Capítulo 24. Las sobras
El impermeable llegó al laboratorio con olor a comida. En el bolsillo quedaban migas, envoltorio y grasa. Cocina confirmó que solía entregar las sobras al personal, aunque nadie quiso firmar que lo autorizó aquella noche.
En el bolsillo interior había una costura abierta. Dentro, entre el forro y la tela, apareció una bolsa de congelación con dos hojas dobladas.
Alma no las había visto. La bolsa estaba cerrada, aunque la humedad había pegado los bordes del papel. A través del plástico podían leerse veintidós nombres, las mismas fechas futuras y el comienzo de dos encabezados que no figuraban en la hoja de la maleta.
Baja…
Sustitución…
Los bordes coincidían con las páginas arrancadas del cuaderno. No se las había llevado quien mató a Noelia: ella misma las ocultó antes de bajar.
Mara no permitió que separaran las hojas hasta que pudieran estabilizar la tinta. Al dorso se transparentaban cinco cantidades y una frase incompleta: Si Laura dice que no conoce a Rosario…
Rubén señaló la fecha siguiente. Correspondía a Soraya, la trabajadora que se retractó en la cafetería. Faltaban dos días.
—Todavía no sabemos qué activa esa fecha —dijo.
Mara ordenó avisar a Soraya y proteger el documento. La maleta había llegado antes del crimen; el impermeable salió después en manos de Alma. Noelia había conseguido sacar del hotel las dos partes de la explicación.