La hora de nadie (Casos de Mara Cid 3) Capítulo 25. La cita
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Capítulo 25. La cita

Joaquín la llamó aquella mañana para pedirle que lo acercara a la clínica. «Hasta la sala de espera», precisó antes de colgar.

La sala de espera olía a plástico nuevo y a café de máquina. Joaquín sostenía el estuche del audífono entre dos dedos, como si fuera una pieza que le hubieran pedido reparar y todavía no hubiera decidido si merecía la pena.

—Puedo entrar contigo —dijo Mara.

—Ya has entrado hasta aquí.

La puerta de la consulta estaba a cuatro pasos. Joaquín se levantó cuando apareció la audióloga y se abrochó la chaqueta con calma.

—Te preguntará por los pitidos —dijo Mara.

—Y yo le contestaré con la oreja que funciona.

No estaba enfadado. Tampoco bromeaba del todo. Mara guardó el impulso de repetirle que la aplicación podía ajustarse, que la pila no era el problema y que la semana anterior había confundido el timbre con el teléfono.

—Te espero abajo.

Joaquín negó con la cabeza.

—Vete a trabajar. Si necesito que vuelvas, te llamo.

La audióloga mantuvo la puerta abierta. Mara miró a su padre hasta que él arqueó una ceja. Entonces se despidió y caminó hacia el ascensor.

Rubén la llamó antes de que llegara a la calle.

—La copia del impermeable tiene más de una lista —dijo—. Hay columnas que no vimos anoche.

Fuera, la mañana traía humedad del río. Mara miró una vez las ventanas de la clínica. No distinguió la consulta entre los reflejos.

—Voy para allá.