Epílogo
Extracto del prólogo de la nueva edición de
Tiempo para olvidar
Casi setenta años separaban su vida y la mía, y aun así las palabras que Eva compuso en su maravillosa novela resonaron en mí como no me había ocurrido nunca con un libro.
Ya no me sentía sola, ya no sentía que el régimen hubiera acallado mi voz, porque había alguien que lo entendía, que sabía cómo eran los difíciles momentos que estaba atravesando.
Encontré esperanzas en sus palabras, su fuerza me sirvió de inspiración.
Aquellas noches aciagas en las que dudaba si podría seguir adelante, la novela de Eva Fuentes fue mi salvación.
Le estaré eternamente agradecida por ello.
He dedicado toda mi vida a los libros. En Cuba, donde era bibliotecaria, aprendí el poder que encierran las palabras: cómo las retuercen los políticos, como Fidel Castro, para formar mentiras y falsas promesas; cómo su mera existencia puede considerarse una amenaza por su capacidad para inspirar, para transformar.
Podría dar un millón de razones para explicar por qué esta novela me hablaba: las similitudes entre mi vida y la de la protagonista, Ana; los paralelismos inevitables entre dos períodos de la turbulenta historia de Cuba; el modo en que el libro llegó a mis manos en el momento justo.
Pero lo cierto es que en los libros reside una magia inexplicable, algo que no es fácil evaluar o cuantificar.
No puedo prometerte, lector, que la novela vaya a hablarte como lo hizo conmigo.
Esa es la naturaleza de los libros, una verdad que he vivido en primera persona a lo largo de mi carrera de bibliotecaria.
Hay un libro ahí fuera esperándote. Puede que no sea este, pero llegará un momento en tu vida en que entres en una historia y el libro te hable como no lo había hecho ningún otro.
Hay libros especiales que se cruzan en tu camino una sola vez en la vida, libros que cambian vidas.
Este cambió la mía.
Pilar Castillo
Bibliotecaria