10 #4
—Yo no te he enviado ningún correo. Parece que alguien quería que no hubiera nadie en la oficina esta mañana.
Muy bien, escucha, lo que quiero es que te tomes unos días.
De todos modos, no tenemos mucho trabajo ahora mismo.
Vete a ver a tus padres. —Los padres de Bea se habían ido a vivir a España cuando se jubilaron—.
A partir de ahora, hablaremos solo por teléfono.
Parece que el correo electrónico no es seguro.
—Muy bien. Yo también estoy preocupada por ti. ¿Puedo ayudarte de alguna manera?
—Sí, haz una cosa. Devuelve el dinero a nuestro cliente. No pienso seguir adelante con este caso. Las cosas se nos están yendo de las manos.
—Cuenta con ello.
—Gracias, Bea. Aparte de eso, estoy bien, pero te mantendré al tanto. Ah, sí, otra cosa. Me he dado cuenta de que alguien me ha estado siguiendo últimamente. Ten cuidado.
—Y tú.
Cortó la llamada y abrió el correo. Allí estaba el mensaje que supuestamente le había enviado a Bea. Le pasó el móvil a Luke.
—Bea está bien. Estaba en clase de yoga. Me ha dicho que anoche recibió un correo electrónico mío en el que le decía que se tomara el día libre. Me lo ha reenviado. Obviamente, yo no le envié ningún correo.
Luke examinó el correo.
—Lo enviaron a las tres de la mañana. ¿No fue a esa hora cuando dices que viste el coche aparcado delante de tu casa?
—Sí.
—Me pregunto si habrán hackeado tu wifi para acceder a tus cuentas —dijo, devolviéndole el móvil—. O a lo mejor solo te han clonado el correo electrónico. No lo sé. Pero parece que no querían que Bea se acercara por aquí.
—Eso parece, sí. A lo mejor no querían hacerle daño. A lo mejor no querían que las cosas fueran tan lejos como con el señor Thornton. Y, sin embargo, no se esforzaron por que yo no viniera por aquí. Me da la impresión de que ya me tenían localizada.
El móvil volvió a sonar y se sorprendió al ver el nombre que aparecía en la pantalla.
—Es Natalia Evans —le dijo a Luke—. La mujer de la web sobre los bienes de ciudadanos cubanos desaparecidos o robados.
Margo contestó y aún vaciló un momento antes de poner el altavoz para que Luke pudiera escuchar la conversación también.
—Dígame —respondió Margo.
—Buenos días. Me llamo Natalia Evans y he recibido un mensaje suyo a través del formulario de contacto de mi web.
Margo lo miró. A pesar de estar divorciados, lo conocía, confiaba en él más de lo que había confiado nunca en nadie.
Sabía defenderse como nadie que conociera y no tenía ninguna duda de que con él estaba segura.
Aunque ya no estuviera en su vida, una parte de sí misma siempre se preocuparía por él, y su bienestar siempre sería importante para ella.
Después de lo del señor Thornton no podría soportar que le ocurriera algo a él también por seguir con la investigación del libro. Tal vez lo mejor fuera unir fuerzas.
Margo repitió a la mujer lo que le había escrito en el mensaje: que la habían contratado para que buscara una novela desaparecida de una autora cubana y que había encontrado su web y quería saber si había oído hablar del libro.
—No me suena el título —respondió—, pero puedo revisar mis archivos para ver si alguien ha informado de su desaparición y llamarla de nuevo si averiguo algo. O si está libre hoy, podemos vernos. Vivo en Knightsbridge. No sé si le pillará muy lejos.
—En absoluto. No tardo en llegar. Tengo mucho interés en su trabajo. Le agradeceré mucho cualquier información que pueda darme sobre el libro. Creemos que existía una copia y desapareció durante la Revolución.
—Entonces ha acudido al lugar correcto. Mi misión consiste en tratar de localizar objetos robados o desaparecidos.
La mujer le dio la dirección de su piso y, tras quedar hacia el mediodía, cortó la llamada.
—Creía que no ibas a seguir trabajando en este asunto —dijo Luke— después de todo lo que ha sucedido. Margo, han allanado tu oficina, han asesinado a tu amigo…
—Ya sé lo que está en juego, pero a mi amigo lo asesinaron por algo que yo le pedí que investigara. Y ahora tú también estás implicado.
—¿Qué significa eso?
—No puedo… ¿Vas a decirle a tu cliente que vas a dejar de buscar el libro?
No respondió.
—Eso pensaba —respondió Margo.
—¿Qué pasa? ¿Ahora te preocupas por mí?
—No quiero que te pase algo por culpa de este caso —respondió ella, esquivando la pregunta y los incómodos sentimientos que despertaba en ella.
—Voy contigo a ver a Natalia Evans.
—Muy bien.
—¿Y después de que hablemos con ella qué? —preguntó Luke—. ¿Piensas ponerte en peligro por este caso?
Margo echó un vistazo a la oficina.
—¿Ponerme en peligro? Me parece que ya estoy en peligro, y quienquiera que vaya detrás de esa dichosa novela no va a saber si he decidido dejar de buscarla o no.
Ellos seguirán buscándola. Hasta ahora, ha sido todo un poco ponerme al día de la situación.
Ahora quiero, o mejor, necesito comprender qué es lo que pasa. Por el señor Thornton y por mí.
«Y por ti», añadió en silencio.
Luke la estudió detenidamente un momento, antes de contestar.
—Supongo que eso significa que vamos a Knightsbridge —dijo con un suspiro.