28 #2
—Es satisfactorio haber ayudado, aunque lo cierto es que yo he hecho muy poco.
Pilar es quien ha protegido el libro todo este tiempo, la que ha corrido todos los riesgos.
Es una mujer asombrosa. Igual que Evita.
Y Eva también lo fue. Bennett está muy orgulloso de su abuela, como tiene que ser.
Los he dejado ahí charlando. Se han caído muy bien.
Pilar y Evita le están hablando de Cuba y de Eva.
—¿Qué van a hacer con el libro? —preguntó Luke.
—Han hablado de lo que habría querido Eva.
Bennett va a buscar una editorial que lo publique.
Quiere que la gente pueda leer las palabras que escribió su abuela y que conozcan la historia.
Pilar escribirá la introducción de la nueva edición.
Tanto Bennett como Evita están de acuerdo en que es la persona ideal para contar el resto de la historia y el extraordinario papel que jugó en ella.
—¿A Bennett ya no le preocupa la publicidad?
—Ha decidido que esta es la mejor forma de honrar a su abuela. Ha sugerido donar una parte de lo que se recaude con la venta de los libros a una fundación literaria en homenaje al señor Thornton. —Margo sonrió con tristeza—. Creo que le habría gustado.
—Yo también lo creo. —La miró de reojo—. ¿Vas a leerlo? He de admitir que después de todo lo que hemos oído hablar del libro, yo sí tengo ganas de leerlo.
—¿Verdad que sí? Creo que me haré con uno en cuanto lo publiquen. El original está con Bennett y su familia, que es donde le corresponde estar. —Observó a Luke un momento—. Podías haberme acompañado. Esto lo hemos hecho los dos juntos desde el principio.
Él negó con la cabeza.
—Ya me conoces. No tengo una relación tan estrecha con los clientes. Me alegro de que se haya hecho justicia en cierto modo.
Margo se abrazó, tratando de entrar en calor. «¿Y ahora qué?».
—El funeral del señor Thornton será dentro de unos días —dijo—. ¿Vas a acompañarme?
—Por supuesto —respondió, y vaciló antes de continuar—. ¿Cómo tienes la semana de trabajo?
Se había tomado unos días libres después del ataque, pero estaba deseando volver. Se le estaban acumulando correos electrónicos de clientes a los que tenía que responder.
—Tengo que buscar un cuadro, una reliquia familiar desaparecida a principios del siglo xx. Ah, y Bennett me ha dicho que tiene otro encargo para mí, algo relacionado con unas sillas de Luis XIV.
—¿Vas a seguir trabajando para él?
—Sí.
—Te cae bien.
Margo sonrió.
—Creo que sí. Te aseguro que no pensé que lo diría, pero la verdad es que me gusta. Creo que quiere mucho a su familia y está orgulloso de su legado, bueno, quitando a James Webber. No parece que nadie le tenga mucha estima, y con razón.
»¡Ah, se me había olvidado! Escribí a Oliver Reston para decirle que ya no hacía falta que siguiera buscando.
Le alegró saber que la editorial de sus antepasados hubiese jugado un papel en la historia.
Entre los correos que hemos intercambiado, un día me comentó algo sobre un guardapelo que perteneció a su madre y que esta tuvo que vender en un momento de apuro económico…
—Sí que tienes proyectos a la vista —murmuró Luke, sonriendo.
—Eso parece. A lo mejor me da para terminar de pagar el crédito de estudios —bromeó ella—.
Pero me alegro. Me gusta tener trabajo. —Se giró hacia el restaurante—.
Antes, cuando Pilar le ha dado el libro a Bennett y he visto lo mucho que significa para él y toda la historia que guarda en su interior, me he acordado de por qué elegí este trabajo.
Siento que lo que hago importa, aunque solo sea un poco.
—Eres asombrosa.
Margo se sonrojó.
—Lo digo en serio —continuó Luke—. Sé que vas a estar muy ocupada con todos esos objetos perdidos que quieren que encuentres, pero ¿crees que vas a tener alguna noche libre para cenar conmigo?
Margo sintió una suave agitación en el pecho.
—¿Quieres que salgamos en plan cita?
Luke se rio, una risa profunda y generosa que la envolvió.
—Sí, te estoy pidiendo que salgamos. Había pensado en invitarte a cenar, donde tú quieras, tú eliges. Y, en aras de la transparencia, admito que puede que después intente convencerte para que vengas a mi casa.
—No te costará mucho convencerme —admitió ella.
—¿No?
Margo negó con la cabeza.
—Me alegro.
—¿Vamos a hacerlo otra vez? —preguntó—. ¿Después de lo que pasó? Estamos divorciados.
—Ya lo sé. Pero dudo que seamos la primera pareja divorciada que decide volver a intentarlo.
—Ya hemos pasado por esto y sabemos dónde terminamos. ¿Por qué esta vez va a ser diferente?
—Cierto —respondió él—. Puede que nos encontremos con los mismos problemas, pero ahora somos más mayores y más sabios. Desde luego, tenemos más experiencia.
—No creo que vaya a ser nunca el tipo de mujer que cocina y hace la colada. En el área doméstica soy un desastre.
Luke se rio otra vez.
—Soy capaz de hacerme la colada. Y no me importa cocinar a veces. Y siempre podemos pedir comida o cogerla para llevar.
—Sigo sin saber si quiero ser madre. Y mi trabajo… es muy importante para mí. Estoy orgullosa de la empresa que he construido.
—Lo sé —respondió—. Y ahora lo entiendo.
Cuando nos casamos, pensaba que teníamos que seguir un plan determinado, unos pasos en la vida.
Y no se me ocurrió pensar que a lo mejor esos pasos no eran los adecuados para nosotros.
No tenemos que intentar plasmar la imagen que otros tienen de cómo debería ser un matrimonio.
Haremos lo que se adapte mejor a nosotros.
—Esta vez sí sé lo que hay al otro lado si no funciona, sé lo que es perderte —dijo Margo con el pulso atropellado—.
¿Puedo sobrevivir? Sí. Pero no quiero hacerlo.
No quiero estar un día más sin ti y creo que tú tampoco.
Así que sí, me gustaría intentarlo. Trabajar en los aspectos de nuestra relación que no funcionaron la otra vez, encontrar el término medio.
Hacer que nuestras respectivas vidas encajen.
Te quiero. Siempre te he querido. Nunca dejé de hacerlo.
Esas palabras seguían dándole miedo. Puede que no dejaran de hacerlo nunca. Pero después de haber conocido a esas mujeres tan extraordinarias, un ejemplo de valentía, no le parecía que fuera momento de tener miedo.
—Yo también te quiero. —Luke le tomó la mano—. ¿Te acompaño a casa?
Margo asintió con la cabeza. Luke echó a andar, de pronto se paró y la abrazó. Margo notó humedad en el pelo. Levantó la cabeza y vio que estaba empezando a nevar.
Se rio y besó a Luke en los labios, en medio de la acera atestada de gente, y esta vez le dio igual que estuviera nevando.
Siguieron caminando, entre los escaparates navideños y las hordas de gente, turistas y locales por igual, que trataban de abrirse camino.
Al doblar la esquina vieron una librería un poco más adelante, a la derecha.
Margo se detuvo. La asaltó el recuerdo del señor Thornton el día que le regaló aquella novela de misterio ambientada en Barcelona y lo agradable que había sido leer en la cama, dejarse llevar por la historia durante unas horas.
La forma en que hablaba Pilar de Tiempo para olvidar…
Ella no se había encontrado nunca con un libro así, que fuera tan importante para ella, una lectura que la acompañaría el resto de su vida, pero quería que le pasara.
Le gustaban los desafíos.
—Quiero entrar un momento —le dijo.
Él asintió con la cabeza y entró con ella.
Margo habría pasado por delante de aquella librería diez o veinte veces, pero no había entrado nunca. Era un lugar muy agradable, con muchos clientes, algunos curioseando los libros de las mesas, otros leyendo en las sillas dispuestas en diversos puntos de la librería.
Se les acercó una librera con una sonrisa amplia y acogedora.
—¿Puedo ayudarles? —preguntó.
—Sí, gracias —respondió Margo—. Estoy buscando un libro.