Capítulo 30. El hilo plateado
La fibra apareció bajo una uña de Noelia. Era corta, plateada y estaba mezclada con restos de detergente industrial. El laboratorio descartó los uniformes, las mopas y las bolsas de lavandería.
En las fotografías de la gala, Laura llevaba un pañuelo gris con hilos metálicos. Antes de la presentación, caía entero sobre su hombro. En su primera aparición al regresar ya no lo llevaba.
La entrega voluntaria del pañuelo llegó por medio de su abogado. Una esquina estaba desgarrada y faltaba un fragmento de seis centímetros.
—Podía haberlo perdido en cualquier parte del hotel —dijo Rubén.
La perita asintió.
—Y la fibra podía pasar de una silla a una manga. Sólo puedo decir que coincide en composición, torsión y baño de color.
Mara agradeció la precisión. Una coincidencia no era un encuentro.
Revisaron las imágenes del pasillo previo a la gala. Noelia había cruzado por allí al comenzar el turno, cuando Laura aún no llevaba el pañuelo. Ninguna cámara las mostraba juntas.
La perita colocó la fibra en un sobre y selló el borde.
—Hay otra cosa —dijo—. En el hilo quedan células, pero son insuficientes para un perfil completo.
El análisis parcial tardaría. Mara pensó en la mano de Noelia cerrándose durante un forcejeo. También podía haberse cerrado al recoger una prenda del suelo.
Guardó ambas posibilidades. Las pruebas débiles se volvían peligrosas cuando una de ellas gustaba demasiado.