La hora de nadie (Casos de Mara Cid 3) Capítulo 22. Alma Benítez
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Capítulo 22. Alma Benítez

Alma faltaba de la primera relación aunque su firma y su acceso demostraban que era una de las diecisiete mujeres que trabajaron aquella noche.

Brisa Sur había falsificado aquel parte de presencia colocando a Julia Tena en su lugar.

En la factura enviada al hotel, en cambio, Alma y Julia aparecían por separado: una había trabajado y la otra completaba uno de los cinco puestos vacíos.

La empresa aseguró que el contrato temporal de Alma terminaba a las veintitrés, antes de la búsqueda.

La localizaron en casa de una prima. Primero dijo que salió con el grupo de las veintitrés y dos y tomó el autobús de las veintitrés y diez.

—Esa línea pasó a las veintidós y cincuenta y ocho —dijo Rubén—. La siguiente fue después de medianoche.

Alma cambió el trayecto: había caminado hasta otra parada. Su tarjeta, sin embargo, abrió la puerta del hotel a las doce y once. La cámara mostraba el impermeable rojo.

—No era yo.

Mara no intentó obligarla a reconocerse en una ampliación. Le preguntó por la bolsa, su ropa y el mensaje de Noelia.

Alma negó haber recibido nada. Cuando autorizó revisar el teléfono aportado, el mensaje no estaba. El sistema conservaba la notificación de una comunicación borrada a las veintitrés y veintinueve.

—¿Quién le pidió que callara?

La joven miró hacia su prima. Tenía veintiséis años, dos contratos encadenados y una solicitud de residencia vinculada al empleo que no quería explicar sin asesoramiento.

—Nadie tiene que pedirlo —dijo—. Sabemos lo que pasa si hablamos.

En una silla había una bolsa con ropa húmeda. Dentro no estaba el impermeable.

Alma afirmó que lo dejó en un contenedor.