La hora de nadie (Casos de Mara Cid 3) Capítulo 39. Veintidós puestos
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Capítulo 39. Veintidós puestos

La reconstrucción contable ocupó una pared. No usaron sólo cantidades. Bajo cada uno de los veintidós puestos, Mara colocó el nombre de quien había hecho realmente el trabajo.

Cada factura tenía veintidós líneas y en el hotel había diecisiete cuerpos trabajando.

Algunos nombres se intercambiaban para ocultar jornadas consecutivas; cinco líneas no correspondían a ninguna persona presente y generaban facturas y nóminas cuyo dinero regresaba después a la empresa.

Las horas finales desaparecían del registro y reaparecían en habitaciones limpias, sábanas dobladas y salones preparados para el desayuno.

Teresa Valle calculó el fraude laboral. La unidad económica siguió el dinero hasta la consultora de César.

Desde allí habían pagado catorce cuotas de un préstamo personal de Laura, anotadas como gastos de asesoría.

Ella autorizaba las rotaciones y certificaba al hotel que la plantilla estaba completa.

—Íñigo pagaba veintidós —dijo Rubén.

—Y sabía que entraban diecisiete —respondió Mara.

Los informes de acceso llegaban cada lunes a su correo. Había contestado dos veces que no quería explicaciones, sólo resultados.

Alma señaló su fila. Durante seis meses, sus accesos y las habitaciones que cerró sumaban muchas más horas de las reconocidas en sus nóminas.

—¿Cuál cuenta para mi jubilación? —preguntó.

Teresa no respondió de inmediato.

—Sólo las horas declaradas con el suyo.

Alma miró la pared. Más de la mitad de sus horas finales había desaparecido mientras el nombre de Rosario producía turnos completos.

Mara fotografió el conjunto antes de retirarlo. En el informe final habría cifras. Necesitaba recordar que cada cifra era una persona que había terminado el turno sin poder demostrar a qué hora salió.