Capítulo 23
C omo no se me ha ocurrido ningún pretexto para saltarme el compromiso, esta noche voy a tomarme unas copas con Malcolm en el Cooper’s.
Han pasado bastantes días desde que desparramé la fruta podrida y llena de gusanos sobre la cama de Whitney.
Me avergüenza reconocer que esa noche, cuando me fui a dormir, me aseguré de que el cerrojo de la puerta de nuestro cuarto quedaba echado.
Parecía factible que Whitney se colara dentro a hurtadillas y me rebanara el pescuezo mientras dormía.
O que arrojara los gusanos sobre nuestra cama, cosa que habría sido casi igual de desastrosa.
Pero, por extraño que parezca, Whitney no hizo ningún intento de asesinarme en mitad de la noche.
De hecho, no mencionó el episodio en absoluto.
Cuando me crucé con ella en el pasillo, de camino al baño, fue como si nada hubiera sucedido, cosa que me pareció de lo más extraño e increíble.
Estoy en ascuas, de todos modos. No sé si estará planeando algo.
Llego al Cooper’s con diez minutos de retraso.
Es un tugurio pequeño y oscuro, con sillas y mesas de madera maciza que casi siempre están pegajosas, incluso después de limpiarlas.
Aunque ya no está permitido fumar en los bares de la ciudad, el local huele como un cenicero.
Supongo que debe de ser por los clientes y empleados que se escabullen afuera para fumar un pitillo y vuelven a entrar solo unos segundos después de apagarlo.
El suelo está manchado de ceniza. Gwen, mi última novia antes de Krista, era fumadora, y este olor me recuerda a ella de un modo turbador.
Aquella relación solo duró unos meses y no acabó bien.
Malcolm no está en el bar cuando llego y casi estoy a punto de largarme.
Fue él quien me forzó a quedar… ¿y ahora llega más tarde que yo?
Pero Krista está tan entusiasmada ante la perspectiva de que el marido de Becky y yo nos hagamos amigos que se enfadará si no vuelvo a casa con un informe de lo bien que ha ido la velada.
Dadas las peleas que hemos tenido en los últimos tiempos, debo andarme con mucho cuidado para no cagarla.
Encuentro una mesa para dos y me siento yo solo.
Hay dos chicas de veintitantos sentadas en la barra, disfrutando al parecer de una salida de amigas, aunque las faldas que llevan son muy muy cortas.
Procuro no hacer caso, pero una de ellas capta mi mirada y me lanza una sonrisa sugerente.
Me apresuro a mirar para otro lado. ¿Dónde demonios está Malcolm?
Le doy cinco minutos más; si no, me largo.
Cuatro minutos después, Malcolm entra apresurado en el Cooper’s.
Un traje con corbata le cubre ese gran corpachón, lo que hace que casi me arrepienta de no haberme quedado con mi ropa de trabajo, en lugar de vestirme de modo más informal con unos vaqueros y una camiseta de la Universidad de Nueva York.
Tiene ese aspecto de estar a la vez exhausto y acelerado que me resulta tan familiar.
Así es como me sentía tras una larga jornada en Coble era casi inhumano.
Pero he conocido a otros tipos que consumían coca y no capté esa onda en él.
Tenía esposa y un hijo, y parecía bastante puritano.
Supongo que nunca puedes saber a dónde te llevará la presión del trabajo.
—Entonces ¿quién acabó quedándose el puesto? —pregunto.
—De hecho —responde Malcolm—, fui yo.
—¿Cómo?
Lo digo levantando tanto la voz que, dos mesas más allá, un tipo que lleva una gorra con un pingüino se vuelve y me mira boquiabierto.
La reaparición en ese momento de la camarera, que nos deja las bebidas delante, salva la situación.
Estoy demasiado aturdido para darle las gracias siquiera.
¿ Malcolm es el nuevo vicepresidente de marketing en Coble se lo comerán vivo en cinco segundos y Wayne se arrepentirá de haberme despedido.
—Ey, espera. Perdona. No pretendía decirlo en ese sentido.
—Sí, claro que sí. —Me saco la cartera del bolsillo y arrojo sobre la mesa un par de billetes para pagar mi bebida—. Ya hemos terminado.
Él se pone en pie con dificultad y se planta frente a mí.
—Pero Becky y Krista querían que saliéramos a tomar una copa —protesta, confirmando mis sospechas.
—Ya lo hemos hecho —digo—. Voy a darme un paseo antes de volver a casa. Tú puedes contarle a Becky lo genial que ha ido. Que ahora somos grandes amigos. —Me encojo de hombros—. Dile lo que mejor te parezca, pero yo no me quedo aquí ni un segundo más.
Lo aparto de un empujón y no me detengo hasta que he salido del bar.
Tras su desganado intento de pararme, Malcolm ha decidido al parecer quedarse a terminar su copa.
Todavía no me entra en la cabeza lo que me ha dicho.
¿Cómo es posible que Malcolm haya conseguido mi antiguo puesto?
No está cualificado en absoluto. Debe de haberle lavado el cerebro a Wayne.
Justo antes de alejarme, atisbo por la ventana medio empañada del bar para comprobar que Malcolm no ha decidido seguirme.
O peor, que no está contándole mi salida airada a Becky, quien a su vez se chivará a Krista.
Pero ni me está siguiendo ni está hablando con Becky por teléfono.
Ha decidido acercarse a esas dos chicas que me han sonreído al entrar.
Bueno, espero que el muy gilipollas se lo pase bien.