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H a sido demasiado precipitado como para que la periodista que está sentada frente a ella esté cómoda, y lo sabe.
Siempre le ha gustado esa periodista; es una mujer seria, rigurosa, de las que intenta hacer su trabajo de manera respetable y que por eso más de una vez al año se lleva algún ataque en redes sociales o peor aún, de boca de algún político.
Ya no tiene un puesto en una cadena de televisión porque era demasiado incómoda, pero sigue dando guerra desde los diarios independientes.
La libertad de expresión defendida hasta que va en tu contra, por supuesto.
Pero esto no tiene nada que ver con ideas.
¿Usar la pequeña biblioteca que tiene la editorial?
Su idea. ¿Llamar a los medios de comunicación?
Su idea. ¿Aparecer a última hora, cuando solo los trabajadores más entregados de la empresa iban a estar en las oficinas?
Su idea, por supuesto que su idea. Han tenido que llamar a su editor para que llegue a tiempo para la pequeña entrevista.
Se trasmitirá de momento desde el streaming de un par de diarios, pero servirá, está segura de que luego se difundirá por todas partes.
Lo mejor han sido los rostros de incredulidad.
El no saber cómo saludarla mientras ella repartía besos como si nada hubiera ocurrido.
Le han hecho una pregunta, pero Dios sabe que no es tan fácil arrancarle una respuesta.
—¿Qué importa dónde estuve o por qué me fui?
¿Acaso una mujer como usted no ha deseado nunca desaparecer una temporada, cuando la vida se pone un poco cuesta arriba?
He hablado con mi familia, y todo está bien entre nosotros, se lo aseguro.
Están muy ilusionados de que podamos volver a estar juntos.
—Mentira, pero era lo que deseaban escuchar, y lo diría las veces que hiciera falta—.
En cuanto a si esto resultó ser una estrategia de marketing , puedo asegurarle que no, en absoluto.
Cinco son demasiados años invertidos en vender un único libro, ¿no le parece?
—Pero su última novela fue un éxito y nadie ignora que su desaparición también tuvo mucho que ver en eso.
—Pues yo no creo que importe tantísimo. Entiendo por qué podrían decirlo, pero tengo algo muy claro: las novelas son buenas o no lo son, y un libro no sobreviviría al paso del tiempo con tan solo una estrategia de marketing detrás, por muy agresiva que fuera.
—¿Ha podido seguir asuntos como las ventas, los premios concedidos a posteriori , las críticas? ¿Le importaban?
—Mantuve el contacto con mi agente —lo soltó como si fuera lo más obvio del mundo, y, aunque casi todo el contacto había sido ver el dinero llegando a su cuenta bancaria, no le importaba echarle parte de los leones a Isidro Escalante.
A fin de cuentas, sus comisiones cobraba por representarla—, así que sí que me llegaba la información.
Si me importaban las críticas, pues exactamente lo mismo que antes de todo esto. No mucho.
—¿Ha escrito durante su…? Disculpe, ni siquiera sé cómo llamarlo. ¿Desaparición o retiro?
—No puedo culparla. —Una risa cortés—. Por supuesto que he escrito. Si no lo hubiera hecho, la policía sí que hubiera encontrado un cadáver.
Se les acababa el tiempo acordado y la periodista lo sabía.
Probablemente no hubiera conseguido sacarle las respuestas que estaba buscando, pero ¿importaba, acaso?
La noticia era su reaparición, y el resto de los datos podrían ir dilatándolos en el tiempo, mantener al público enganchado.
Que el autor en sí mismo fuera un enigma también funcionaba en favor de las novelas, había muchos ejemplos a lo largo de la historia.
Y, si no lo comprendían, es que eran ciegos.
Había más gente en aquella sala, aunque no salieran en plano.
La encargada de prensa, que hacía años había sido una asistente, ¡qué rápido ascendía la gente!
Su director editorial, por supuesto, que probablemente tuviera un debate interno entre encontrar el lado humano del asunto y empezar a hacer números.
Pero ella le tenía más sorpresas preparadas. Esperaba que le gustaran.
Sí, el tiempo se acaba, pero siempre queda un poco para una última pregunta. La de cortesía, la pequeña propina. Y ella nunca podrá negarse a un gesto de buena educación.
—¿Qué es lo que más ha echado de menos?
—Oh, eso es muy sencillo. —Tal vez sea la primera verdad que ha dicho a lo largo del día. Es el momento en el que la ficción coincide con la vida—. Dar clases de escritura a mi aprendiz. Siempre me hizo feliz.