La infiel Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

—¿Porque el nombre nos recordara a la ciudad de las fuentes, a mi otro Tetuán en el norte de Marruecos?

—Reía—. No, vine aquí con mi familia porque era una zona no muy cara y por aquel entonces era lo único que nos podíamos permitir.

También porque estaba relativamente cerca de la Ciudad Universitaria.

—Recordar aquello pareció mantenerle lejos de allí durante unos segundos—.

Yo pensaba matricularme en Empresariales.

Era mi máxima aspiración en la vida: quería estudiar, tener una carrera, labrarme un futuro para que los míos estuvieran orgullosos de mí.

Incluso solicité una ayuda oficial para cursar mis estudios y por un momento llegué a creer que era posible…

Pero no pudo ser. Demasiados contratiempos.

Todo se complicó. La beca prometida no salió, en casa necesitábamos dinero y mi padre no podía ser el único que lo llevara al hogar.

—De nuevo su mirada se nubló, herida, y con ella la de Sara.

Al percatarse intentó arreglar las cosas y la besó en los labios—.

No podía ser de otra manera, porque si todo hubiese ido según lo previsto, no te habría conocido.

Y esa es la mayor aspiración que podría un hombre tener en su vida.

Así que bien está lo que bien acaba. Todo lo que venga de Dios bienvenido sea.

Ese es mi principio en la vida. ¡Mira! —dijo señalando una gran mole de ladrillo beis—: Esa es la mezquita Abu Baker.

Algún día te la enseñaré, te encantará. Por dentro es mucho más amplia de lo que parece en su exterior.

Allí es donde doy clases a los pequeños.

Lo que más desquiciaba a Sara era tener que regresar a casa cuando más a gusto se hallaba entre los brazos de su amor.

Aquellas huidas, ya bien entrada la madrugada de los viernes o los sábados —puesto que entre semana se lo impedía una razón de peso llamada Iván—, estaban haciendo mella en su interior, cada día más contrariado y tenso.

Quería dotar a todo aquello tan maravilloso que le estaba sucediendo de una imperiosa naturalidad, como solía hacer la mayoría de la gente.

Necesitaba incorporar aquella vida de abrazos y encuentros ocultos a su realidad diaria, quería ventilar su universo de besos, mimos y caricias, sacar a la luz aquel amor forzosamente enclaustrado para que se alimentara y creciera aún más.

Sería un sueño irreal, pero precisaba librarse de las amargas y dolientes ataduras que lo mantenían encadenado a la oscuridad.

En casa las cosas no habían mejorado en nada: el silencio al respecto de Najib reinaba en su interior y el mutismo parecía la única medida posible para ahuyentar daños mayores, aunque la tensión se filtraba por otras grietas.

Además de la caída de las hojas, la nueva estación trajo consigo una serie de broncas y trifulcas que nunca antes habían aparecido en el hogar.

Las disputas eran continuas y cada vez más escabrosas.

Cualquier tema, anécdota, mirada o comentario, inicialmente ingenuo y sin pretensiones de buscar enfrentamientos, prendía la mecha, y las llamaradas, azuzadas por un calentamiento previo y mal contenido, avanzaban rápidamente haciendo ceder el techo de la tranquilidad que había imperado en los últimos años.

Una de las más fuertes sucedió un sábado mientras padre e hija se hallaban inmersos en los preparativos de la comida del mediodía e Iván jugaba en su cuarto, ajeno a la tormenta que estaba a punto de desatarse a pocos metros.

La pequeña televisión de la cocina, como de costumbre, permanecía encendida mientras cada uno se encomendaba a sus obligaciones culinarias: Mario sazonaba la carne, Sara pelaba las patatas, que iba depositando con paciencia en un cuenco, y cortaba en trozos el montón de verdura que la esperaba sobre una tabla de madera.

La jornada parecía discurrir sin sobresaltos, sin nada que enturbiara el apacible comienzo del fin de semana e hiciera añicos aquella paz en el domicilio familiar.

Hasta que el programa informativo atrajo la atención de ambos.

En la pantalla, imágenes de varias redadas llevadas a cabo por los cuerpos de seguridad del Estado.

De fondo, la voz de la presentadora del espacio:

«… los detenidos podrían estar financiando al grupo terrorista denominado Al Qaeda del Magreb Islámico.

La policía cuenta con pruebas que los vinculan con el tráfico de drogas, el robo y la falsificación de tarjetas, además de robos en viviendas, entre otros delitos.

Según la Confederación Española de Policía, Cataluña es uno de los mayores centros de reclutamiento de terroristas islámicos no ya de España, sino de toda Europa, superando así a Marsella o Bruselas.

La policía europea ha alertado del masivo reclutamiento de terroristas árabes en España para luego partir al combate en Afganistán, Irak o Chechenia.

Nos acompaña un miembro del Real Instituto Elcano, fundación responsable del informe público titulado ¿ Cuál es la amenaza que el terrorismo yihadista supone actualmente para España?

Señor Irturein Gallo, buenos días, díganos, ¿tenemos motivos para estar en alerta?

»—Sin duda, los tenemos. —Una voz masculina, nueva, llegó a los oídos de Sara—.

En los últimos años, centenares de jóvenes han sido reclutados en los senos de las sedes musulmanas establecidas en España.

El reclutamiento puede ser en cualquier lugar: locutorios, comercios como las carnicerías halal , garajes, centros culturales, gimnasios…

Está sucediendo ante nuestras narices y ni siquiera nos estamos dando cuenta.

Son redes que intentan movilizar en su beneficio el apoyo que esta estructura terrorista y su líder tienen, y parecen recibir entre el diez y el quince por ciento del millón o millón y medio de musulmanes que se calcula viven en España.

»—Es decir, que hablamos de entre cien y ciento cincuenta mil musulmanes en nuestro país que simpatizan o apoyan de algún modo el terrorismo árabe en suelo español.

Si no me equivoco, eso supera incluso los efectivos con los que cuenta el Ejército español.

¿Qué amenaza real es esa? ¿Podemos decir que estamos seguros?

»—Hombre, como usted comprenderá, lo que le estoy diciendo no equivale a decir que todos los musulmanes de los que habla este estudio vayan a cometer mañana un atentado terrorista en nuestro país.

Pero no deberían dolernos prendas a la hora de reconocer que son unas cifras que conviene valorar muy bien en un país democrático como el nuestro, tan profundamente permisivo con el mundo árabe. Sin duda, la situación preocupa en…».

Una delgada luz blanca procedente del centro de la pantalla se tragó todas las imágenes. Luego, el televisor quedó en negro. Sara había apretado el botón de apagado con tanta fuerza como fue capaz.

—¿Por qué lo quitas? Eso no lo hará desaparecer —comentó Mario, que parecía bastante interesado en la entrevista.

—Al menos de mi casa, sí —contestó seria, claramente molesta por lo que acababa de oír en las noticias.

—Es precisamente en tu casa donde lo quieres meter, hija. Quizá nos convendría verlo para estar preparados. —Sabía que su comentario había sido duro y directo a la línea de flotación, pero no estaba dispuesto a quedarse callado durante más tiempo. Necesitaba decirlo.

—¿Qué toca ahora, papá? —preguntó irritada ante la sospecha de una nueva descarga de sarcasmo por parte de Mario o, en el peor de los casos, otra gran discusión—.

¿Una nueva incursión en la historia de España sobre la Toma de Granada en 1492, o un nuevo capítulo de la expulsión de los moriscos?

¿Es ahora cuando toca que me cuentes que santa Brígida ya profetizó en el siglo XIV la destrucción de la secta mahometana en la que España tendrá un protagonismo principal?

¡Ah!, no, espera, ahora viene cuando me explicas que la yihad es el sexto pilar no declarado del islam, después de la profesión de fe, las cinco oraciones diarias, la limosna, el ayuno en el Ramadán y la peregrinación mayor a La Meca al menos una vez en la vida.

¿Lo he dicho bien, padre? ¿Tengo bien aprendida la lección, o vas a explicarme ahora que para los islamistas la yihad no terminó con la Toma de Granada y que la guerra santa se disputará hasta la victoria final, que no será otra que la conquista de la tierra usurpada por los colonialistas, es decir, nosotros, y la conversión forzosa de sus habitantes?

Dime, tú eres el erudito en esta materia, ilústrame.

—No quiero discutir. Estoy cansado de hacerlo y desde que sales con esa persona —se resistía a pronunciar el nombre de Najib como hacía siempre que salía el tema—, es una constante entre nosotros.

Solo quiero que entiendas las cosas tal y como son, y no como te las cuenta él.

Por mucho que cierres los ojos para no verlo, el problema seguirá ahí fuera. Conozco el mundo mejor que tú, hija.

—Ah, claro, cómo no, tú has estado en Francia, en Sudáfrica, en Estados Unidos…