Capítulo 65
CAPÍTULO
SESENTA Y CINCO
E l tono agudo y vibrante le retumbaba en los oídos.
Sonando. Sonando. Sonando.
Nadie contestaba.
Aquello no era bueno. Nada bueno.
—Abi, ¿qué has hecho...? —masculló Sean cuando la llamada finalizó y se guardó el móvil en el bolsillo.
Tanto el móvil de Abi como el de Tomek daban señal en la misma ubicación, pero ninguno de los dos contestaba. No tenía ni idea de qué hacían en Surrey. Se frotó la cara con las manos, intentando aliviar con un masaje la tensión de sus músculos, pero apenas surtió efecto.
—Sargento —dijo Chey, acercándose a toda prisa.
—¿Qué pasa?
—He comprobado el número de móvil de Kasia.
—¿Y?
—La última vez que su móvil dio señal fue en Send.
—¿Donde están ahora Tomek y Abi?
Chey asintió, con los ojos desorbitados por el miedo. Así que los tres estaban juntos.
—¿Y qué hay de su familia? —preguntó Sean—. ¿Sus padres y su hermano?
—También he buscado sus números y la última vez que sus móviles dieron señal fue en sus domicilios. Los apagaron poco después de que los metieran en la parte de atrás de la furgoneta.
Sean maldijo para sus adentros. —¿Tenemos ya alguna información sobre la furgoneta? ¿Adónde ha ido?
Chey señaló por encima del hombro. —Oscar lo está mirando ahora mismo.
Sin perder un instante, Sean se apresuró hacia el escritorio del agente. Encontró a Oscar encorvado, con los ojos a pocos centímetros de la pantalla. Estaba colgando el teléfono de su escritorio justo cuando Sean llegó.
—Gracias a la grabación de la cámara de seguridad de una casa y al buen ojo de uno de los vecinos de Dawid y Aneta, he conseguido las matrículas de la furgoneta que secuestró a la familia de Tomek —dijo Oscar, pulsando unos cuantos botones del ratón y del teclado—.
Eran falsas —continuó—. Las mismas que coincidían con los movimientos de Donovan en el BMW blanco.
Debieron de cambiarlas en algún momento.
Por suerte, he podido seguirle la pista a la furgoneta hasta la M25...
Dejó la frase en el aire, llenando la habitación de un silencio pavoroso.
—¿Y adónde? —preguntó Sean.
Oscar no dijo nada. En su lugar, cambió de pestaña en el ordenador a una vista de Google Maps de algún lugar de Surrey.
—Esa es la última ubicación donde la captó una cámara —explicó.
—Mierda. Así que están todos juntos. Con Nathan o con Charlie.
—O con los dos —añadió Chey.
Sean le lanzó a Chey una mirada de reproche, como diciendo: «Todos lo estamos pensando, pero no hacía falta que lo dijeras en voz alta». Chey apartó la vista, avergonzado.
—¿Sabemos dónde están exactamente?
Oscar hizo zum en Google Maps. Tardó un rato en encontrar lo que buscaba, desplazándose de un lado a otro como un pájaro, hasta que finalmente lo encontró. Señaló un pequeño cuadrado negro en el mapa, rodeado de campos de varios tonos de verde.
—Este es el único sitio cercano a donde los móviles de Tomek y Kasia dieron señal por última vez. Hay una antena de telefonía justo al lado. No es cien por cien preciso, pero es mi mejor conjetura.
—Es la mejor información que tenemos por ahora. —Sean apretó el hombro a Oscar en señal de agradecimiento—. ¿Sabemos qué importancia tiene Surrey? ¿Por qué allí?
En ese momento, Martin se unió a la conversación.
—No estoy seguro de que sea relevante, pero he estado investigando un poco y parece que es donde Charlie ha estado viviendo durante los últimos veinticinco años aproximadamente.
Trabajó allí de maestro de escuela antes de volver a Wickford, donde recientemente se creó una cuenta en Uber con un seudónimo: Michael.
Antes de que Sean pudiera responder, la puerta del despacho se abrió. Entró Rachel, con expresión abatida.
—¿Qué pasa? —preguntó Sean—. ¿Qué ha dicho Donovan?
—Nada —contestó ella—. Bueno, nada no. Ha dicho que para cuando lleguemos, será demasiado tarde. Que no habrá nada que podamos hacer.
Sean tragó saliva. —Tiene razón.
—¿Qué?
—Que tiene razón. No hay nada que nosotros podamos hacer.
No aquí. No mientras Tomek esté en Surrey.
Pero, por suerte, la policía opera en todo el país, así que estoy seguro de que a la policía de Surrey no le importará echar una mano.
—Sean se volvió hacia Martin, al otro lado de la sala, y chasqueó los dedos—.
Ponme con el inspector jefe de la policía de Surrey.
Son los únicos que pueden ayudar a Tomek ahora mismo.