31. Imposible
Las dos jóvenes no durmieron en toda la noche. En cuanto vieron que la casa estaba en silencio, sacaron los dos trozos de carne. Con las sábanas habían hecho una larga cuerda hasta el jardín. Todavía no había amanecido y se encontraban al amparo de la noche.
Bajaron por la cuerda improvisada, primero Isabella, para echar la carne a los perros y neutralizarlos. Después Marga. Ambas tendrían que saltar la valla y escapar lo más rápido que pudieran de la villa.
Isabella sintió cómo la cuerda giraba y se separaba de la fachada. Escuchó un crujido y se asustó, pero logró recuperar el control.
Los perros comenzaron a gruñir antes de que llegase al suelo, pero en cuanto vieron la carne se calmaron.
Marga aprovechó para bajar. Corrieron hasta la verja, subieron a la roca y estaban intentando cruzar al otro lado, cuando Marga sintió un tirón en el vestido. Al girarse vio la cara de uno de los guardianes.
—¿Dónde creéis que vais?
Las dos jóvenes intentaron escapar, Isabella que ya tenía medio cuerpo fuera comenzó a tirar de su amiga, pero el hombre tenía mucha más fuerza.
—¡Escapa! —gritó a su amiga.
—No puedo.
—Vete y pide ayuda.
—Te matarán, esta gente es capaz de todo.
—Al menos una parte de mí seguirá viva en ti.
Isabella se encontraba ante la mayor tesitura de su vida. Marga era la única persona que la quería en el mundo, pero quedarse era morir con ella.