La historia perdida de Eva Fuentes 7 #4
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No pudo evitar preguntarse si la estaba interrogando porque le preocupaba su seguridad o para no dejar ningún cabo suelto en su propia investigación, pues los dos buscaban el libro.

—¿Vas a hablar con tu cliente? —preguntó Margo—. ¿Crees que podría ser la responsable de esto?

—No lo sé, pero pienso averiguarlo. ¿Y tú? Si alguien me está siguiendo, tu cliente sería el primer sospechoso. Ha sido él quien te ha mandado la foto.

No se le había pasado por alto que la insistencia del jefe de Greer en trabajar con ella podría deberse a que sabía que era la exmujer de Luke y que su agencia también estaba buscando el libro.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Luke—. ¿Vas a renunciar al encargo? Está claro que no puedes seguir trabajando para esa gente.

¿Cuántas veces habían tenido esa misma discusión?

Antes, y aunque la molestaba, comprendía que se preocupara porque estaba acostumbrado a ver cosas terribles, lo cual influía en su perspectiva sobre el mundo del arte, radicalmente diferente de la de los clientes de Margo, que disfrutaban coleccionando objetos y le enviaban notas amables para agradecerle que hubiera encontrado tal o cual artículo.

Al principio de trabajar juntos, el instinto protector de Luke se intensificó, pero lo que nunca entendió —y a ella le había llevado sus buenas sesiones de terapia entender— fue que haberse criado sola, sin nadie en quien apoyarse, había hecho que le costara confiar en los demás.

Los intentos de Luke de protegerla de las cosas desagradables, tanto en el trabajo como en la vida, habían conseguido que viviera con miedo y que se sintiera atrapada.

Igual que la sugerencia de que tuvieran un hijo.

—Aún no lo he decidido —mintió, porque tenía toda la intención de devolverles el dinero y cortar la relación.

Luke abrió la boca para decir algo, pero la cerró seguidamente mientras negaba con la cabeza.

—Me preguntaba qué tal te iba —dijo al final—. Si estabas bien. —Silencio—. Ha pasado… ¿cuánto? ¿Un año y medio?

—Un año y nueve meses.

—Un año y nueve meses —repitió él.

La última vez que se vieron los acompañaban sus respectivos abogados para firmar los últimos documentos del divorcio. No se dirigieron la palabra. No había palabras que expresaran con precisión lo que sentían en aquel momento.

—Todo bien… hasta ahora —respondió Margo—. Ocupada. Trabajando. ¿Y tú?

—Igual. Acabo de cerrar un caso en Luxemburgo.

Luke siempre había tenido un horario agotador, ya desde que trabajaba en la policía.

Recordaba cuando llegaba a altas horas de la noche, se metía en la cama hecho polvo y se abrazaba a ella con un suspiro de agotamiento.

Aquellos eran sus momentos favoritos de casada, cuando la abrazaba y ella estaba ahí para reconfortarlo en vez de andar corriendo con la lengua fuera tratando de llegar a todo.

Ella esperaba que trabajar juntos facilitara las cosas, pero Luke era Luke, él siempre lo daba todo o no hacía las cosas.

—Enhorabuena por tu nueva empresa, por cierto —dijo Margo—. Pensé en llamarte cuando me enteré de que te habías lanzado a trabajar por libre, pero no sabía si sería buena idea, no sabía si querrías hablar conmigo…

—Habría querido. Me refiero a que sí habría querido hablar contigo.

Pero entiendo por qué no lo hiciste. Cuando me enteré de este caso, y de que Mitch no podía ocuparse, pensé en llamarte para pedirte ayuda.

Al fin y al cabo, tú eres la experta en encontrar cosas.

Supongo que ir a ver al señor Thornton me pareció…

No terminó la frase, sino que dejó las palabras flotando entre los dos, aunque ella sabía lo que quería decir.

Recurrir al señor Thornton le pareció una opción más sencilla en vista de lo mal que habían terminado las cosas entre ellos.

Margo inspiró profundamente y se giró hacia la cocina antes de mirarlo a él de nuevo.

—Dile a Sasha que lo siento, por favor, no pretendía asustarla.

Lamento haber venido así a estas horas. —Sabía lo que tenía que decir, sabía que dadas las circunstancias tenía que mostrarse educada, aunque le doliera el alma—.

Parece encantadora. Me alegra que seas feliz. Que te vayan bien las cosas.

Y era verdad que se alegraba por él. Siempre había creído que Luke se merecía estar con alguien maravilloso. Los dos habían tardado mucho en comprender que ella no era esa persona.

—Lo es —respondió él tan bajo que Margo casi no pudo oírlo por culpa de su retumbar de la sangre y el latido de su pulso.

Tenía que irse.

Se movió instintivamente con la intención de despedirse educadamente de él con un abrazo o un beso en la mejilla, pero de repente se detuvo.

¿Qué se creía que estaba haciendo?

Terminó despidiéndose con un torpe gesto de la mano.

Los labios de Luke se crisparon.

—Te diré algo sobre el libro en cuanto hable con mi cliente —dijo Luke—. Hablaré también con la policía.

A Margo le faltó tiempo para salir corriendo de la que en otro tiempo había sido su casa. Se metió las manos en los bolsillos del abrigo para protegerse de la bofetada de aire frío. Apretó fuerte con la mano la memoria usb que le había dado el señor Thornton.

¿Por qué se la habría dado? ¿Y qué habría dentro?