Capítulo 53
CAPÍTULO
CINCUENTA Y TRES
H abía tenido treinta años para planearlo.
Treinta años para dominarlo y perfeccionarlo.
En su mayor parte, creía que lo había conseguido.
Y, sin embargo, Tomek se estaba interponiendo en su camino.
El móvil. El piso de Bristol. Y ahora Donovan no contestaba a sus llamadas ni respondía a sus mensajes.
No tenía ni idea de dónde estaba su viejo amigo.
Donovan ya debería haber ido y vuelto. Pero no había habido respuesta.
O lo habían detenido o había tenido un accidente grave.
Nathan dudaba que el móvil del hombre estuviera apagado o que se hubiera largado sin más.
No, esto era obra de Tomek. Entrometiéndose. Interfiriendo en su plan perfecto.
Que te jodan, Tomek.
Justo cuando Nathan iba a entrar en el baño por cuarta vez en una hora, sonó su móvil. Respondió al instante.
—¿Sí? —preguntó apuradamente.
—Han detenido a Donovan.
—¿Qué?
—He seguido su móvil durante el viaje a Bristol y ahora indica que está en la comisaría.
—Joder.
—No pasa nada —dijo la voz al otro lado—. ¿Confías en él?
—Con mi vida —replicó Nathan.
—Entonces no tienes nada de qué preocuparte. Pero…
—¿Qué?
—Eso no es todo. Hay algo más.
Nathan esperó, conteniendo la respiración.
—También han detenido a Jonny Evans.
—¿ Qué ?
—Acabo de verlo salir de la comisaría.
—¿Me estás jodiendo? —preguntó Nathan—. ¿Cómo lo han conseguido?
Y entonces se dio cuenta. El móvil. Por supuesto que había sido eso. El puto móvil. El único número que había allí que no era de un móvil de prepago o el de Tomek. Habían llegado antes de que Donovan pudiera hacerlo.
Nathan se llevó la cabeza a las manos, masajeándose la frente. —¿Crees que... crees que les ha contado algo?
—Lo averiguaremos muy pronto —fue la respuesta.
—Deberías estar más preocupado de lo que pareces —replicó Nathan.
—Ella estará bien. La vigilaré.
Nathan entró en el baño, cerró la puerta tras de sí y se quedó de pie en la oscuridad. —Vamos a tener que pasar al plan B. O al plan C.
—No, no lo haremos —dijo la voz al otro lado, calmándolo al instante—. Aún no estamos tan expuestos. Él sigue sin saber dónde estás; de lo contrario, estarías en una sala de interrogatorios junto a Donovan y Jonny. Y tampoco sabe dónde estoy yo; de lo contrario, también estaría ahí contigo.
Una apariencia de calma creció en el interior de Nathan. —Siempre has sido la voz de la razón. Pero eso no significa que estemos fuera de peligro. Aun así, tenemos que adelantarlo todo. Tenemos que actuar antes de lo que habíamos planeado, antes de que cualquiera de los dos termine junto a Donovan.
—Entiendo. Déjamelo a mí. Pero tendrás que tener en cuenta que no puedo hacer mucho más ahora que somos uno menos.
—Lo sé, lo sé. Llámame en cuanto tengas noticias.
—Por supuesto. —Una pausa—. Tampoco es seguro para ti el sitio donde estás. Te sugiero que vengas a mi casa. Es el único lugar seguro para ti ahora. Puedo recogerte en menos de una hora.
—De acuerdo. Te esperaré.
Nathan terminó la llamada, se guardó el móvil en el bolsillo y se bajó la cremallera de los pantalones. Mientras empezaba a mear en el inodoro, el alivio en su vejiga apenas consiguió mitigar la tensión de su cuerpo.