La hora de los monstruos Miércoles, 17 de octubre de 2012 #3
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Miércoles, 17 de octubre de 2012 #3

Después de quince minutos de anuncios publicitarios y múltiples avances de los próximos programas de la cadena, el especial sobre la desaparición de los dos chicos regresó a los televisores de los más de diez millones de españoles que lo estaban siguiendo en directo.

Aunque tras el cuarto de hora pasado había un invitado menos: la madre de Bruno, a la que había evacuado el personal del programa, que había actuado de improvisado equipo de urgencias.

Lisandro respiraba aliviado con la pérdida de tan incómoda invitada y, a la vez, satisfecho por la gran expectación que, suponía, habría generado su intervención entre la audiencia. La frase «Queremos que vuelvan» resonaba con fuerza en su cabeza.

De vuelta a la realidad, era el momento de ceder el protagonismo a sus colaboradoras, sin perder de vista la posibilidad de nuevas intervenciones de Carmen, ya recuperada, y también de Luis, quien le había sorprendido por su soltura ante las cámaras.

—Como han podido comprobar desde sus casas, la emoción y la tensión que hoy se está viviendo aquí nos está superando a todos.

Ha sido imposible que Rosa siguiera con nosotros esta noche.

Todos deseamos que se recupere pronto del ataque de nervios que ha sufrido.

Conforme vayamos conociendo más noticias sobre su estado de salud, se las iremos comunicando.

Lisandro exhibió su mejor sonrisa y se dirigió a los sillones, donde le esperaban sentadas Esther Campillo y Concha Arnedo.

—No es necesario que les presente a estas dos mujeres que están hoy aquí para ayudarnos a esclarecer las dudas en torno a este misterioso caso y que van a intentar arrojar algo de luz sobre este escabroso asunto que nos ocupa.

—Buenas, Esther, ¿cómo estás? ¿Qué novedades nos puedes aportar esta noche?

—Hola, Lisandro. Antes que nada, quisiera mandar un gran mensaje de apoyo a estas dos familias que tanto están sufriendo.

—¿Qué puedes contarnos de estas personas con las que has convivido en las últimas semanas?

Les recordamos a nuestros seguidores que, desde finales del mes pasado, Esther Campillo ha tenido relación directa con ambas familias, por lo que ha compartido su dolor y ha podido elaborar el estupendo reportaje con el que hemos arrancado esta noche.

—Muchas gracias, Lisandro. Como acabas de decir, han sido muchas horas las que hemos pasado juntos y, aunque me hubiese gustado que las circunstancias fueran otras, ha sido todo un privilegio poder conocerlos a todos ellos y comprobar su tenacidad para que el caso no quedara en la sombra y consiguiese llegar a los hogares de toda España y, por fin, se empezasen a realizar los esfuerzos necesarios para encontrar a Bruno y a Mario.

—Hemos escuchado esta noche palabras de agradecimiento para las fuerzas policiales, pero veo que tú tienes una visión muy distinta de cómo se ha organizado la búsqueda y los activos empleados en ella.

—Cuando en dos meses no hay una sola pista verdadera, cuando después de casi sesenta días de su desaparición no hay una línea de investigación definida, eso quiere decir que alguien está fallando.

Para eso estamos nosotros aquí, para hablar sin el sesgo emocional que tienen estas personas que tanto están sufriendo.

—¿Qué ha fallado entonces en la investigación?

—Pues, básicamente, todo. La desidia del principio, el error inicial al afirmar en todo momento que se trataba de una chiquillada: todo esto hizo que se pasara el mes de agosto sin hacer nada.

Todos sabemos que las primeras horas y los primeros días en un suceso de desaparición son fundamentales, sobre todo cuando existe la fundada sospecha de un secuestro.

—Perdona que te interrumpa, Esther. Lo que estás diciendo es muy fuerte, y más aún delante de sus familias; ¿pueden entonces Bruno y Mario haber sido víctimas de un secuestro?

—Sí —contestó categórica Esther Campillo mirando a la cámara, con un monosílabo eterno y rotundo que provocó el silencio más gélido en el plató y en el salón de todos los telespectadores.

—Esa es una afirmación muy dura. ¿En qué te basas para llegar a esa conclusión?

—No es una teoría mía, ni de la redacción del programa.

Fuentes policiales nos han confirmado que, desde hace una semana, esa es la tesis que cobra más fuerza en estos momentos.

Podemos afirmar, Lisandro, que la investigación toma otra dimensión desde el momento en que se anuncia el programa especial de esta noche.

—¿Qué pistas se están siguiendo? ¿Quién o quiénes pueden ser los secuestradores de los dos adolescentes?

—Como te puedes imaginar, desde que se anunció este especial, todavía hay más cautela en las comunicaciones de la policía.

No obstante, nuestros reporteros han conseguido averiguar que todos los esfuerzos se centrarían en localizar un misterioso Hyundai rojo que aparece detrás de los chicos en la última foto que subieron a la red social Tuenti.

Y es que, según hemos podido saber, habría varios testigos que afirman haber visto subir a Bruno y a Mario en ese coche.

Ninguno ha podido facilitar el número de matrícula, que tampoco es visible en la imagen que te comentaba.

—¿Sería entonces esa la última vez que se les vio antes de su desaparición?

—Sí. Hasta ahora, todos los testimonios recogidos apuntaban a que los habían visto andando por la carretera, de regreso a Ciudad Real. Pero, según las últimas informaciones, los dos jóvenes se habrían subido a ese Hyundai a la salida de la discoteca.

—La intensidad de este programa está haciéndonos pasar momentos muy difíciles, como pueden percibir en los rostros de nuestros invitados. Luis —se dirigió Lisandro al padre de Mario con un teatral giro de cabeza—, ¿estabais al tanto de esta noticia?

—No —contestó el hombre, perplejo por las novedades que había oído—. No teníamos ni idea.

—Esperanzados por el vuelco que da la investigación con estas revelaciones y conscientes de que por fin podemos estar llegando a algo, me gustaría dar paso a nuestra última invitada, nuestra colaboradora Concha Arnedo.

Llegamos a un momento duro, y vamos a hablar de cosas que pueden incomodar y molestar a las familias, pero es necesario que sepamos quiénes son Bruno y Mario, y en esta ardua labor nos va a ayudar Concha. Hola, Concha. Bienvenida.

—Muchas gracias, Lisandro —contestó Concha.

Su cara regordeta lucía una espléndida sonrisa, encantada con el sucio rol que le iba a tocar encarnar.

—Hasta ahora hemos conocido a los dos chicos, Bruno y Mario, por boca de sus familiares. Pero ¿cómo son en realidad? ¿A qué se dedican? ¿Hay algo oscuro que no sepamos de ellos y que pueda tener alguna relación con su desaparición?

—Lo que sabemos de ellos es lo mismo que nos han contado: que son dos adolescentes como cualesquiera de su edad, amantes de los coches y el fútbol, y no muy buenos estudiantes.

Aunque, en el caso de Mario, eso parecía estar cambiando y, por lo que nos ha comentado una amiga muy especial, tenía intención de cursar una carrera universitaria.

Este es un punto que había causado bastante malestar entre ellos.

Bruno había dejado ya los estudios de forma casi oficial para dedicarse a otros asuntos, y Mario no estaba dispuesto a seguir el mismo camino.

—¿De qué se trata, Concha?

—De asuntos… —Concha dudó durante unos instantes antes de soltar la bomba—, asuntos de drogas.

Bruno había sido fichado en dos ocasiones por posesión y, por lo que he podido averiguar, la policía municipal le estaba siguiendo la pista al estar relacionado con la venta de hachís, pastillas y cristal en el instituto en el que estudiaba hasta hace un par de meses.

—Sé que esta revelación está siendo especialmente dura para Fernando, quien ha visto cómo su mujer ha tenido que abandonar el programa visiblemente traumatizada, pero debo formularle esta pregunta: Fernando, ¿sabías algo de esas actividades en las que estaba involucrado vuestro hijo?

—Sospechábamos que andaba metido en algo malo.

Desde que yo perdí el trabajo —comentó lastimoso Fernando, como queriendo excusarse por haberse quedado en el paro y haberse convertido en la causa de los líos en que su hijo andaba metido—, todo ha ido de mal en peor.

La policía nos dijo lo de las drogas, pero Rosa…

Rosa no quería oír nada al respecto y en casa nunca hablábamos de ello.

Alguno de los antiguos compañeros de la fábrica me había advertido de los nuevos amigos de Bruno.

Mala gente. Por eso, cuando vi a Mario en casa hace una semana, me puse muy contento, pues hacía mucho que no los veía juntos. Mario siempre fue un gran chico.

Las lágrimas empezaron a surcar el ajado rostro de Fernando. Lisandro hizo gestos al realizador para que aguantara un poco más el plano. Todo estaba saliendo a pedir de boca. Solo quedaba el epílogo para despedir el programa.

—Concha, ¿puede haber tenido algo que ver la droga en la desaparición de Bruno y Mario?

—Como ha comentado mi compañera Esther, la pista del Hyundai rojo es la más sólida, y sí, la policía piensa que puede tener relación con el tráfico de drogas.

Uno a uno, fueron desfilando por la pantalla los rostros cariacontecidos de los familiares de los chicos.

Lo que se preveía una melodramática jornada de apoyo a su sufrimiento se había convertido en una inesperada crónica negra de la vida privada de los muchachos, que ante muchos ojos habían pasado ahora de inocentes víctimas a culpables de delitos pendientes de aclarar.

El cenit emocional ya no podía dar más de sí y, convencido de ello, Lisandro decidió cerrar ese primer programa, emplazando a los desconcertados familiares, colaboradores y espectadores al programa especial que se emitiría en siete días, no sin antes recordar que el viernes también habría una interesante entrevista en Directo para ti de los viernes y animando al público a que dejara sus comentarios en las redes sociales.