30. Dudas
Julián había planeado ver a Victoria en la capilla, mientras su amiga se casaba. Ambos harían de testigos y la única forma que se le ocurría de introducirse en la familia era pedirle que se casara con él ese mismo día.
El príncipe se iba en dos días, tras el regreso de su madre. La oportunidad de matar a la regente y a su hijo era insuperable.
Unos días antes habían llegado dos camaradas de Barcelona, Lucía Amargo y Octavio Buendía.
—El plan es perfecto, no pueden rechazarte en la casa si eres parte de la familia.
—No creo que acepten, anularán el matrimonio.
—No pueden —añadió la mujer—, sois dos personas adultas.
Julián se quedó pensativo, no podía decir a sus camaradas que no deseaba hacer daño a Victoria, aunque fuera la hija y la nieta de dos déspotas.
—Lo intentaré, pero no estoy seguro de que el plan funcione.
No podían verlos juntos, temía que alguien le dijera algo a Victoria, por eso cenaron en la habitación y después le dejaron a solas.
Echaba de menos a Victoria, se sentía muy mal por todo lo que estaba planeando contra ella y su familia.
Decidió tomar un poco de cocaína. Uno de sus camaradas se la había traído para que le diera valor, en cuanto tomó aquella droga, se sintió más decidido y dispuesto a todo, para llevar a cabo su idea.
Pasaría a los libros de historia como el hombre que acabó con la vida de la reina madre y del futuro rey de España.