Capítulo 9. La habitación 612
—La mujer seguía limpiando cuando abrí —dijo—. Le comenté que era tarde.
Identificó a Noelia y recordó una venda pequeña en su pulgar derecho. El cuerpo presentaba la misma venda.
—¿Entró alguien más?
—No. Sonó el teléfono que llevaba en el carro.
El huésped oyó a Noelia preguntar: «¿Lavandería? ¿Ahora?». No escuchó la voz al otro lado ni supo precisar si ella recibía una orden o una petición.
—¿Dijo algo sobre una lista?
—Eso no. O no lo oí.
Mara dejó constancia de la reserva. La palabra no ganaba valor porque encajara con el lugar del hallazgo.
La cerradura de la 612 registró la tarjeta maestra de Noelia a las veintitrés y veintidós. Su carro salió del ángulo de otra cámara a las veintitrés y veintinueve. A esa hora llevaba veintisiete minutos oficialmente fuera del trabajo.
En la puerta, el huésped recordó algo más: después de colgar, Noelia se quedó inmóvil varios segundos, escribió un mensaje en su propio teléfono y miró hacia el ascensor de servicio.