Capítulo 41. La coartada del escenario
El vídeo completo de la gala llegó desde la empresa que había montado las pantallas. Eran cuatro horas de grabación continua, con planos inútiles, pruebas de sonido y conversaciones junto al escenario.
Laura presentó un premio a las veintitrés veintinueve. A las veintitrés treinta y cuatro entregó el micrófono y salió por la izquierda. La versión aportada por el hotel saltaba entonces al discurso de Íñigo y mostraba a Laura entre el público, sin hora visible.
En el archivo original no regresaba hasta las cero tres.
Entró por una puerta lateral, se colocó detrás de dos invitados y aplaudió cuando los demás ya bajaban las manos. No llevaba el pañuelo. En la muñeca se veía una línea roja.
—Veintinueve minutos —dijo Rubén.
El ascensor había bajado su tarjeta tres minutos después de que abandonara el escenario.
Paloma la vio cruzar desde el pasillo de lavandería a las once y cincuenta y dos.
La cámara de un pasillo registró una silueta subiendo por la escalera a las veintitrés cincuenta y seis, demasiado borrosa para identificarla.
Mara reprodujo el regreso. Laura miraba hacia el escenario, pero respiraba con la boca abierta y mantenía la muñeca derecha pegada al cuerpo.
La empresa confirmó que nadie le había solicitado editar nada. El resumen lo creó el departamento de Laura antes de enviarlo a la policía.
Su coartada no era el escenario. Era la selección de las imágenes que lo mostraban.