Capítulo 42. La reconstrucción
Mara recorrió el trayecto con la fiscal y la forense. Desde el escenario hasta el ascensor ejecutivo había un minuto y medio. La bajada al sótano duraba cuarenta segundos.
La hipótesis más compatible con los indicios situaba a Laura en la lavandería poco después de las veintitrés treinta y siete. Había citado a Noelia para las once y media, cuando las demás limpiadoras terminaban oficialmente y empezaba la hora sin registro.
Al llegar, Laura pudo registrar el impermeable que Alma había dejado en la percha exterior. El detalle del cordón en la declaración falsa indicaba que lo examinó, aunque no encontró las hojas detrás del forro.
La discusión habría ocurrido junto al carro azul. Noelia pudo hablar de los nombres falsos y del correo sobre Rosario. Durante el forcejeo habría arrancado el pañuelo y arañado la muñeca de Laura. La barra pudo salir del carro entonces; un golpe bastó.
La forense se detuvo.
—Eso es compatible con las pruebas. No podemos afirmar el orden del arañazo y el golpe.
Mara corrigió la nota.
Después, quien dio el golpe lavó la barra y retiró las salpicaduras visibles. Abrió el aclarado de una pila para extender agua alrededor del cuerpo y simular una caída. Paloma vio a Laura salir del corredor a las veintitrés cincuenta y dos; el vídeo la devolvía a la gala a las cero tres.
Alma salió a las cero once con el impermeable de Noelia. Aquella imagen había confundido la primera cronología, pero ya no sostenía ni destruía la acusación.
—¿Hora de la muerte? —preguntó la fiscal.
—Entre las once treinta y ocho y las once cincuenta —dijo la forense.
No podían reconstruir cada movimiento. Podían delimitar el intervalo y separar lo probado de lo probable.