La hora de los monstruos Martes, 30 de octubre de 2012
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Martes, 30 de octubre de 2012

Madrid le superaba. En cuanto consiguiese su objetivo, se iría de allí. Aunque las posibilidades de lograr salir con vida, si su misión tenía éxito, eran escasas.

Todo había sido más sencillo de lo que pensaba.

Los primos de su amigo Omar le habían facilitado enormemente las cosas.

Aunque, ahora que los conocía, le daban todavía más miedo que antes.

Hassan encajaba a la perfección en el perfil de excluido social que acababa dentro de uno de sus grupos, pero él se resistía a dejarse embelesar por aquellas historias de paraísos para muyahidines.

Él no quería encontrar la redención en Irak, Afganistán o Siria.

Hassan solo quería venganza, una revancha muy terrenal contra quienes le habían destrozado la vida.

Desde que había entrado en contacto con ellos, todo había sido sencillo.

Le dieron alojamiento, comida, tecnología y, lo más importante, un arma de fuego.

A cambio de su hospitalidad debía ayudar en la captación de nuevos fieles para la causa.

El tiempo que le quedaba libre lo empleaba en buscar a su verdugo.

Sabía que el diablo estaba allí, pero Madrid era una ciudad muy grande y él, demasiado insignificante.

Todo lo que tenía para encontrarlo era un papel que se había traído de Lleida con su nombre y dos apellidos: Gonzalo Mendoza Lara.

Para dar con su paradero contaba con la inestimable ayuda del chico que trabajaba en el locutorio donde había ido a hacer sus averiguaciones. Emmanuel no solo le había enseñado a navegar en internet; también había puesto su pericia al servicio de la investigación.

Una vez que consiguió averiguar el domicilio del juez, comenzó la caza, y empezó a seguirle del juzgado a casa, de casa al juzgado, de casa a la iglesia.

Todos esos trayectos los hacía a pie. El problema venía cuando cogía el coche.

Pero, desde ayer, Hassan había conseguido hacerse con una motocicleta gracias a sus anfitriones; una nueva deuda que saldar. Aunque ahora todo sería más fácil.

El cuchillo que le clavaría en el corazón lo tenía desde hacía tiempo guardado debajo de su cama.