25
MARGO
—Creo que hay una relación entre Bennett Baskin y Eva Fuentes.
Se había pasado gran parte del vuelo desde Boston buscando información sobre ese hombre con la fluctuante conexión a Internet del avión.
Por lo que había podido averiguar, se había hecho rico invirtiendo en el negocio inmobiliario centrado en propiedades comerciales.
Era estadounidense, pero por lo que parecía, gran parte de sus operaciones se llevaba a cabo en el Reino Unido, lo que explicaba su pertenencia a un club privado.
Había encontrado alguna foto suya en diversos eventos de carácter benéfico, pero por lo general trataba de no llamar mucho la atención.
Aparentaba alrededor de sesenta años y apostaría a que uno de sus progenitores era el hijo que Eva había dado en adopción, razón por la cual estuvo en aquel hogar en Boston en la época en la que se publicó el libro.
Luke sonrió.
—Imaginaba que ese era el motivo por el que habías accedido a reunirte con él. Veía girar los engranajes en tu mente, pero no sabía qué conclusión habías sacado. Creo que tienes razón. La edad encaja.
—Y entiendo el valor sentimental del libro, pues lo habría escrito su abuela —añadió Margo—. Lo que no entiendo es por qué hay otra persona dispuesta a cualquier cosa por conseguirlo.
—Estoy de acuerdo. Espero que arroje algo de luz sobre qué es lo que oculta ese libro.
—Si confirma nuestras sospechas y nos da permiso para contárselo a Adriana, ¿crees que con ello dará por cumplido su deber de devolverlo a la familia de Eva Fuentes? —preguntó Margo.
—Tendré que hablarlo con ella, pero creo que sí.
En otro tiempo, Margo habría esperado, temerosa de hacer frente a sus sentimientos, de mostrarse vulnerable, pero ya no era la misma persona, no quería que el pasado definiera su vida. Quería ser valiente.
Margo entrelazó los dedos con los de él.
Luke se acercó más a ella en el asiento, le rodeó los hombros con el brazo, y Margo se apoyó en él.
Miró la hora. En una hora aterrizarían en Heathrow.
Antes de abandonar Boston, le había escrito a Greer la dirección de su pub favorito de Mayfair y le había dicho que se reuniría con él a su llegada a Londres.
Era cliente habitual desde la universidad y el personal la conocía bien.
Aprovechar la ventaja de jugar en casa era importante.
Por no hablar de que tenía a su lado a Luke.
Margo los vio nada más entrar con Luke en el pub .
Estaban en una mesa situada en un rincón, y Willian Greer se había sentado de espaldas a la pared y no dejaba de mirar hacia la puerta. Si les sorprendió verla con Luke, no lo demostraron.
Margo echó un rápido vistazo a su alrededor, igual que Luke, pero no había nadie más aparte del personal, Greer y Bennett Baskin y un par de clientes habituales cerca de la barra.
Los dos se levantaron cuando se acercaron a su mesa.
Baskin era de constitución delgada con una buena mata de pelo oscuro, gris a la altura de las sienes.
Vestía un traje impecable desde el corte de la chaqueta y los pantalones azul marino hasta la camisa de un blanco inmaculado.
Era el tipo de traje hecho a medida en alguna sastrería antigua situada en una calle empedrada y con escudo de armas sobre la puerta.
Margo tomó asiento en una de las dos sillas libres y los hombres volvieron a sentarse. Notó que Luke vacilaba, molesto porque Greer hubiera cogido el sitio desde el que se tenía una mejor vista, pero no dijo nada y se sentó junto a Margo.
—Gracias por reunirse con nosotros —dijo Bennett con amabilidad, centrándose en Margo e ignorando por completo a Luke—.
Me llamo Bennett Baskin. Yo le pedí a William que la contratara para buscar Tiempo para olvidar.
Cuando se reunió con usted, le explicó que lo quería por motivos sentimentales. Y era verdad.
—Ha muerto un hombre. Creo que me debe una explicación. Es lo mínimo.
—Yo no he tenido nada que ver con eso.
—Lo mataron por culpa del libro. ¿Por qué hay alguien dispuesto a matar por él? ¿Y por qué lo quiere usted?
—Eva Fuentes es mi abuela.
Ahí estaba la pieza del rompecabezas que faltaba.
—Mi hija va a la universidad en Estados Unidos.
A sus amigos y a ella les interesa la genealogía por una asignatura que tienen.
Blair decidió hacerse una de esas pruebas de adn que te dicen tus orígenes étnicos y tu ascendencia.
Yo intenté disuadirla porque no me parece prudente dar tanta información personal a esas empresas, pero hace tiempo que dejó de hacerme caso.
Nos encontramos con varias sorpresas: una vinculación con Cuba que desconocíamos y el hecho de que mi hija tenía una familia de la que no habíamos oído hablar.
»Mi mujer sintió curiosidad por el asunto y decidió hacerse ella también las pruebas para ver si el misterio tenía que ver con su lado del árbol genealógico, pero no.
Era por mi parte. Así que contraté a un investigador, que empezó a hablar con miembros de la familia hasta que la verdad salió a la luz.
Mi madre era adoptada. Ella nunca lo supo y murió creyendo que mis abuelos maternos eran sus padres.
»Después nos enteramos de que su madre se llamaba Eva Fuentes, mi abuela. El investigador intentó averiguar todo lo que pudo sobre Eva, y descubrió que viajó a Harvard de joven, cuando era profesora en La Habana. Y que publicó una novela, Tiempo para olvidar .
—¿Y su abuelo? ¿Lo encontró?
—Lo encontré, sí. Esa fue la parte más fácil del rompecabezas. Apareció en las pruebas que se hizo mi hija. Mi abuelo era James Webber.
El nombre le sonaba de algo. Creía haberlo oído nombrar en clase de Historia de Estados Unidos.
—Fue senador, ¿no?
—Así es. Senador en Massachusetts. Intentó presentarse a las presidenciales, pero no lo logró.
Hizo fortuna en el mundo de la prensa, o mejor dicho, se casó con la heredera de un emporio de la prensa.
El padre de su mujer tenía un periódico en Boston.
James era el chico de los recados cuando empezó a tontear con la hija del jefe.
A la muerte de su suegro, James tomó las riendas del negocio familiar, que a esas alturas estaba constituido por una veintena de periódicos.
Eso fue justo antes de la Primera Guerra Mundial.
Su influencia aumentó a partir de ese momento.
—¿Sabía Eva que estaba casado? ¿Se aprovechó de ella?
—No lo sé. Esos son los detalles que faltan.
Tengo los hechos verídicos, los datos genealógicos, pero no sé lo que ocurrió entre ellos, cómo era su vida.
—Se le quebró la voz—. Desconozco el origen de mi madre, mi origen.
Hay muchas preguntas que me muero por hacer, pero no queda nadie que pueda darme una respuesta.
—¿Cree que su padre supo de su existencia? —preguntó Margo—. ¿Cree que sabía que tenía una hija y un nieto?
—No lo sé. No tuvo más hijos, al menos, que yo sepa. Su fortuna la heredó un sobrino.
—¿Cree que el sobrino es quien anda buscando el libro? —preguntó Margo—. ¿Cuántos años tiene?
—No, el sobrino murió hace unos años. Pero tiene tres hijos. Supongo que podría ser uno de ellos. Su fortuna debe de estar valorada en más de cien millones de dólares.
Una cantidad por la que mucha gente mataría.
Llevaban todo ese tiempo preguntándose qué tenía el libro para que alguien estuviera dispuesto a matar por conseguirlo. Puede que lo hubieran estado mirando desde el ángulo equivocado. A lo mejor no tenía que ver con el libro, sino con la vida de Eva.
—¿Sabe la familia de su existencia? —preguntó Margo.
—Lo desconozco. —Baskin guardó silencio un momento mientras miraba alternativamente a Margo y a Luke—.
Aún no he decidido qué voy a hacer. Mi madre…
mi madre era una mujer orgullosa. La familia era muy importante para ella.
Estaba muy unida a sus padres. Ella venía de un tiempo en el que no se mostraban los asuntos personales a todo el mundo.
Si voy por ahí, las cosas se pondrán feas y saldrán a la luz pública.
No sé si quiero pasar y hacer pasar a mi familia por eso.
»Yo no heredé mi fortuna, señora Reynolds. La he construido con mi trabajo, poco a poco. No he necesitado el nombre de mi abuelo para alcanzar el éxito, y no sé si lo quiero ahora. Y menos aún si era la clase de hombre capaz de aprovecharse de mi abuela y tratarla de una forma horrible.
—¿Sabe si el libro ofrece pruebas de que James Webber fuera el padre?
—No tengo ni idea. No conozco a nadie que lo haya leído.
—Cuando comenzó la investigación, ¿sabía que había alguien más interesado en el libro?
—Sí, había oído que había alguien más. Desconocía su identidad o el motivo por el que lo buscaba. Por eso en parte ordené a William que le transmitiera que era muy importante para mí que fuera discreta. No pensé que fueran capaces de matar por él.
—¿Trabaja para usted la persona que registró mi oficina? ¿Contrató a alguien para que me siguiera?
—No.
—¿Contrató a alguien para que siguiera a mi exmarido?
Baskin miró una vez a Luke con cara casi de arrepentimiento.
—Sí. —Y señaló a Greer.
—Entonces, ¿fue usted quien le hizo la foto a Luke? —preguntó Margo a Greer.
Greer asintió con la cabeza.
—¿Cómo supo que era él a quien debía seguir? —preguntó Margo.
—Al igual que usted, consultó las casas de subastas porque su cliente había oído que el libro podría salir a subasta. —Se encogió de hombros—. Tengo un contacto en una de esas casas de subastas y me avisó.
—¿Me contrató a mí por mi relación con Luke? —preguntó a Baskin.
—En parte. Hicimos algunas pesquisas y descubrimos que tiene usted buena reputación. Pero no perdíamos nada porque su exmarido también estuviera buscando el libro. Pensé que su relación personal podría ser útil a la hora de reunir información, más que si fuera un desconocido, eso desde luego.
—Entonces, ¿ordenó a Greer que me enviara la foto para mantenerme enganchada por si acaso se me ocurría dejar el caso? ¿Es eso?
—William lo hizo motu proprio . No me parece mal el método, pero yo no se lo ordené.
—¿Cree que algún pariente de James Webber está buscando el libro? ¿Cree que podría ser el responsable de la muerte de mi amigo?
Baskin dudó antes de contestar.
—No lo sé. Es posible. Si no es alguien de su familia, ¿quién puede ser?
—¿Por qué no me lo contó cuando me contrató? Su relación personal con el libro —preguntó Margo—. ¿No cree que podría haber tenido más posibilidades de encontrarlo de haber contado con toda la información necesaria?
—No estaba preparado para dejar que el secreto sobre los orígenes de mi madre saliera a la luz.
Además, era solo un libro. Pensé que sería una tarea moderadamente cara.
El investigador privado que contraté consiguió la información que le había pedido, pero carecía de experiencia en el mundo de las antigüedades o los libros.
—Suspiró—. Lamento mucho los inconvenientes que le he causado, y la muerte de su amigo.
»Solo quería saber quién era mi abuela. Cuando me enteré de que había publicado un libro, sentí que era mi oportunidad de conocerla mejor por mí, por mi hija y por la memoria de mi madre.
Sé que no se fía de mí, pero estoy dispuesto a pagar más si decide seguir con el caso.
Ese libro… —carraspeó—. Ese libro significa mucho para mí.
No puedo cambiar el pasado, no puedo compensar el que mi madre no conociera a su familia biológica.
Nunca tendré la oportunidad de conocer a mis abuelos.
Pero podría constituir un vínculo con ella, con su legado, un vínculo también para mi hija.
Margo había levantado su empresa escuchando al instinto. No siempre había un plano para llegar hasta los objetos, de modo que había tenido que aprender a confiar en su corazón a la hora de tomar decisiones. Y aunque no siempre acertaba, cada vez se fiaba más de sí misma.
Le habría gustado que el señor Baskin hubiera sido más franco desde el principio, aunque entendiera por qué no lo había sido. Y después de escuchar sus motivos había decidido creerlo. Además, como con tantos otros clientes, quería ayudarlo.
Miró a Luke buscando confirmación. Había estado callado todo el tiempo y dejó que llevara ella la voz cantante, puesto que era su cliente, pero leyó la expresión interrogante y asintió con la cabeza.
—Hemos localizado a la mujer que custodió el libro en Cuba… —empezó a decir.