La inquilina Capítulo 45. Ocho meses antes
66%

Capítulo 45. Ocho meses antes

Ocho meses antes

B ecky y yo estamos almorzando en el restaurante Cosmo’s.

Becky es una buena persona para tenerla como amiga.

Siempre que conozco a una posible amiga, evalúo sus cualidades positivas y negativas.

Becky es increíblemente leal, el tipo de amiga que me ayudaría a enterrar un cadáver, si tal cosa fuese necesaria, aunque, de hecho, eso ya me ha sucedido en alguna ocasión.

Además, es mucho menos atractiva que yo, así que no constituye una tentación para mi pareja.

Por ello he cultivado su amistad desde que regresé para siempre de Portugal.

Incluso convencí a Blake para que le encontrara un empleo en la empresa al pringado de su marido.

—Bueno, ¿ya habéis fijado la fecha de la boda tú y Blake?

—me pregunta mientras moja una patata frita en la salsa ranchera que hay en su plato—.

Yo creo que el otoño es sin duda la mejor época para casarse.

Todo el mundo piensa que es mejor en verano, pero el principio del otoño es mucho más bonito.

—Blake ha estado muy ocupado en el trabajo —digo—. Apenas hemos tenido tiempo para celebrarlo.

—Ah, apuesto a que lo habéis celebrado. —Me hace un guiño—. Él apenas puede quitarte las manos de encima. Y es supersexy. Eres muy afortunada, Krista.

Ya sé que Becky piensa que Blake es muy sexy, a juzgar por su forma descarada de coquetear con él.

Pero está en lo cierto, me siento afortunada.

Blake, a fin de cuentas, lo tiene todo. Es inteligente y, además, ambicioso y exitoso.

Si formo una familia con él, se encargará de mantenernos, lo cual será agradable teniendo en cuenta que he estado malviviendo a duras penas con mi sueldo en la tintorería.

Blake es amable, pero no tanto como para que la gente lo pisotee.

Es leal; nunca lo sorprendo mirando a otras mujeres.

Y tiene un lado muy dulce, a pesar de que él nunca lo reconocería.

Abraza mejor que cualquier otra persona que haya conocido y, cuando me estrecha entre sus brazos, siento el amor que emana de su cuerpo.

Estoy deseando casarme y pasar el resto de mi vida con él.

La camarera se acerca a nuestra mesa. Es una chica muy guapa, con ese tipo de cara fresca y juvenil como la mía, y se me pasa por la cabeza que esta es la clase de chica de la que Blake podría haberse enamorado si no me tuviera a mí. Mala suerte para ella.

Y entonces leo su nombre en la placa que lleva prendida en la blusa: WHITNEY.

Mi antiguo nombre. A mí me encantaba mi nombre cuando era más joven y me revienta haber tenido que empezar de cero con uno nuevo.

Pero no podía arriesgarme: la familia de Jordan Gallo no se andaba con tonterías.

Aun así, siento una punzada de nostalgia cada vez que encuentro a alguien que se llama Whitney.

Siempre he pensado que algún día, cuando las cosas se hayan calmado, podré volver a ser Whitney Cross.

—¿Les traigo algo de postre? —nos pregunta esta nueva Whitney.

Becky me mira alzando una ceja, pero yo meneo la cabeza.

—Solo la cuenta, por favor.

—¡Ahora mismo! —dice Whitney.

Aplaudo su entusiasmo. He trabajado de camarera y sé que puede llegar a ser agotador. Ella atiende a un montón de clientes, pero mantiene en todo momento la sonrisa. Aunque me pregunto si conservará su buen talante ahora, porque el encargado se le acerca con una expresión agria.

—Señorita Cross —dice con un tono nada simpático—, ¿podemos hablar un momento, por favor?

¿Señorita Cross ?

¿Cómo?

La chica nos lanza una sonrisa de disculpa.

—Perdonen un momento. Enseguida vuelvo con la cuenta.

Se aleja corriendo. Becky está diciéndome algo, pero yo no puedo oírla siquiera. Porque el encargado acaba de llamar «señorita Cross» a la camarera. ¡Se llama Whitney Cross!

Ese es mi nombre.

Y no es un nombre corriente. Por lo que yo sabía, no había nadie más que se llamara así.

Y, sin embargo, ahora resulta que hay otra Whitney Cross.

Y no solo eso, sino que es más o menos de mi edad.

De mi estatura y complexión. Incluso se me parece, si no la miras muy de cerca, y tiene el pelo del mismo color que el mío antes de que empezara a teñírmelo.

Qué… interesante.

—¿Krista? —me dice Becky. Bueno, ese no es mi nombre; es solo el que adopté cuando ya no pude seguir siendo Whitney—. ¿Estás bien? Pareces completamente ida.

—¿Eh? —Me obligo a concentrarme de nuevo en la cara redondeada de Becky—. Perdona, tengo un montón de cosas en la cabeza.

—Y muchas más vas a tener cuando empieces a planear tu boda con Blake —me dice con tono burlón.

Pero yo ya no puedo seguir esta conversación. Debo averiguar quién es esta chica. Tengo que saber si me ha robado el nombre.

Y para eso necesito a Elijah.