Capítulo 21. Treinta minutos
El archivo entregado por el hotel no era la grabación continua. Sus propiedades indicaban que alguien lo había exportado a las nueve y catorce de la mañana posterior al crimen desde una cuenta del departamento de Laura.
El montaje terminaba un plano a las veintitrés y treinta y cuatro, cuando ella dejaba el escenario, y empezaba otro a las doce y cuatro, con Laura sentada entre los invitados. Entre ambos había una transición limpia, música incluida.
—Treinta minutos —dijo Rubén.
—En el vídeo que nos han entregado. Necesitamos saber cuándo regresó realmente.
La empresa audiovisual conservaba las cuatro horas originales en un servidor propio. No podía entregarlas por una llamada, pero aceptó bloquear el borrado automático mientras llegaba el requerimiento judicial.
El extracto de accesos tampoco resolvía el hueco. Mostraba una credencial ejecutiva utilizada durante ese intervalo, con parte del número oculta en el informe de seguridad. Podía pertenecer a Laura, a Íñigo o al director de seguridad.
Laura sostuvo que no había salido del área de la gala y que su equipo preparó un resumen por comodidad.
—¿Por qué eliminaron precisamente esos minutos? —preguntó Mara.
—Pregúnteselo a Comunicación.
El responsable de Comunicación respondió por correo que recibió la selección ya marcada desde Recursos Humanos.
Mara no llamó coartada a un vídeo que todavía no habían visto. Solicitó los originales, los registros completos del ascensor y la estación desde la que se hizo el montaje. Los treinta minutos seguían fuera del expediente, conservados en un servidor que el hotel no controlaba.