Capítulo 35
A la mañana siguiente, tengo una resaca terrible.
Me duele la cabeza como cuando bebía en exceso a los veintipocos. Hace años que no había tenido una resaca como esta y yo entonces solía beber mucho más. Desde que estoy con Krista, no he sentido el deseo de salir de borrachera con amigos.
Espero que Krista vuelva pronto.
Estoy tumbado en la cama cuando suena el timbre.
Cojo la almohada que tengo al lado y me la pongo sobre la cara con la esperanza de que quien haya llamado se vaya o de que Whitney se encargue de abrir.
Cuando el timbre suena por segunda vez, comprendo que no va a pasar nada de eso.
Además, tengo que ir a trabajar. Y a estas alturas no es que sea precisamente el empleado preferido de Kenny.
Al fin, me levanto a duras penas de la cama, lo cual no hace más que empeorar mi dolor de cabeza.
Me da la sensación de que tengo la boca cerrada con pegamento.
No sé cómo voy a arreglármelas para llegar al trabajo.
Podría llamar diciendo que estoy enfermo, pero detesto hacerlo.
Siempre me he sentido orgulloso de mi ética profesional.
Al salir de la habitación, oigo voces abajo. Suena como si, después de todo, Whitney sí que hubiera abierto la puerta y, al parecer, es alguien que ella conoce. Ahora que me he librado de bajar a abrir, me meto en el baño y meo como cinco minutos seguidos.
Esta vez, me pongo unos pantalones de chándal antes de bajar.
Si Whitney está acompañada, prefiero no andar con ropa interior.
Aunque es raro, porque ella nunca tiene visitas.
Ha salido algunas veces, pero nunca ha invitado a nadie aquí.
Ni una sola vez. No creo que tenga un solo amigo, al menos que yo sepa.
¿Eso no es un rasgo característico de una sociópata?
Cuando llego a la mitad de la escalera, veo que Whitney está hablando en voz baja con alguien en la sala de estar. Y que le toca el brazo. Tardo un instante en darme cuenta de quién es, y tengo que parpadear varias veces, porque no sé si estoy viendo bien.
Es Malcolm.
Va vestido con traje y corbata, es de suponer que de camino a otra ajetreada jornada en Coble & Roy, donde ocupa el puesto que debería haber sido mío.
Me apresuro a bajar el resto de los escalones sin hacer caso del dolor de cabeza.
¿Por qué está aquí Malcolm? ¿Ha venido a hablar conmigo de Krista?
¿O es algo relacionado con Coble & Roy? ¿Y por qué está charlando con Whitney como si fueran viejos amigos?
Antes de que ellos me vean, me demoro en los últimos escalones y aguzo el oído para captar de qué hablan. Pero no lo consigo. Doy un paso más, conteniendo el aliento, y trato de acercarme con el máximo sigilo.
—¡Blake! —exclama Malcolm—. ¡Ey, ey, ey!
Me ha pillado.
—Ey. —Acabo de bajar la escalera, sin ser capaz de esbozar siquiera una sonrisa falsa—. ¿Qué ocurre?
Malcolm y Whitney intercambian una mirada, cosa que encuentro muy extraña. Ella se mete las manos en los bolsillos de la chaqueta, le lanza una sonrisa a Malcolm y se dirige hacia la puerta.
—Será mejor que me vaya a trabajar —dice—. Así podrás hablar con Blake.
¿A qué viene esto?
—¿Cómo es que conoces a Whitney? —pregunto del modo más informal posible.
Malcolm vacila una fracción de segundo.
—Trabaja en ese restaurante, el Cosmo’s. Me encanta ese sitio.
Supongo que tiene sentido. Aunque ¿de qué han estado hablando todo este tiempo? Eso no puedo preguntarlo, por supuesto.
—Bueno, ¿y a qué viene esta visita?
—Escucha, Blake. —Se mete las manos en los bolsillos de la gabardina que lleva encima del traje—. Quiero disculparme por mi forma de actuar cuando nos vimos en el Cooper’s. Sé que has tenido un montón de problemas últimamente y me porté como un idiota.
—Está bien… —La disculpa parece sincera, pero el momento resulta un tanto extraño—. ¿Para eso has venido? ¿Para disculparte?
Malcolm está hurgando en el bolsillo de la gabardina. Al principio, creo que está tratando de encontrar algo que decir, pero luego me doy cuenta de que está buscando alguna cosa. Tras unos segundos, saca un estuche de joyería de terciopelo azul. Se me cae el alma a los pies.
—No —murmuro—. No.
—Lo siento mucho, Blake —dice él.
—No. —Doy un paso atrás, como si el estuche de terciopelo fuese venenoso—. No voy a aceptar que me lo des tú. No es así como ella va a romper nuestro compromiso.
—No lo está rompiendo. —Intenta ponerme la mano en el hombro y yo me aparto—. Ha dicho solo que necesita espacio y que quiere que tú recuperes esto. Ha dicho… Piensa que el dinero que saques de venderlo podría ayudarte a salir adelante.
Me revienta que Krista tenga razón. El dinero que obtendría por este anillo podría sacarme de apuros durante un mes o dos. Pero ¿luego qué? Igualmente acabaré perdiéndolo todo.
—Blake… —La cara de Malcolm está llena de compasión—. Ella aún siente algo por ti. Solo tienes que darle un poco de tiempo.
Trago saliva con dificultad.
—Tienes que irte, Malcolm.
—Blake…
—Vete. Ahora mismo.
Solo he llorado una vez en los últimos años, y eso fue cuando murió mi madre. Pero en este momento estoy muy cerca de hacerlo. Y no quiero echarme a llorar delante de este tipo.
Él deposita con delicadeza el estuche de terciopelo sobre la mesita de café. Luego me lanza una última mirada y se escabulle hacia la puerta.
En cuanto oigo que se cierra con un clic, me derrumbo en el sofá y me tapo la cara con las manos. No. No . Esto no puede acabar así. Tengo que verla. Tengo que hablar con ella.
Saco el teléfono del bolsillo. Antes de pensármelo demasiado, tecleo un mensaje:
Necesito verte, Krista.
Aparecen esas burbujas en la pantalla y yo contengo el aliento, confiando en que vaya a responderme. Espero que me diga que puedo ir a verla.
No creo que sea buena idea.
Chorradas. Si cree que puede romper conmigo a través de Malcolm, está muy equivocada. Miro mi reloj. Faltan todavía tres horas para que abra la tintorería. Casi seguro que aún está en casa. Me tiemblan las manos mientras tecleo el siguiente mensaje:
Voy ahora mismo a casa de Becky.
Tengo que verte.
Me quedo mirando la pantalla mientras pienso que ella me va a amenazar con llamar a la policía y denunciarme. No sé qué haré si me dice tal cosa. No quiero que me detengan, sobre todo en este momento, cuando ya me preocupa que el detective con el que hablé ayer sospeche de mí. Así que añado:
Por favor.
Agarro con fuerza el móvil esperando su respuesta, que llega unos segundos después:
Vale. Ven dentro de una hora.
Tengo el tiempo justo para ducharme.