Capítulo 26
CAPÍTULO
VEINTISÉIS
T omek esperó lo que le pareció una eternidad, de pie al otro lado de la puerta y con la cabeza gacha, intentando esquivar a cualquier compañero que pudiera bombardearlo a preguntas y sugerencias que ni le importaban ni tenía cabeza para tolerar.
Finalmente, Nick lo llamó a su despacho. Tomek abrió la puerta de golpe y casi saltó dentro. La cerró rápidamente a su espalda y se giró para ver al inspector jefe cerrando una libreta. Aquella mañana, Nick llevaba el uniforme de gala de la policía y parecía descansado.
—Buenos días, Tomek.
—Eh... Hola. —Apartó la silla de debajo del escritorio y se sentó en ella apresuradamente—. ¿Cómo va todo? Yo…
—Tomek —lo interrumpió Nick, levantando una mano para cortarlo—. Ya me imagino por dónde vas…
—Nathan.
—Sí. Y me temo que no te traigo muy buenas noticias.
La tensión y la aprensión en los hombros de Tomek se intensificaron, y su moral cayó en picado.
—No tengo nada concreto que darte —dijo Nick sin rodeos.
—¿Qué… qué has intentado hasta ahora?
—He contactado con un par de amigos que trabajaban en Instituciones Penitenciarias pero ya se han jubilado. Me he puesto en contacto para ver si pueden escribir a sus contactos o mover algunos hilos para conseguir información.
La frustración de Tomek fue en aumento. —¿Así que le has preguntado a un amigo de un amigo? —Su tono decayó—. Alguien que ya ni siquiera trabaja para ellos.
Nick hizo una pausa antes de responder, trazando un contorno con las uñas en un bloc de notas.
—Voy a dejar pasar esa —dijo con calma—.
Sé que estás de los nervios, sé que estás estresado, sé que estás ansioso por averiguar dónde vive este tipo, pero, créeme, esta información es altamente confidencial y no se comparte con nadie ajeno a quien corresponde por una razón.
La gente que entra en este tipo de programas tiene una diana en la espalda, y si se filtrara algún dato suyo al público, tendríamos un puto follón entre manos, por no mencionar que pone en riesgo la seguridad de la persona.
—Bien —replicó Tomek—. Quiero que la gente sepa dónde está. Quiero que la gente sepa lo que hizo. Quiero que la gente sepa dónde pueden encontrarlo. Y más importante aún, yo quiero saber dónde puedo encontrarlo.
Nick entrelazó los dedos y apoyó los codos en la mesa. Frunció los labios. —Por desgracia, no funciona así. Ahora me has dejado un poco preocupado por lo que podrías hacer con esa información, si es que llegamos a encontrarla.
Tomek enderezó la espalda e infló el pecho. Nick no necesitaba saber toda la verdad. Solo una parte.
—Voy a asegurarme de que mi familia esté a salvo —dijo.
Nick sopesó la idea, inspirando profundamente. —Sé lo que eso conlleva, colega. No nací ayer. No puedo… no puedo, en conciencia, darte ninguna información si creo que vas a hacer algo de lo que luego te arrepientas.
Tomek lanzó las manos al aire. —¿Entonces para qué coño aceptaste ayudarme?
—No me hables así. Estoy intentando hacerte un favor. Estoy intentando conseguir sus datos por si la caga y necesitamos encontrarlo.
—Para entonces, podría ser demasiado tarde. Si le hace algo a mi familia, tú y todos los demás seréis los últimos en enteraros.
Tomek se levantó de la silla y se dirigió a la puerta.
—¿Adónde vas? —le preguntó Nick.
Tomek puso la mano en el pomo. —Si no vas a ayudarme, lo haré yo mismo.
—¿Cómo?
—No lo sé. Pero encontraré la forma.