La hora de nadie (Casos de Mara Cid 3) Capítulo 38. Lo que oyó Alma
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Capítulo 38. Lo que oyó Alma

Alma aceptó regresar al pasillo de servicio cuando el hotel estaba vacío. La maquinaria sonaba detrás de las paredes y el aire olía a algodón caliente.

Se detuvo junto a la percha exterior donde había dejado el impermeable.

—Yo estaba aquí —dijo—. Noelia hablaba en la lavandería.

Hasta entonces sólo había declarado que oyó una discusión. Mara le pidió que cerrara los ojos y no intentara completar lo que no recordaba.

Alma respiró una vez.

—Dijo: «No somos líneas de tu hoja».

Después escuchó una respuesta, pero las secadoras arrancaron al mismo tiempo. No podía asegurar si era una voz de mujer o un hombre hablando bajo. Luego llegó un golpe seco.

—¿Por qué no lo contó?

—Porque cogí el abrigo y me fui. Pensé que, si decía que estaba cerca, me harían elegir entre ladrona y asesina.

Mara le pidió que señalara el lugar exacto. Desde allí no se veía la puerta de lavandería, pero sí el indicador del ascensor ejecutivo. Alma recordó que la flecha roja de bajada se encendió antes de que oyera las primeras palabras.

—¿Reconocería la voz? —preguntó Rubén.

—Quiero decir que sí.

—No le hemos preguntado lo que quiere.

Alma negó despacio.

—No la reconocería.

La respuesta reducía el valor espectacular de su testimonio y aumentaba su credibilidad. Mara anotó las palabras exactas de Noelia. Era la única voz que Alma podía devolverle sin inventar otra.