Capítulo 44
L a cabeza no para de darme vueltas.
Durante un segundo, tengo visión en túnel y debo sujetarme en la repisa para no caerme. La señora Cross parece un poco alarmada. Quizá se arrepiente de haberme invitado a entrar.
—¿Señor Porter? —dice, inquieta.
—Yo… —Respiro hondo varias veces, haciendo un esfuerzo para no desmayarme—. Es que…
¿Cómo es posible que esa persona terrible que me ha estado describiendo sea mi Krista? Es absurdo. No tiene sentido.
Aunque…
En cierto modo, tiene todo el sentido del mundo.
Oh, no.
Me viene un pensamiento terrible. Tengo que salir de aquí. La situación acaba de pasar de mala a peor.
—Gracias por atenderme, señora Cross —digo—. Pero tengo que…
Ella parece entenderlo. Me acompaña a la puerta y yo salgo de allí lo más rápido que puedo, jadeando para respirar aire fresco. Pero lo que necesito es volver a sentarme. Bueno, necesito sentarme y hacer una llamada. De inmediato.
Vuelvo a toda prisa al coche. Una vez dentro, busco en los contactos de mi teléfono. No es fácil, teniendo en cuenta la manera en que me tiemblan las manos. Cuando por fin encuentro el nombre de Stacie Parker, la secretaria de mi antiguo jefe, lo selecciono para llamarla.
«Por favor, responde. Por favor».
Tras varios tonos, salta el buzón de voz. No contesta. Pero quizá no pasa nada. La gente a veces no responde al teléfono.
La cabeza me da vueltas de tal modo que a duras penas puedo pensar con claridad.
Tengo que concentrarme en controlar mis manos mientras abro la aplicación de Facebook en el teléfono.
Encuentro su perfil enseguida, con esa cara preciosa y sonriente.
Lo selecciono y, al instante, veo que el último post no lo ha escrito ella.
Está firmado por otra chica que me consta que es su compañera de piso.
Todavía estamos tratando de localizar a Stacie. Si alguien tiene alguna información o ha recibido noticias suyas, ¡que nos avise enseguida, por favor! ¡Todavía conservamos la esperanza de que vuelva a casa sana y salva!
Pero no, Stacie no va a volver a casa sana y salva. Y, cuando la encuentren, le faltarán tres dedos con las uñas pintadas de rosa.
Mierda. Mierda, mierda, mierda.
Fue una vez. Una sola vez. Yo no pretendía nada. Estaba trabajando muchísimas horas, tratando de conseguir el ascenso, y ella andaba por allí y simplemente… cometí un desliz.
Fue una estupidez. Lo supe en ese momento y también justo después. Le dije a Stacie que no iba a suceder nunca más. Me sentía afortunado por el hecho de que Krista no lo hubiera descubierto.
Excepto que resulta que sí lo sabía. Lo ha sabido todo el tiempo. Yo creía que las cosas entre nosotros marchaban a la perfección. Íbamos a casarnos, por el amor de Dios.
Me meto el teléfono en el bolsillo de la chaqueta e intento decidir qué demonios hacer ahora. Mientras tengo la mano en el bolsillo, noto que hay dentro un papel en el que no había reparado antes. Lo saco y descubro que es una hoja de un cuaderno de notas doblada varias veces.
¿Qué es esto?
Desdoblo la hoja y veo que es una carta manuscrita con tinta negra. La letra, de hecho, se parece mucho a la mía. Yo noto la diferencia, pero es probable que un observador superficial no fuera capaz de apreciarla.
Lamento muchísimo lo que he hecho. No he podido asimilar la pérdida de mi trabajo y todo, en conjunto, ha resultado demasiado para mí. Después de todas las vidas que he segado, ya no puedo seguir. He decidido que es mejor terminar de una vez.
Blake
¿Es una nota de suicidio?
¿Me la ha deslizado Krista en el bolsillo? A juzgar por lo que le hizo a su novio de secundaria, parece que este es su modus operandi . Solo que yo no estoy muerto. ¿Por qué hay entonces una nota de suicidio en mi chaqueta? No tiene sentido. ¿De qué serviría una nota de suicidio si aún estoy vivo?
Cuando vuelva a Nueva York, ¿estará Krista esperándome en la azotea de la casa, dispuesta a empujarme?
¿O me esperará en la cocina con un cuchillo carnicero?
Sea cual sea su plan, ahora sé cuáles son sus intenciones.
No voy a dejar que me mate y luego simule que ha sido un suicidio. Ha perdido su oportunidad.
Solo que…
Vuelvo la cabeza hacia el asiento del copiloto. Ahí está la bolsa hermética, en la que aún queda una galleta.
Las galletas .
Krista sabía que iba a ir a verla. Sabía que me dirigía hacia allí, y lo primero que ha hecho ha sido ponerse a preparar galletas. Sabía que me las comería; son mis preferidas.
Mierda.
Abro de golpe la puerta del Corolla. Salgo deprisa del coche y me voy directo hacia unos arbustos que hay en el extremo de la residencia de los Cross.
Me meto el dedo índice en la garganta hasta que mis ojos empiezan a lagrimear.
Pero no retiro el dedo. No lo voy a retirar hasta que haya vomitado todo lo que tengo en el estómago.