7 #3
Levantó de golpe la cabeza con el estómago revuelto, incapaz de soportar la visión de la sangre. En ese momento decidió que iba a tirar todo lo que llevaba puesto.
—¿Hoy era la primera vez que ibas a verlo para preguntarle por el libro? —preguntó Margo, cambiando de tema.
Luke asintió con la cabeza.
—¿Qué te dijo?
—No mucho —admitió—. Que había oído hablar de él, lo que me sorprendió, ya que no era conocido.
La miró con expresión interrogativa, como queriendo confirmar que a ella le habían contado lo mismo. Margo inclinó la cabeza en señal de confirmación.
—Me dijo que me llamaría —prosiguió Luke.
¿Pensaba contarle el señor Thornton que Luke estaba buscando el mismo libro que ella? Se había quedado preocupado por ella tras el divorcio, por lo que no le habría extrañado que pensara contárselo, puesto que siempre había tenido más confianza con ella que con Luke.
—¿Has hablado del libro con la policía?
—Les he dicho que estaba ayudándome a localizar un libro.
No me dio la impresión de que les pareciera un dato especialmente pertinente.
Lo anotaron y ya. Creen que fue un robo.
Al parecer ha habido varios en la zona, como el atraco en una panadería.
Creen que el grado de violencia de los ataques está aumentando.
Puede que el señor Thornton ofreciera resistencia y los ladrones se pusieran nerviosos.
Cada vez que lo pensaba, el instinto le decía que no. No se imaginaba al librero arriesgando la vida por dinero. Por un libro a lo mejor, pero ¿por unos cientos de libras? Habría cooperado.
—¿Te pareció que habían tocado la caja? —preguntó Luke—. ¿Viste indicios de que hubieran forzado la puerta de la entrada?
Margo inspiró profundamente y cerró los ojos un momento, tratando de recordar lo primero que pensó al entrar, intentando deshacer sus pasos. Le dijo todo lo que recordaba de la escena, del desorden.
—¿Dónde lo encontraste?
—En la trastienda… La jarra de la cafetera estaba tirada en el suelo, rota.
Al principio pensé que igual se había herido él mismo.
Es una tontería, ya lo sé. Todo me parecía surrealista.
Jamás lo habría imaginado. No es precisamente un sitio en el que te encontrarías un cadáver, y menos aún una víctima de asesinato.
Pero había mucha sangre. —Inspiró hondo.
Agradeció sentir el oxígeno en los pulmones, que la ayudó a calmarse—.
Estaba tendido bocabajo, y no sabía si estaba vivo.
Solo sabía que necesitaba ayuda, así que llamé al servicio de emergencias.
—Hiciste lo correcto.
Ella aceptó el cumplido asintiendo con la cabeza, deseando poder creerlo también.
La verdad era que no había parado de dar vueltas al tiempo crucial que pasó entre que vio al librero y los servicios médicos declararon que había muerto, preguntándose si el resultado habría sido diferente si ella hubiera actuado con más premura, si hubiera ido más rápido al salir del metro, si no se hubiera detenido a leer el correo en el móvil, si hubiera presionado más fuerte la herida para detener la hemorragia, si hubiera llegado unos minutos antes.
—Creo que la persona que lo apuñaló estaba en la librería mientras yo le hacía compañía en la trastienda.
—¿Qué quieres decir? ¿Viste a alguien?
—Oí ruido mientras hablaba con la teleoperadora de emergencias.
Pensé que eran la policía y los sanitarios, pero la mujer me dijo que aún les faltaban unos minutos para llegar.
Había alguien en la parte delantera de la librería mientras yo estaba con el señor Thornton.
Oí la campanilla de la entrada. Creo que quienquiera que fuera salió por la puerta.
Luke se volvió y fue hacia el carro de bebidas que había en un rincón del estudio. Un momento después se giró de nuevo hacia ella con dos vasos de whisky en las manos.
El familiar aroma invadió el aire, despertando sus recuerdos. Le quitó el vaso sin decir una palabra y sus dedos se rozaron. Notó que estaba a punto de perder los nervios. Se lo bebió de un trago. Luke no tocó el suyo.
—¿Crees que lo han matado por culpa del libro? —preguntó Margo—. No me dio la impresión de que fuera especialmente valioso. Raro sí, pero ahora pienso que se me ha escapado algo…
—A mí me dio la misma impresión. Llevo solo unos días con el caso.
Como te he dicho, estaba terminando otro caso en Europa.
La hospitalización de Mitch ha sido totalmente inesperada, y no sabemos cuánto tardará en recuperarse.
Confiaba en que sería algo fácil. Lo último que necesita Mitch es preocuparse por el trabajo, pero sé que no podrá evitarlo.
De modo que la persona que había contratado a Mitch lo había hecho antes de que Greer y su jefe contactaran con ella.
Luke guardó silencio un par de segundos. Bebió un sorbo mientras la observaba por encima del vaso.
—Algo te ronda la cabeza.
Margo vaciló un momento.
—Creo que me están siguiendo.
Luke dejó el vaso encima de la mesa. Era una de las personas más ecuánimes que conocía. Podía contar con los dedos de una mano las veces que lo había visto perder los estribos, y todas ellas habían tenido lugar durante la nefasta disolución de su matrimonio.
Se percató de que en ese momento le estaba costando controlarse.
—Después de la reunión inicial con mi cliente en Mayfair, llamé a Bea para preguntarle si nos habían hecho la transferencia antes de ponerme a trabajar.
Había mucha gente por la calle y empezó a nevar.
Entonces me fijé en un tipo que caminaba detrás de mí.
Había unas chicas jóvenes entre él y yo, y me pareció que las miraba demasiado.
Me preocupó su actitud y decidí vigilarlo.
Pero cuando las chicas desaparecieron, él seguía allí.
Pensé que lo había perdido cuando me metí en el metro, pero cuando salí de la librería y volví al metro, estaba en el andén.
Yo conseguí meterme de un salto en el tren que llegaba de Notting Hill Gate y ahí fue cuando caí en la cuenta de que era el mismo hombre de antes.
—¿Y dices que ocurrió la primera vez que fuiste a la librería?
—Sí.
—¿Cómo era ese hombre?
—Rubio. Corpulento. Bastante alto.
—¿Algo más de uno ochenta?
Margo observó detenidamente a su exmarido. Luke medía uno noventa. Aquel hombre era más bajo y más corpulento que él.
—Por ahí, sí.
—¿Color de ojos?
Margo negó con la cabeza.
—No lo vi tan de cerca como para decirlo con seguridad. Claros a lo mejor. Él era de piel clara y musculoso.
—¿Cicatrices, tatuajes o algún rasgo que recuerdes?
—No.
—¿Has vuelto a verlo?
—Creo que no. —Lo miró—. ¿Tú te has fijado si te sigue alguien? ¿Te suena de algo ese hombre?
—No me he fijado en que me siguiera nadie.
—Pero alguien te ha hecho esa foto —añadió ella, indicando el móvil.
Luke asintió con la cabeza y apretó los labios con expresión adusta.
Margo pensó que no era normal que no se hubiera dado cuenta de que lo seguían. Luke apartó la mirada antes de contestar.
—Iba… iba distraído. No sabía qué sentiría al volver a ver al señor Thornton después de tanto tiempo. Después de lo nuestro.
Se produjo un silencio.
—¿Le contaste a la policía que te seguían? —preguntó él.
—No. La verdad es que no se me pasó por la cabeza.
Solo pensaba en el señor Thornton. Ya te he dicho que los policías están convencidos de que fue un robo.
Les preocupaba más saber si había visto a alguien que cualquier sugerencia que yo pudiera hacerles.
Me parece que creyeron que estaba muy afectada y que no era una testigo fiable.
Descartaron lo que les dije sobre el libro y, sinceramente, creo que si hubiera mencionado que me estaban siguiendo, habrían pasado de mí.
—¿Qué te preguntaron?
—No mucho. El motivo de mi reunión con el señor Thornton, lo que sabía de él, ese tipo de cosas.
—¿Cómo se llamaban los agentes con los que hablaste?
Margo le dio los nombres.
—No me suenan, pero puedo preguntar a mis antiguos compañeros.
—Gracias.