Las quemaduras que sufriría serían permanentes; le quedaría la cara cubierta de cicatrices toda la vida. Tal vez perdería la visión.
No volvería a engañarme, eso seguro.
Considero la idea. La considero muy en serio.
Pero al final decido no hacerlo. En primer lugar, las consecuencias de quemar a alguien a propósito podrían ser importantes.
Tal vez acabaría en la cárcel. Y, si me detuvieran, la policía sin duda averiguaría que soy Whitney Cross, y entonces sí que estaría metida en un buen lío.
Yo creía que Blake era el definitivo. Lo amaba.
¿Por qué ha tenido que comportarse como un cabronazo infiel, igual que todos los demás?