Capítulo 33. El hermano
Brisa Sur figuraba a nombre de una administradora de Ayamonte que cobraba una pensión mínima y no sabía cuántos hoteles limpiaba su empresa.
La Unidad de Delincuencia Económica siguió los poderes notariales. Todos terminaban en César Valdés, hermano menor de Laura. No aparecía como socio, pero autorizaba pagos, negociaba contratos y recibía transferencias de una consultora sin empleados.
Mara y Rubén lo encontraron en un chalé alquilado junto al campo de golf. César abrió en calcetines y sostuvo que sólo llevaba la contabilidad.
—¿Quién creó las cinco identidades? —preguntó Mara.
—El programa venía configurado.
—Una de esas mujeres estaba muerta.
César se pasó la lengua por el labio.
—Yo recibía datos de los hoteles. No comprobaba vidas.
En el registro, autorizado por el juzgado, encontraron facturas del Faro del Odiel, sellos de Brisa Sur y dos teléfonos apagados. No había uniformes ni copia de la lista.
Un correo de Laura contenía una sola línea: Este mes rota las cinco antes de la inspección .
César alegó que se refería al personal.
—No teníais cinco personas para rotar —dijo Rubén.
El abogado pidió que no respondiera más.
La cronología excluía a César como autor material. La noche del homicidio participó desde el chalé en una videollamada con una gestoría de Ayamonte entre las veintitrés dieciocho y las cero una. La plataforma, la cámara de acceso y dos participantes independientes confirmaban su presencia.
No podía haber levantado la barra en la lavandería. Los ordenadores que salían precintados sí lo situaban en el centro del fraude.