Capítulo 9
K rista suele salir a cenar con su mejor amiga, Becky, una vez a la semana, pero, como está cansada de mi aislamiento autoimpuesto, esta noche me ha arrastrado con ella a casa de Becky, donde celebraremos una cena de parejas con ella y su marido, Malcolm.
A mí no me hacen mucha ilusión este tipo de quedadas conyugales. Y tampoco ayuda el hecho de que Malcolm trabaje en Coble de repente el vino no me está sentando bien.
—Eh…, no sé si esa historia es interesante…
Krista mira a sus amigos con los ojos muy abiertos.
—No podríais creerlo. Esa mujer era una especie de vidente o algo parecido. Y, en cuanto me dio la mano, tuvo una visión.
—¡Guau! —Becky junta las manos—. ¡Me encantan estas cosas!
Por supuesto que le encantan.
—¿Cuál fue la visión? —pregunta Malcolm.
Krista da un sorbo a su copa, que está casi vacía.
—¡Dijo que Blake iba a matarme a puñaladas en la sala de estar!
Becky y Malcolm adoptan una expresión igualmente consternada. Por el amor de Dios. No es que haya sucedido de verdad. Fue solo una chiflada soltando disparates.
—Esa mujer no estaba en sus cabales. —Me rasco el antebrazo, que de repente me pica mucho más que antes—. O sea, llevaba un sombrero de papel de aluminio.
—¿De verdad? —Krista frunce el ceño—. Eso no lo recuerdo. A mí me pareció que iba muy bien vestida.
Becky cruza las piernas y se echa hacia delante.
—¿Ella vio que sucedía eso en vuestra sala de estar?
—Eso creo —dice Krista—. Señaló el suelo al decirlo.
Becky se lleva la mano a la boca y me mira con expresión horrorizada, como si yo estuviera en este mismo instante sobre su amiga con un cuchillo ensangrentado.
—Esa mujer no era una vidente de verdad. —Aprieto los dientes—. Deberíais haberla visto. Llevaba como tres túnicas y no paraba de esparcir sal por todas partes.
—La sal es importante para mantener a raya a los malos espíritus —dice Becky con aire de enterada.
¿Me toma el pelo?
—¿Por qué eres tan escéptico? —Becky me mira con esos ojos de color castaño oscuro—. ¿Acaso eres escorpio?
—Así es —dice Krista, asintiendo.
Yo las fulmino con la mirada, dispuesto a apuñalarlas a ambas. (Bueno, no tanto).
—Mirad, me tiene sin cuidado lo que nos dijera una mujer cualquiera. Yo no voy a matar a Krista, ¿vale? ¿Acaso os parezco un trastornado?
Y entonces me termino mi segunda copa de vino.
—Sin ánimo de ofenderte, Blake —dice Becky con delicadeza—. Nadie piensa que seas un asesino. Pero algunas personas desprenden esa vibración, como si fueran a hacer algo…, ya me entiendes, impredecible .
No me gusta el giro que está tomando esta conversación.
—Y debes reconocer —añade Malcolm— que en los últimos dos meses te has venido un poco abajo. Krista dice que lo único que haces es limpiar la casa e ir al gimnasio obsesivamente. Todos hemos estado preocupados por ti, colega.
No sé de qué están hablando. Sí, la cosa no ha sido fantástica desde que me despidieron. Pero hay una enorme diferencia entre ir al gimnasio un poco más de la cuenta y perpetrar una matanza en la sala de estar.
—Me encuentro bien —digo, con la sensación de haberlo repetido ya un millón de veces—. Y empiezo en otro trabajo el lunes, así que todo volverá a la normalidad y Krista no acabará asesinada.
Ella hace ademán de cogerme la mano. Por un momento, no me apetece dársela.
O sea, ¿a qué demonios ha venido todo esto?
¿Por qué le ha contado a todo el mundo lo de esa lunática?
Ahora todos piensan que tengo un tornillo suelto.
Pero entonces Krista desliza los dedos entre los míos y, la verdad, me resulta difícil seguir enfadado con ella.
—Nos estábamos burlando de ti, Blake —dice—. Ya sé que no vas a matarme. —Me hace un guiño—. Al menos, hasta que empecemos a planear la boda…
—¡Aaah! —Becky se yergue, animada—. ¿Ya habéis decidido la fecha?
No creo que me haya sentido nunca tan aliviado por el hecho de que la conversación haya pasado a la fecha aún indefinida de nuestros próximos esponsales.
Me repantingo en el sofá y me rasco el brazo distraídamente mientras doy sorbos a mi tercera copa de vino; entretanto, ellas dos analizan cuál es el mejor mes para casarse.
(¿Mayo, al parecer?). Pero no dejo de observar que Becky evita mi mirada a propósito y que, cuando se dirige a mí, lo hace con un tono educado que me resulta exasperante.
¿Qué demonios pasa aquí? ¿De verdad cree que soy capaz de matar a mi prometida?
Es absurdo. Yo amo a Krista. Jamás le haría daño.
Jamás.