Capítulo 11. Paloma
Paloma Cano compareció con una representante de la empresa y una carpeta de procedimientos. Antes de que Mara formulara la primera pregunta, explicó que cada empleada fichaba personalmente, que Noelia salió a su hora y que el suelo de lavandería llevaba días dando problemas.
—Tres respuestas para preguntas que aún no le he hecho —dijo Mara.
Paloma cerró la carpeta.
Negó haber enviado a Noelia a la última planta. Según ella, las habitaciones pendientes se repartían de común acuerdo. También negó haber tenido las tarjetas de otras trabajadoras.
Rubén colocó delante de ella la secuencia de diecisiete segundos, sin señalar una interpretación.
—Estábamos juntas.
—Eso no explica el orden.
—Las acercamos rápido. Todas querían irse.
—No se fueron.
Paloma miró a la representante. Dijo que algunas acababan cosas por voluntad propia para no cargar al turno siguiente. La frase tenía el ritmo de algo repetido en una formación.
Mara preguntó quién llamó a Noelia mientras estaba en la sexta planta.
—Nadie.
La respuesta llegó demasiado pronto. Paloma se corrigió: quizá oyó a Laura Valdés pedir que hablaran después, pero no sabía dónde. Laura dirigía Recursos Humanos y el programa de sostenibilidad del hotel.
—¿Qué tenía que hablar con ella?
—No lo sé.
Paloma bajó la vista hacia su carpeta. Entre las hojas sobresalía un justificante de un pago extraordinario de trescientos euros, autorizado aquella misma semana por Brisa Sur.
Lo llamó premio de productividad.