35. Camaradas
Los dos camaradas esperaban fuera de la capilla impacientes, esperaban que Julián introdujera la bomba en la casa, aunque no se fiaban del todo de él. Les parecía más un señorito que un verdadero miembro del partido.
Lucía miró a Octavio y le dijo:
—Entraremos en la casa como parte del servicio, si Julián titubea, nosotros terminaremos el trabajo.
Octavio asintió con la cabeza. No era un hombre de muchas palabras, pero si tomaba una decisión, nadie era capaz de pararlo.