Capítulo 17. El papel #2
Elena volvió a mirar el borde superior de la carta.
La pequeña esquina cortada y el desgarro irregular le habían llamado la atención el domingo.
En el bloc, los restos de papel junto a la perforación impedían saber de un vistazo si faltaba alguna página y cuál.
Hacer palanca, retirar las tiras o desgarrar otra hoja podía borrar una posible correspondencia de los bordes.
Cerró el bloc sin arrancar nada.
***
Gabriel llamó cuando Elena estaba guardando la regla.
—He visto tu coche al llegar a la calle —dijo—. ¿Sigues dentro?
—Sí. Estoy en la cocina. Iba a marcharme.
—Subo en un minuto.
Elena dejó la carta dentro de la funda y el bloc sobre el paño. No lo escondió. Había ido a comprobar una semejanza y no tenía intención de fingir que solo buscaba un jersey.
Gabriel entró con una carpeta de cartón bajo el brazo. Parecía haber pasado por más de una oficina: tenía el pelo revuelto y una mancha de lluvia seca en el hombro de la chaqueta.
—Hola —dijo desde la puerta.
—Hola.
Se acercó para darle un beso, pero se detuvo a tiempo y dejó las llaves sobre la encimera. Elena agradeció que no intentara averiguar en aquel gesto si la separación estaba terminando.
—¿Has encontrado lo que buscabas?
—La ropa, sí. Y he comparado el papel de la carta con este bloc.
Gabriel miró el cuadernillo azul.
—El de las incidencias.
—Es el mismo tipo de papel. La doble línea del margen coincide y la distribución de la cuadrícula también.
Él se sentó frente a ella y esperó a que le mostrara las fotografías.
—¿Eso significa que salió de aquí? —preguntó.
—No necesariamente. Puede haber otros iguales. Ni siquiera sé cuánto tiempo llevaba Bárbara usando este tipo de cuadernos.
Gabriel volvió a observar la imagen de la carta.
—Pero esta estaba detrás del cuadro antes de que la encontraras.
—Sí.
—Y el bloc está aquí desde que nos mudamos.
Elena lo miró. Era precisamente el salto que estaba intentando no dar.
—Que el bloc esté aquí desde el día dos no significa que la carta saliera de él —dijo—. Y, aunque saliera, todavía tendríamos que saber cuándo arrancaron la hoja.
Gabriel dejó el teléfono sobre la mesa.
—Entiendo.
Guardó silencio un momento. Luego señaló la carpeta de cartón que traía.
—En Umbral me han dado la liquidación de la casa, pero no el expediente del Alfar. Dicen que la parte técnica está archivada y que necesitan autorización para copiarla. He pedido la respuesta por escrito.
—¿Y las facturas de septiembre?
—Aparecen en la liquidación. Quiero revisarlas antes de firmar la conformidad.
No abrió la carpeta. Elena tampoco se la pidió. La cuestión de las facturas seguía pendiente, pero aquel día había regresado por otra razón.
—Voy a enseñarle estas fotografías a quien lleva lo de los mensajes —dijo—. No voy a tocar el bloc hasta saber si quieren verlo.
—Déjalo aquí. No lo moveré.
Elena asintió y guardó la funda de la carta. En el silencio que siguió escuchó el ruido del frigorífico al ponerse en marcha. Era el sonido de todas las tardes que habían pasado juntos en aquella cocina y, sin embargo, ahora le pareció ajeno.
—¿Cómo estás en casa de Marta? —preguntó Gabriel.
—Bien. Me está ayudando mucho.
—Me alegro.
Él se levantó para apartar las tazas que habían quedado del desayuno. Elena vio que llevaba todavía el anillo de casado. Ella también. No tenía ganas de hablar de lo que significaba y, por una vez, Gabriel no se lo preguntó.
—Te avisaré si me responden sobre el informe —dijo él.
—Gracias.
Antes de salir, Elena hizo una última fotografía del bloc cerrado en el mismo lugar donde lo había encontrado. Se llevó la ropa y la carta; el cuadernillo quedó en el cajón, sin hojas retiradas.
***
En casa de Marta, aquella noche, Elena colocó las fotografías en el ordenador una junto a otra.
La pantalla grande le permitió ver mejor las dos líneas del margen y el corte de la última fila de cuadrados.
La semejanza no desaparecía al ampliar las imágenes.
Seguía siendo una coincidencia de fabricación, no una identificación individual.
Marta se asomó al dormitorio con una taza de infusión.
—¿Has descubierto algo?
—El papel es del mismo tipo. Mucho más parecido de lo que pensé el domingo.
—¿Y eso es bueno o malo?
—Es una pregunta nueva.
Marta dejó la taza junto a la lámpara.
—Pensaba que ya tenías bastantes.
—Yo también.
Elena abrió la fotografía que había hecho el día de la mudanza. Los teléfonos de mantenimiento estaban en las mismas posiciones y con las mismas anotaciones que acababa de ver en la primera hoja. Al menos no se había equivocado de bloc: era el que Bárbara les había entregado el día dos.
Después volvió a la carta. Bajo la luz lateral, los pliegues proyectaban pequeñas sombras sobre el papel.
Cerca del borde superior había un hundimiento tenue, ajeno a las letras visibles.
Podía ser la huella de algo escrito sobre la hoja, o simplemente una marca de haberla tenido doblada detrás del cartón.
Con las fotografías disponibles no conseguía distinguirlo.
No iba a reconstruir unas palabras a partir de una sombra.
Anotó en la libreta: «Carta y bloc de incidencias: mismo formato, doble margen azul y corte de la pauta. Posible origen común. Pendiente comprobar bordes y marcas de presión. No fechar ni atribuir sin más datos».
Envió a la Guardia Civil un aviso por el cauce que le habían indicado para comunicar hallazgos complementarios, explicando que conservaba el papel original y que había localizado un bloc de pauta aparentemente idéntica.
No adjuntó interpretaciones sobre quién pudo escribir la carta.
Podría aportar las fotografías y los objetos si se los solicitaban.
Cuando terminó, cerró el ordenador.
Había encontrado el bloc tal como recordaba que se lo entregaron en octubre. La carta, en cambio, parecía hablar desde el verano de 2025, desde un tiempo en que Inés seguía viva y Elena ni siquiera conocía aquella casa. Entre esos dos momentos había más de un año.
Un mismo modelo de papel no bastaba para unirlos. Pero tampoco era una semejanza que pudiera despachar como si solo coincidiera el color.
Elena guardó la funda de la carta en la carpeta y dejó la libreta abierta junto a la lámpara.
Al día siguiente intentaría averiguar si las marcas que había visto pertenecían al papel antes de que alguien escribiera la carta. De momento, por primera vez desde que apareció detrás del cuadro, había dejado de preguntarse qué quiso decir Inés con aquellas frases.
Empezaba a preguntarse si Inés había llegado a escribirlas alguna vez.