La hora de los monstruos Lunes, 29 de octubre de 2012 #2
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Lunes, 29 de octubre de 2012 #2

—No es momento para mentiras —continuó el abogado—.

Ahora es el tiempo de contar la verdad, y cuantas más cosas sepas, mejor, porque antes saldrás de aquí y en mejores condiciones.

Aquí está todo preparado para que cumplas la pena por los delitos de tu hermano; le interesa a él y también a la policía, que no ve la forma de echarle el guante y necesita un culpable para que la opinión pública se ensañe con él.

Se ha hecho mucho ruido en los periódicos con la historia esa de la banda de Florian y no ven la ocasión para quitarse el problema de encima.

A tu hermano le han tomado la matrícula, y de una forma u otra acabará cayendo.

Todavía quedan pendientes unos cuantos robos y muertes por los que acabará en prisión un día de estos.

Nicolae no se esperaba nada de aquello. Y a cada nueva palabra de su interlocutor se iba sintiendo más y más pequeño; con el ánimo totalmente desinflado, veía cómo eran los demás los que manejaban y dirigían sus acciones y no él, que solo podía limitarse a asentir y dar por bueno cualquier acuerdo que le pusiera en libertad.

Pero, y una vez en la calle, ¿dónde podría esconderse?

¿Cómo iba a ganarse la vida? ¿Quién iba a evitar que Florian o los otros le metieran un par de tiros en la cabeza?

Un intenso sudor frío le recorría el espinazo, mientras se apoderaba de él una sensación de abatimiento y temor que le atenazaba por completo.

En las anteriores entrevistas había sido él quien con amenazas y gritos había intimidado al abogado; ahora, este no había necesitado alzar la voz para dejarle aterrorizado por el futuro que se vislumbraba ante él.

—Pero no me mires con esa cara, hombre. Estás blanco como la pared.

Sí, no te voy a negar que la situación está muy jodida.

No es mi intención engañarte. Pero si sabes jugar tus cartas, tú vas a ser el que salga mejor parado en esta historia.

Lo de los robos que te han colgado tiene difícil arreglo.

La idea es quitarte lo del guardia jurado; ese se lo reservan para tu hermano cuando le cacen.

Él ya no va a poder seguir utilizando tu identidad y, además, por lo que cuentan, anda por ahí escondido, muerto de miedo, preparando la vuelta a vuestro país.

Si te declaras culpable de todos los cargos, no te caerán más de doce años a lo sumo.

—Nicolae hizo ademán de levantarse de la silla—.

¡Tranquilo! En este país nadie cumple las condenas íntegras.

Con las reducciones y demás, en cuatro años estarías en la calle.

Pero, de todas maneras, ese no es el plan.

El juez está dispuesto a concederte cosas si le cuentas cuál fue tu participación en el otro asunto, el gordo.

El abogado se volvió a secar el sudor que le corría por la ancha frente, le echó una mirada burlona y se acercó lo más que pudo a Nicolae para susurrarle en voz baja al oído:

—Si eres buen chico y largas en condiciones, podrás conseguir un bonito adosado donde vivirías como un rey.

Hasta te han buscado un trabajo. En serio, un señor trabajo.

Serías una especie de colaborador de la policía.

Pero no un chivato. Esto que proponen es otra cosa.

Estamos hablando de altas esferas. Serías un asesor para grupos especiales.

Tu perfil les ha gustado mucho. Quieren que les ayudes con todo el rollo ese de las bandas del Este y las mafias.

Conocí a un muchacho al que le ofrecieron algo como lo tuyo y le ha ido de puta madre, créeme.

Ahora, varios años después, sigue ahí, colaborando con la poli y viviendo como un marqués, y del asesinato que cometió ya no se acuerda nadie, y aunque se acuerden, les va a dar igual.

Nada se puede demostrar. Entonces ¿qué me dices?

Y deja ya esa cara de mustio. Cuando estabas jodido era antes.

Ahora tienes un futuro por delante —le aseguró en tono rotundo el abogado, mientras le apuntaba con el dedo índice.

—Si cuento lo que sé, soy hombre muerto. ¿Por qué iban a dejarme con vida después de haberlos traicionado? Además, yo no los conozco. Solo hice lo que me pidieron, cobré el dinero y ya está —dijo Nicolae con voz temblorosa.

—A ver, chaval, déjate de hostias. O coges esto o entonces sí que date por muerto.

Si la policía cuenta por ahí que te has ido de la lengua, no llegas al desayuno de mañana.

El que debe darte miedo es Florian, tu hermano tiene aquí dentro muchos amigos, tanto en uno como en otro bando.

Aunque no hace falta que te lo cuente, ¿verdad?

—Yo solo digo que no sé una mierda y que si me convierto en un confidente, ellos… son gente poderosa.

—Yo ya te he dicho lo que hay —le comentó el abogado adoptando en ese instante un tono paternalista—.

Ahora eres tú el que debe tomar una decisión.

Dale las vueltas que quieras, pero te acabarás dando cuenta de que esta es la mejor salida; la única, más bien.

Mañana por la mañana vendrán a buscarte para llevarte al juzgado.

Estate preparado y cuéntales todo lo que sepas, por tu bien.

De los delitos de tu hermano y también de lo de los chicos esos.

El abogado se levantó de la silla y se despidió de su cliente con un ligero movimiento de su mano izquierda, mientras con la derecha terminaba por secarse los últimos restos del sudor que todavía le quedaban en el rostro.

El pez había mordido el anzuelo. Nicolae le siguió con la mirada.

El shock había sido tan fuerte para él que, en vez de pensar en lo jodido de su situación, lo único que hacía era observar cómo se desplazaba aquella mole humana hacia la salida, preguntándose cómo era posible que alguien que no llegaba al metro y medio pudiera pesar más de cien kilos.