La hora de nadie (Casos de Mara Cid 3) Capítulo 29. El ascensor
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Capítulo 29. El ascensor

El ascensor ejecutivo no compartía registro con los de servicio. Lo mantenía una empresa distinta y guardaba los accesos durante treinta días.

A las veintitrés treinta y siete de la noche del crimen, la tarjeta de Laura Valdés había activado un viaje desde la planta de la gala hasta el sótano. El ascensor permaneció allí cuarenta y un segundos y el registro de carga no detectó ningún pasajero durante el trayecto de vuelta.

Laura recibió a Mara en su despacho. Llevaba una camisa color marfil y un vendaje estrecho cerca de la muñeca.

—Mi tarjeta estaba en el bolso —dijo—. Cualquiera pudo cogerla.

—¿Dónde estaba el bolso?

—En el guardarropa privado.

—¿Quién tenía acceso?

—Dirección. El personal de protocolo. Seguridad.

No mintió al enumerarlos. Había once personas autorizadas. La cámara del guardarropa llevaba semanas averiada, según un parte firmado por la propia Laura.

—Usted afirmó que no abandonó la gala —dijo Rubén.

—No la abandoné. Salí del salón para atender una incidencia.

—¿En el sótano?

Laura miró primero a Mara y luego a él.

—No recuerdo qué ascensor usé. Aquella noche murió una empleada. No llevaba un diario.

Mara observó el vendaje. Laura explicó que se había arañado con el cierre de una pulsera.

Al marcharse, Mara volvió a pensar en el archivo recortado. Una tarjeta podía prestarse. Una ausencia también podía maquillarse.