Capítulo 18. El cuaderno
En el cajón de los manteles, Diana encontró un cuaderno escolar envuelto en una bolsa. Esperó a que documentaran el hallazgo para abrirlo.
Noelia había anotado la hora oficial y la real de treinta y siete turnos. La diferencia variaba entre cuarenta y ocho minutos y dos horas. Al margen se repetían cinco iniciales: M. S., A. C., R. M., V. P. y J. T.
Varias páginas habían sido arrancadas recientemente. Quedaban impresiones leves que debían preservarse antes de intentar leerlas.
Diana reconoció una frase de su madre: Laura aprueba. César cobra. Paloma cuenta. No convertía a las tres personas en autoras del homicidio, pero describía una cadena laboral.
Mara evitó buscar en las marcas una confesión que tampoco contenían. Faltaban las páginas donde Noelia podía haber relacionado las iniciales con las veintidós identidades.
Diana pasó el dedo, sin tocar, sobre el hueco del lomo.
—Se llevó lo más importante.
—O alguien supo qué páginas buscar —respondió Mara.