La hora de nadie (Casos de Mara Cid 3) Capítulo 17. La hora de nadie
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Capítulo 17. La hora de nadie

Paloma pidió una segunda declaración sin la representante de Brisa Sur. Admitió haber pasado las nueve tarjetas y hacerlo desde hacía más de un año.

—Laura decía que el hotel no pagaría un minuto extra. César decía que, si no terminábamos, perderíamos el contrato.

Le ofrecieron los trescientos euros después de que Noelia anunciara que había copiado los cuadrantes. Paloma aceptó retrasar cualquier queja hasta la renovación.

—Eso fue comprar su silencio —dijo Rubén.

—Fue pagarme para que no me echaran antes.

Ambas cosas podían coexistir.

Paloma negó haber preparado la maleta. Sabía que Noelia guardaba copias, pero ignoraba dónde. Sobre la llamada de la sexta planta mantuvo una versión imprecisa: alguien de dirección quería hablar con Noelia al terminar, pero ella no recordaba quién usó el teléfono interno ni qué lugar mencionó.

—¿Y qué hizo usted después de fichar las tarjetas? —preguntó Mara.

—Me mandaron al salón por unas cajas.

—¿Quién?

Paloma volvió a mirar la puerta antes de responder.

—No lo recuerdo.

Paloma seguía trabajando para Brisa Sur. Temía a César, pero también a las trabajadoras que podían atribuirle las horas robadas. Había participado en el sistema y cobrado por sostenerlo.

Mara le preguntó por la barra azul. Paloma dijo que la había visto en el carro al comienzo del turno. Noelia la usaba para colgar bolsas cuando las habitaciones dejaban demasiados envases.

—¿Quién sabía que la lavandería no tenía cámara?

Paloma soltó una risa breve.

—Quien nos mandaba trabajar allí después de fichar.