Capítulo 43
CAPÍTULO
CUARENTA Y TRES
Ahora no tenía mucha hambre.
Pocos instantes después, la puerta se abrió y apareció una silueta, con los rasgos ocultos por la luz que se derramaba desde el recibidor. A Tomek le llevó un momento reconocer a Chey, con su complexión delgada y enjuta y su espeso pelo negro.
—¿Sargento? Ya estás aquí.
—A ti no se te escapa una, ¿eh?
Tomek no lo dudó. Se coló entre Chey y la puerta y entró en la casa, con Sean pisándole los talones.
—Están en el salón —les dijo el agente desde atrás mientras cerraba la puerta.
Tomek sabía perfectamente adónde ir. En el salón, encontró a Kasia y a Sophia sentadas en un sofá, con Claire acurrucada entre ellas, consolándolas a ambas.
En un brazo del sofá descansaba una caja de pañuelos de papel, con varios ya usados al lado.
En el sofá de enfrente, Rachel estaba sentada torpemente en el borde, con pinta de haber dado malas noticias.
—Sargento —dijo Rachel, levantándose de su asiento y acercándose a él de inmediato.
—¿Cómo están? —preguntó él.
—Conmocionadas. Asustadas. Como era de esperar.
En ese momento, Kasia se percató de su presencia y se levantó de un salto del sofá. Cruzó la habitación a toda prisa y se le echó en brazos, rodeándole el cuello. Se abrazaron con fuerza, sin que ninguno quisiera soltar al otro. Una oleada de calor lo inundó. Estaba a salvo. Estaba con él.
—Lo siento mucho, Kash. Nunca debería haberte dejado sola —dijo, bajándola suavemente al suelo.
—Estoy… estoy bien —respondió ella, aunque el nudo en la garganta dejaba claro que no era así—. Pero Sophia… está hecha polvo.
Kasia señaló a su amiga en el sofá, que estaba sentada con la cabeza hundida en el cuello de Claire, sollozando sin control, mientras de sus labios escapaban suaves gemidos.
Una ola de culpa creció en su interior. Sophia y Claire eran espectadoras inocentes en todo este lío.
Nunca deberían haberse visto involucradas, y él nunca debería haberlas puesto en esa situación.
—Lo siento muchísimo —dijo mientras se agachaba junto a ellas—. Es culpa mía. Yo… nunca debería haber dejado a Kasia con vosotras.
Ninguna de las dos respondió, aunque Claire le dedicó una sonrisa tranquilizadora, una que parecía decir: «No te preocupes, lo entendemos».
—Me siento fatal —continuó él—. Yo… No volveréis a vernos hasta que esto se haya solucionado.
—¿Y si Nathan o el tipo que nos siguió saben dónde viven? —dijo Kasia desde el otro lado de la habitación.
Tomek la miró sin expresión. Tenía razón. Las había arrastrado a su mundo, al mundo de Nathan. Al confiarles la seguridad de Kasia, había puesto en peligro la suya propia.
—¿Qué significa eso? —preguntó Claire, sin dejar de acariciar la cabeza de su hija—. ¿Corremos peligro?
—No. Posiblemente. Pero lo más probable es que no. Es complicado.
— Tomek , ¿tenemos que preocuparnos?
Se frotó la cara enérgicamente con las manos.
Todo estaba saliendo rematadamente mal. Primero, la relación con sus padres.
Luego, su comportamiento durante la investigación, ignorando las instrucciones de Nick.
Después, Abigail entorpeciendo el progreso.
La bebida. La discusión con Kasia y el distanciamiento con Sean.
Y ahora esto: arrastrar a una familia que no tenía nada que ver con Nathan ni con Michał.
Estaba alejando a todo el mundo cada vez más.
Todo por culpa de un solo hombre.
Solo quería que parase.
—¿Tomek? —repitió Claire—. ¿Tenemos que preocuparnos? ¿No estamos seguras aquí?
Tomek bajó las manos, la miró a los ojos antes de responder y se encogió de hombros—.
Sinceramente, no lo sé. Nathan es capaz de cualquier cosa; no hay más que ver lo que le hizo a mi hermano para darse cuenta.
Espero que no sepan dónde vivís. Espero, por el bien de todos, que el coche que creísteis ver fuera solo un error.
Que solo fuera un vecino o alguien que había quedado con uno.
Pero si lo es… si es uno de los hombres de Nathan, entonces no lo sé.
Es muy posible que Nathan utilice a otra persona para llegar hasta mí.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Claire.
—No lo sé. Espero estar equivocado. Pero tenemos que encontrarlo antes de que pueda pasar cualquier cosa… a quien sea .