Jueves, 8 de noviembre de 2012, por la tarde
Hacía frío, demasiado frío para ser otoño, así que Tony decidió quedarse allí de pie para sentir el calor del bidón ardiendo. Desde ese lugar podía ver todo el patio.
Hacía un buen rato que los gritos habían parado.
Pero nadie bajaba. Tony no conseguía identificar dónde podían estar.
El antiguo edificio en ruinas en el que se encontraba tenía toda la pinta de haber sido una antigua fábrica.
Calculaba que había estado una hora en el coche, y eso le despistaba aún más.
Porque debían de estar en las afueras de Madrid y, sin embargo, el sitio no le recordaba a nada conocido.
No había tenido un momento de respiro en todo el día. Primero tuvo que encargarse de Javier, luego llevarlo al chalet y hacerle entrar en razón. Y ahora esto, presenciar una ejecución. Hay días en los que no pasa nada, y otros, como este jueves, en los que pasa todo.
Un fuerte ruido interrumpió sus pesquisas. Habían tirado a Nicolae desde el primer piso. Tony, de forma mecánica, hizo el ademán de ir a ayudarle, pero al instante volvió sobre sus pasos hasta el bidón.
De repente, de una de las puertas que daban acceso al patio, apareció Florian con una moto.
Empezó a dar trompos a toda velocidad, derrapando con violencia cerca de donde se encontraba su hermano.
Luego se bajó de la motocicleta y cogió una cuerda que le había tirado uno de sus compañeros.
La enrolló con precisión alrededor del cuello de Nicolae y la apretó de tal manera que parecía que fuese a rompérselo.
Su hermano intentó incorporarse, pero Florian se lo impidió con una patada.
Tony miró para otro lado. Eso no se parecía nada a lo que le habían comentado.
—¡Eh, tú! ¡ Pringao ! Mira aquí. Mira lo que voy a hacer. Luego tienes que contárselo a tus amigos.
Se subió de nuevo a la moto, después de enganchar el otro extremo de la cuerda, y aceleró con todas sus fuerzas.
No había ninguna duda: después de aquello, Nicolae estaría muerto.
Y Tony ya había hecho su trabajo: comprobar que lo habían asesinado.
Que no hubiese ningún truco. Ninguna sorpresa.
Lo que no se esperaba era aquel ensañamiento.
La escena le recordó a esa banda de mafiosos que había asesinado y después troceado a uno de sus compañeros para luego comérselo.
Estos eran capaces de hacer lo mismo. Tony estaba convencido de ello.
Estuvieron más de media hora dando trompos con la motocicleta.
A los pocos minutos, el cuerpo de Nicolae era una masa inerte de color rojo que solo se movía por el impulso de los vaivenes de la cuerda a la que estaba atado.
Sin embargo, todavía estuvieron jugando un buen rato con el cadáver, cortándole las orejas y varios dedos, antes de echarlo al bidón.
Tony estaba a punto de vomitar cuando Florian se plantó delante de él.
—Ya has visto que yo hago bien mi trabajo. Díselo a tus jefes.
—Menos mal que era tu hermano.
—Por eso mismo ha sido así, porque era mi hermano.