Capítulo 8. La hija
Diana Ríos llegó desde Sevilla a media mañana. Mara habló con ella lejos del vestíbulo y le explicó primero lo que podían confirmar.
—Mi madre me dijo que, si la llamaban del hotel, no creyera que había robado —contestó Diana.
Noelia llevaba tres meses copiando turnos. Las facturas incluían mujeres que Diana nunca había oído mencionar, aunque su madre conocía a todo el equipo.
—Decía que pagaban a cinco mujeres que no venían.
—¿Sabía quién recibía ese dinero?
—No. Pensaba que querían culpar a las limpiadoras cuando saliera.
Diana reconoció la maleta. Había estado en el altillo de su casa desde un viaje familiar. Noelia debió de llevársela aquella tarde. También confirmó que el impermeable rojo era suyo.
—Le quedaba corto de mangas —dijo—. Se lo compré yo.
La mujer de la cámara había tenido que subírselas.
Diana mostró un mensaje recibido a las nueve y seis: Si mañana me cambian el turno, mira el cajón de los manteles. No había amenaza explícita ni explicación de la lista.
—¿Qué hay en ese cajón?
—No lo sé. Vive sola desde que yo me fui.
Mara organizó la entrada sin pedir a Diana que fuera delante a descubrirlo.
La joven apoyó las manos sobre la mesa.
—Mañana era hoy —dijo.