Capítulo 13. El edificio de la caída #2
—Podría. O no. No tengo manera de fecharla.
—¿La has llevado a la Guardia Civil?
—Esta mañana. No me han dicho quién pudo escribirla. Solo la he aportado.
Lidia dio vueltas a la cucharilla sin tocar el té.
—Inés me contó que en la empresa se ocupaban de cosas que no correspondían a su puesto. A veces enviaba avisos a proveedores, otras hacía de intermediaria con propietarios. Podía tener las llaves de una casa por la mañana y estar cuadrando facturas por la tarde.
—Eso explicaría que estuviera aquí —dijo Elena, señalando la fotografía de la fachada.
—Si Umbral llevaba esta obra. No sabemos que la llevara.
Elena tomó el teléfono. Había buscado el nombre de Inés y la dirección de su nueva casa, pero nunca había cruzado el domicilio del accidente con el de la empresa. Escribió «calle del Alfar 18» y «Umbral Gestión» entre comillas.
Aparecieron varios resultados sin interés: una ficha de direcciones, un anuncio antiguo de alquiler y una página de servicios.
El cuarto resultado pertenecía a la propia web de Umbral.
No se encontraba en la sección de noticias donde Elena había buscado los nombres de los empleados, sino en un apartado de trabajos realizados.
El título era genérico: «Rehabilitación y coordinación de inmuebles. Actuaciones de 2025».
Abrió la página. Había fotografías de tres edificios distintos y una ficha breve debajo de cada uno. En la segunda reconoció las ventanas de los extremos y la posición de los balcones. La fachada aparecía sin terminar, rodeada de andamios.
Debajo se leía: «Calle del Alfar, 18. Vega Alta. Coordinación de accesos, documentación de proveedores y seguimiento administrativo de la rehabilitación. Umbral Gestión. Mayo-septiembre de 2025».
Elena dejó el teléfono en el centro de la mesa para que Lidia pudiera leerlo.
—Es el edificio —dijo.
Lidia se inclinó hacia la pantalla y comparó la imagen con la noticia impresa.
—Las ventanas son iguales.
—Y la dirección también. No depende de que se parezcan las fotos.
Elena guardó una copia de la página completa, con su dirección electrónica y la fecha de consulta. Después hizo una captura de la ficha y otra de la fotografía. Había encontrado por fin una relación documental entre el lugar donde murió Inés y la empresa para la que trabajaba.
—Dice coordinación y seguimiento administrativo —señaló Lidia—. No que Bárbara estuviera allí aquel día.
—Ni que Gabriel interviniera en esta obra —añadió Elena.
Ambas miraron otra vez el resultado. Umbral Gestión había coordinado accesos y documentación en el edificio durante el periodo en que murió Inés.
Eso explicaba una razón profesional para que la empleada estuviera allí; no demostraba si había acudido por trabajo, si alguien la citó o si su muerte tenía relación con las irregularidades que había mencionado a Lidia.
Era una pista importante, precisamente porque tenía límites claros.
—Mi hermana decía que había cifras que no cuadraban —murmuró Lidia—. Y ahora resulta que la obra donde murió era una de las que gestionaba su empresa.
—Puede ser que viniera a entregar un documento como otras veces.
—Lo sé.
Lidia cogió por fin la taza. Tenía los dedos fríos.
—No quiero convencerme de algo solo porque necesito que haya una explicación. Eso ya lo hice al principio. Cada persona que me contaba un detalle se convertía en alguien que sabía más de lo que decía.
—Pero tampoco tenemos por qué ignorar una coincidencia comprobada.
—No —admitió Lidia—. Eso tampoco.
Elena abrió la carpeta que llevaba en el bolso y añadió una línea a sus notas: «Alfar 18. Umbral Gestión coordinó accesos y documentación de la rehabilitación, mayo-septiembre 2025. Publicación de la empresa. Sin datos sobre quién estaba el 27/08».
Al acabar, vio que Lidia la observaba.
—¿Siempre apuntas todo así?
—En mi trabajo, si no separo lo que veo de lo que creo, termino reparando lo que no debía tocar.
Lidia sonrió por primera vez desde que habían salido de la plaza.
—A Inés le habría gustado eso. Hacía listas de todo. Hasta de las películas que quería ver, aunque luego nunca las elegía por orden.
Elena le devolvió la sonrisa. Fuera había dejado de llover.
***
Regresaron a la plaza a primera hora de la tarde. Lidia se quedó junto al coche antes de despedirse.
—Voy a revisar los mensajes que tengo de aquella semana —dijo—. No te prometo encontrar nada. Ya los he leído muchas veces.
—No necesito que encuentres algo para que haya servido venir.
—Lo sé. Pero ahora tengo una dirección concreta que buscar. Antes todas las obras me sonaban iguales.
Elena le pidió que no se obligara a hacerlo ese mismo día. Lidia dijo que lo tendría en cuenta, aunque las dos sabían que seguramente abriría el teléfono en cuanto llegara a casa.
De regreso, Elena encontró a Gabriel en el despacho, terminando el presupuesto que había dejado a medias. Él levantó la vista al verla entrar.
—¿Qué tal ha ido?
—He visto el edificio. Está rehabilitado y vive gente dentro. No hemos entrado.
—Ya imaginaba que habría cambiado mucho.
Elena apoyó las llaves en la mesa.
—He encontrado una ficha antigua de Umbral. Coordinaban los accesos y la documentación de esa obra cuando murió Inés.
Gabriel dejó el bolígrafo.
—¿Umbral llevaba ese edificio?
—Eso dice su propia página. He guardado la ficha, por si hace falta aportarla.
Él giró la silla hacia ella.
—Bárbara gestionaba muchas obras. No significa que tenga nada que ver con lo que le pasó a Inés.
—No he dicho que lo signifique.
Gabriel bajó la mirada hacia el presupuesto. Había una columna de cifras sin terminar y una calculadora encendida.
—Es que cada cosa que encontráis parece acabar siendo una sospecha nueva.
Elena se apoyó en el marco de la puerta.
—Hoy he ido a mirar una fachada. He encontrado una relación entre la empresa y el edificio. Eso es todo. Si tú sabes algo más de esa obra, este sería un buen momento para decírmelo.
Gabriel dejó el bolígrafo junto a la calculadora.
—No recuerdo haber trabajado allí —respondió—. Puedo mirar mis archivos.
—Hazlo, por favor.
Elena se marchó a la cocina. No le gustó que su marido hubiera hablado de «sospechas nuevas» cuando ella se había limitado a mostrarle una ficha pública. Pero tampoco sabía si él tenía algún motivo para recordar una obra en la que, según acababa de decir, no había intervenido.
Abrió el armario para sacar dos vasos. Al hacerlo, rozó con el codo el marco de una fotografía que habían colocado provisionalmente sobre la encimera: ella y Gabriel, sonriendo en una terraza el verano anterior. La enderezó.
Le pareció extraño que estuvieran aprendiendo tanto sobre la casa precisamente cuando empezaban a llenarla de sus propias cosas.
En el móvil tenía guardadas ya las fechas de la autorización, los mensajes, la fotografía de Inés y la ficha de la obra. Ninguno de aquellos documentos decía por qué una mujer había caído por una escalera. Solo empezaban a dibujar el camino que la había llevado hasta allí.
Elena decidió que, antes de formular otra pregunta sobre la muerte, necesitaba averiguar qué otros papeles se habían firmado para aquella rehabilitación.