21. Beso
Se sentía una mujer moderna, pero nunca había besado a nadie. Victoria se consideraba romántica, había leído algunas de las mejores historias de amor que se habían escrito, como Romeo y Julieta, pero era consciente de que la vida real no era como la literatura.
—¿Por qué has venido a Comillas? —le preguntó mientras caminaban.
—Por ti —dijo el hombre, aunque sabía que en el fondo era completamente cierto
—¿Por mí? Sabes que lo nuestro es imposible. Mi familia…
—No hablemos ahora de las familias. Te lo ruego, para mí en este instante solo existimos nosotros dos.
Aquellas palabras le parecieron muy románticas, más de lo que había imaginado en un plumilla como Julián.
—Entonces, para ti solo soy una aventura de verano.
El hombre negó con la cabeza.
—No, ya te estaba…observando desde antes de que llegara el verano.
—¿Es cierto que perteneces al movimiento anarquista?
Al periodista no se le daba muy bien mentir, a pesar de su profesión.
—No, ¿cómo voy a aprobar los crímenes indiscriminados contra gente inocente?
—Pero la muerte del primer ministro Cánovas del Castillo no te importa.
—Bueno, creo que el sistema está amañado y que la mayoría del pueblo no puede participar, pero no deseo la muerte de nadie.
Las palabras del joven periodista parecían sinceras. Además, le parecía tan atractivo cuando se enfadaba…
Ella le dio la mano y estuvieron así unos minutos en la alameda. Después se pararon uno enfrente del otro y el hombre la besó. Fue rápido, casi fugaz, inocente y mágico. Ella notó una descarga por todo el cuerpo que se extendió hasta sus brazos.
—¿Por qué? —le preguntó ella.
—Porque te amo.
Los dos se fundieron en un beso más largo, sus labios parecían destilar miel, pero lo que ella desconocía era que él era para ella lo que Circe fue para los marinos de Odiseo. En el fondo el amor era algo parecido, capaz de anular la voluntad del alma más poderosa.