La historia perdida de Eva Fuentes 27
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MARGO

Margo estaba sentada junto a Luke en la casa de subastas, hecha un flan. Después de todo lo que había pasado seguía costándole trabajo creer que hubieran dado con el libro, que estuviera esperándolos.

Le sonó el móvil. Bennett Baskin no dejaba de enviarle mensajes de texto preguntando si ya tenía el libro, cómo era, cuánto iba a costar. Tras pedirle permiso, lo habían puesto en contacto con Adriana Josephs. «Esperando para verlo», escribió Margo.

Oyeron pasos y al cabo de un momento entró el contacto de Luke en la casa de subastas, Porter Cavendish, con el libro.

Margo y Luke se inclinaron hacia delante.

—Aquí está —dijo al tiempo que lo dejaba sobre la mesa, delante de ellos.

La cubierta era de cuero verde, muy bonita, con el título grabado en letras doradas y debajo el nombre de Eva Fuentes. Se notaba que era viejo y estaba un poco gastado en algunas partes, como si hubiera hecho un largo viaje.

—¿Puedo? —preguntó Margo.

El hombre asintió con la cabeza.

Margo examinó la cubierta con sumo cuidado y lo hojeó. No había dedicatoria, el primer capítulo empezaba con la historia de una joven en una fiesta en una casa en La Habana. Deseó que el señor Thornton estuviera a su lado.

—¿Cuánto pide por el libro? —preguntó—. Tengo un cliente interesado.

Le llegó otra notificación al móvil. Probablemente, sería Baskin.

«Muy interesado».

—Aún no tenemos precios de salida en los artículos. Forma parte de una colección de artículos más grande, libros y obras de arte. Todo cubano, por si le interesa a su cliente.

Margo se quedó sorprendida. ¿Y las obras de arte de dónde procedían? ¿Sería la colección personal de Pilar Castillo?

—Ya le diré algo. Lo que más le interesa por el momento es el libro. Y nos gustaría hablar con Pilar Castillo, si es posible.

El hombre se lo pensó.

—No sé si querrá verlos.

—¿Podría hablar con ella? Por favor. Mi cliente tiene un vínculo personal con el libro. Tiene mucho interés en saber más sobre él y cree que ella podría ayudarlo a entender algunas cosas.

Probablemente estuviera desvelando más de lo que debería si quería conseguir un precio bajo, pero quería hablar con Pilar Castillo, quería conocerla para poder completar las lagunas de información.

—Veré qué puedo hacer. Un momento, por favor.

El señor Cavendish salió a hacer la llamada y los dejó a solas con el libro.

En ese momento llamaron a Luke por teléfono.

—Ahora vuelvo —le dijo, moviendo los labios sin articular sonido mientras se levantaba de la silla.

Margo observó el libro invadida por una combinación de emociones.

Curiosamente, no estaba la satisfacción que sentía por lo general cuando encontraba un objeto que le había costado especialmente.

No podía ignorar el coste tan alto que había pagado por ese libro, no podía quitarse de la cabeza al señor Thornton malherido en el suelo de su librería, sus últimos momentos de vida.

Luke volvió a entrar.

—Perdona. Era la policía. Quieren hablar conmigo.

—¿De qué?

—Estaban revisando las cámaras de seguridad de la zona de la librería y me han visto. Quieren saber qué hacía allí. He respondido a sus preguntas por teléfono, pero quieren verme en comisaría. —Se encogió de hombros—. No pasa nada. A lo mejor consigo averiguar algo más.

—No pensarán que tuviste algo que ver, ¿no? —dijo Margo con preocupación.

—Lo dudo. No me preocupa. Y míralo por el lado bueno. A lo mejor por fin han decidido considerar lo que les hemos contado y están buscando la conexión entre el libro y la muerte del señor Thornton.

—¿Y la teoría del robo?

—Coartada. Tienen al tipo que robó en la panadería, pero estaba en un pub con un montón de testigos, y también está presente en las grabaciones de las cámaras de seguridad a la hora que mataron al señor Thornton.

Ahí no hay nada que hacer. Creo que el detective me lo ha dicho solo por cortesía profesional, porque en su momento yo fui detective como él.

Están otra vez en el punto de partida y quieren estudiar los hechos desde una perspectiva nueva, como ha dicho.

Estas cosas pasan. A veces no sabes cómo encajar la respuesta más sencilla y vas por el lado más complicado.

»Además, me ha llamado Adriana. Me va a enviar pantallazos de los mensajes que intercambió con otros usuarios del foro. Y se ha puesto en contacto con Baskin. Seguro que van a encontrarse en Edimburgo.

Porter Cavendish regresó.

—He hablado con Pilar Castillo. Dice que puede verlos aquí mañana a las nueve. Y cerrar las condiciones de la venta.

—Aquí estaremos —confirmó Margo, aunque preferiría no tener que esperar tanto.

Margo entró en su piso y cerró rápidamente con llave.

En ese momento recibió un mensaje de Luke:

Casi he terminado. Voy para tu casa, no tardo. Adriana me ha enviado los pantallazos. A ver si Bea puede empezar a comprobar los nombres de usuario.

Besos.

Margo abrió el correo electrónico, entró en el mensaje que le acababa de enviar Luke y pinchó el archivo adjunto, bastante grande.

Los pantallazos mostraban conversaciones que había mantenido Adriana con varias personas del foro.

En un principio parecía que era una web centrada en la genealogía, pero también entraban personas que buscaban objetos y bienes que les habían sido arrebatados a sus dueños legítimos.

Había varias personas con las que se comunicaba con regularidad, y tomó nota de los usuarios.

Fue hacia el salón y encendió la luz que tenía junto al sofá mientras leía los mensajes en el móvil…

Oyó un crujido. Se quedó inmóvil en medio de un déjà vu que la llevó de golpe y porrazo a la tarde que fue a ver al señor Thornton a la librería.

Y entonces se fijó…

Una luz suave procedente de su dormitorio, la luz de la pantalla de su portátil… Y no se lo había dejado encendido.

Retrocedió un paso y otro con el corazón acelerado, tratando de no hacer ruido.

Otro crujido.

Y pasos a continuación. El ruido de botas sobre el suelo de madera.

Presionó el botón de llamada de emergencia del móvil.

Natalia Evans salió de su habitación tan estilosa como el día que la visitaron en su piso de Knightsbridge. En esa ocasión vestía un jersey negro de cuello alto, mallas también negras y unas botas alucinantes del mismo color.

Llevaba una pistola en una mano y la memoria usb del señor Thornton en la otra.

—Tira el móvil al suelo —le ordenó.

—¿Qué hace usted aquí? —preguntó Margo, repasando mentalmente lo que les dijo el día que fueron a verla.

—El móvil. Tíralo —dijo con dureza—. O te disparo.

Margo obedeció con mano temblorosa con la esperanza de que hubiese conectado con emergencias.

Y de repente se acordó del día que fueron a verla y le habló de la memoria usb y la información que contenía: la referencia a su web. ¿Por eso estaba en su piso? ¿Buscaba el usb porque ella le había dicho que el señor Thornton había estado investigando?

Pero ¿por qué? ¿Para qué quería el libro? ¿Qué tenía que ver ella en el asunto?

«Entretenla. Entretenla hasta que llegue la ayuda».

Siempre y cuando la llamada hubiera salido.

O Luke estuviera cerca.

—Ha venido a por la memoria usb, ¿no es así? Por eso envió a alguien a la librería aquella noche, ¿verdad? Estaba en contacto con el señor Thornton sobre el libro y quería saber lo que había averiguado sobre usted. ¿Pretendía matarlo o las cosas se descontrolaron?

Margo retrocedió otro paso, en dirección a la puerta.

—Yo no lo haría —dijo la mujer—. Te dispararía por la espalda antes de que te diera tiempo a girar la llave en la cerradura.

Y yo no estaba en contacto con tu señor Thornton.

O no con mi verdadero nombre. Mandé al caballero que te estaba siguiendo a que le hiciera una visita.

Ni siquiera sabía que el señor Thornton conocía mi existencia hasta que me hablaste del usb.

Fue mala suerte que encontrara mi web, aunque tampoco me sorprende, dado que teníamos intereses cruzados.

Luke le había dicho que ya estaba terminando en la comisaría. ¿Podría entretenerla hasta que llegara?

—¿Qué tiene que ver usted en todo esto? ¿Por qué quiere el libro?

¿Sabría que Tiempo para olvidar estaba en una casa de subastas en ese mismo momento a punto de subastarse? ¿Sería por eso por lo que había ido a por el usb?, ¿para no dejar ningún cabo suelto?

—El libro me da igual. Esto tiene que ver con la bibliotecaria. Quiero la lista.

¿La bibliotecaria? ¿Qué quería ella de Pilar Castillo?

—¿Pilar Castillo?

«Haz que siga hablando».

—¿Qué quiere de ella? —continuó Margo—. ¿Qué lista?

—Le arruinó la vida a mi padre. Terminó matándolo. Tras la Revolución, arrestaron a su marido por subversión ideológica. Sospechaban que ella también estaba implicada en los asuntos de su marido, pero no tenían pruebas. La policía decidió finalmente que no era peligrosa y la dejaron en paz.

»Pero corrían rumores de que alguien estaba ocultando libros y ayudando a sacarlos a escondidas.

Esos libros pertenecían al Estado, no a las ratas que abandonaron Cuba.

Algunos eran muy valiosos. Ella se dedicaba a robarlos y ocultarlos.

Lo descubrió uno de los militares de Castro y cuando se presentó en su casa para plantarle cara y detenerla, esa mujer intentó matarlo, pero no pudo evitar que descubriera que había hecho una lista de los libros que había protegido y el lugar en el que los había ocultado, y que la había metido en un ejemplar de Tiempo para olvidar .

Esos libros valen una fortuna. Millones.

Todo el tiempo habían estado tratando de entender qué tenía ese libro para que hubiera gente dispuesta a matar por él. Natalia Evans acababa de darle un millón de razones…

Pero seguía habiendo algo que no cuadraba.

—¿Cómo sabe que siguen estando en Cuba? ¿Y si los sacó del país?

—¿Cómo iba a sacarlos de Cuba sin que nadie se diera cuenta?

Habría sido muy difícil. Además, la policía tenía un informante, alguien que trabajaba en la biblioteca y conocía sus hábitos, alguien que la conocía bien.

Dijo que ella jamás haría nada que pusiese en peligro los libros, y su círculo de personas de confianza era muy reducido.

No tenía forma de sacar los libros de allí.

—¿En qué momento se metió en esto? Cuando ocurrió, usted no había nacido siquiera.

«Haz que siga hablando hasta que lleguen a salvarte».

—El militar herido era mi padre —respondió la mujer—. No volvió a ser el mismo después de que intentara matarlo. Me contó la historia cuando era pequeña. No sabes cómo era la vida en Cuba. Tenía una carrera prometedora y ella se la arrebató.

—Entonces, no es solo por el dinero, ¿no?

Es algo personal. La web sobre los bienes robados en Cuba es una patraña.

Todo lo que nos contó el día que fuimos a verla era mentira.

Lo que nos dijo sobre sus padres y su familia.

Todo este tiempo ha estado trabajando para la gente a la que manifestaba odiar.

—Una tapadera —corrigió ella—. Y me ha ayudado mucho. Recojo información y se la entrego a las personas adecuadas. La web era la forma perfecta de ponerme en contacto con los círculos de exiliados y ganarme su confianza.

—Y después traicionaba esa confianza.

La mujer se encogió de hombros.

—Adriana Josephs nos ha enviado los pantallazos de su participación en el foro, los nombres de usuario de las personas con las que se comunicaba. Apuesto a que pronto averiguaremos que usted es una de esas personas, ¿a que sí?

—Quería saber quién andaba detrás del libro —confirmó Natalia Evans.

—Pero ¿cómo sabía que tenía que seguirme?

—Mi hombre no te seguía a ti. Seguía a Greer. Estaba haciendo muchas preguntas sobre el libro. Cuando me di cuenta de que estabas buscando el libro para él, pasó a ser interesante.

—Y mandó que mataran al señor Thornton.

—Yo no le mandé que hiciera nada. Ahí metió la pata. A veces, la gente no hace aquello para lo que la contratas. Se suponía que solo tenía que conseguir la información sobre el libro. Pero complicó las cosas más de lo debido.

—¿Por qué ahora? ¿Después de tanto tiempo? —Margo pensó en los rumores que había oído, en la preocupación de Baskin de que había alguien más interesado en su adquisición—. ¿Fue porque le llegaron rumores de que iban a subastar el libro?

Natalia Evans sonrió.

—¿Quién crees que hizo correr el rumor?

Tardó un momento en…

¿Cómo atraer a alguien a quien estás buscando?

—El ejemplar de Tiempo para olvidar de la casa de subastas no es el libro verdadero, ¿no es cierto?

—No. ¿Qué mejor forma de conseguir lo que quería que hacerme pasar por Pilar Castillo y decir que tenía el libro en mi poder?

De hecho, fue Adriana Josephs quien me dio la idea de forma indirecta cuando empezó a buscarlo en el foro.

Ella fue una de las personas que pusieron en marcha el asunto.

Me hizo recordar lo que me contó mi padre.

No vivía nadie que hubiera visto el verdadero libro, así que no me costó nada crear uno falso.

—¿Y Pilar Castillo?

—Desapareció la noche que atacó a mi padre. No volvió a su casa. No volvió a la biblioteca en la que trabajaba. No hay indicios de su existencia en Cuba ni tampoco de que saliera de allí. Es como si se hubiera transformado en un fantasma.

—¿Pretendía atraerla a ella también, si es que aún vive —murmuró Margo, haciendo cálculos mentales—, sacando a subasta el libro falso?

No le dio tiempo a contestar. El sonido bajo pero insistente de las sirenas se coló en la casa. Estaban en Londres, se oían constantemente, pero le dio a Margo la oportunidad que necesitaba.

La mujer se giró al oír el ruido.

¿Iba alguien a atender la llamada? ¿A qué distancia estaban? Tenía una sola oportunidad.

Mientras hablaban, la mujer se había ido acercando a Margo poco a poco, con cada frase, cada revelación. Margo se tiró sobre ella y cayeron de golpe al suelo.

La sirena seguía sonando a lo lejos.

Margo le dio una patada en el estómago con la pierna libre. La mujer chilló, pero levantó el brazo y, tras golpearle con la culata de la pistola en la cabeza, le puso el arma en la sien.

Sintió un dolor intenso y empezó a verlo todo borroso. Aun así, oyó pasos y gritos detrás de ella, los de la policía entrando en tromba. Notaba que le iba a explotar la cabeza y que estaba a punto de perder la consciencia.

Alguien le tomó la mano y seguidamente oyó la voz de Luke en el oído.

—Tranquila. Ya estás a salvo.

Margo abrió los ojos despacio. Luke se inclinó sobre ella.

—Natalia Evans —murmuró mientras la levantaba—. Ella es la culpable de la muerte del señor Thornton. El ejemplar del libro es falso. Se ha hecho pasar por Pilar Castillo.

Mientras Luke la sacaba de allí, Margo cruzó una mirada con la mujer en el momento en el que la policía le ponía las esposas.