Capítulo 22
CAPÍTULO
VEINTIDÓS
I zabela y Perry Bowen estaban en el centro de jardinería del pueblo, tomando un café y almorzando juntos, cuando Tomek llamó e insistió en que volvieran a casa sin darles explicaciones.
—Tomek, ¿qué demonios pasa? —preguntó Izabela mientras cruzaba apresuradamente el camino de entrada veinte minutos después y lo abrazaba con fuerza—. ¿Cómo estás?
Tomek la soltó y sonrió. Aquel día era duro para todos, en especial para ella. —Estoy bien —le dijo—. He ido a su tumba esta mañana. He visto que ya habíais estado allí.
—Tu padre la arregló casi toda el otro día —contestó ella—. Hoy no nos hemos atrevido a ir, así que nos hemos tomado un café con él.
—Qué bonito. —Una ráfaga de viento les lanzó chaparrones de lluvia a la cara—. ¡Vamos, entremos antes de que nos ahoguemos!
Corrieron hacia la puerta principal. Kasia e Izabela llegaron primero, mientras que Perry, que aún cojeaba por el accidente de coche de hacía un par de meses, se quedó rezagado. Tomek lo ayudó, pasándole el brazo de su padre por los hombros.
—No soy un inválido —espetó Perry—. Puedo andar.
—¿Es eso lo que le dices al fisio justo antes de cancelar la cita?
Entraron de golpe en el recibidor, chorreando y dejando un charco de agua a su paso. Izabela cerró la puerta de un portazo y se sacudieron la ropa antes de colgarla en el armario de servicio que había junto a la entrada.
—Ahí dentro deberían secarse —dijo Izabela, secándose las manos en la manga—. ¿Qué haces aquí, Tomek? Es estupendo verte, pero tú —señaló a Kasia—, tú deberías estar en el colegio, jovencita. ¿Qué está pasando?
Se hizo un breve silencio en el recibidor, que resonó en el espacio sobre sus cabezas. Tomek se tomó su tiempo para mirarlos fijamente antes de responder.
—Será mejor que nos sentemos —dijo—. Tengo que deciros una cosa.
Unos minutos después, ya con los tés y los cafés preparados y una lata de Coca-Cola para Kasia, estaban sentados en el salón. Perry fue el último en sentarse, agarrándose al brazo del sofá como apoyo mientras se acomodaba en su sitio de siempre, frente a las puertas del patio.
Tomek se aclaró la garganta antes de hablar. —El mes pasado, después del accidente de papá, fui a Wakefield.
—¿Que hiciste qué ? —lo interrumpió Izabela.
Tomek levantó la mano para calmarla. —No es lo que piensas. La condicional de Nathan…—
—No vuelvas a mencionar ese nombre en esta casa —siseó Izabela.
—¿Me vas a dejar terminar o vas a seguir interrumpiéndome?
Voy a decir su nombre y vas a tener que aceptarlo.
—Exhaló profundamente, aunque la tensión en sus hombros aumentó—.
Era su vista para la condicional. Se estaban planteando dejarlo salir, así que fui para explicar por qué no debían hacerlo.
Les dije que tenía que quedarse donde está y que debería pudrirse ahí dentro el resto de su vida.
—Bien hecho, hijo —dijo Perry, dedicándole a Tomek un gesto de aprobación.
—Pero… pero no sirvió de nada.
La cruda realidad se posó sobre la habitación como una pesada nube.
—¿Qué quieres decir con que no sirvió de nada, Tomek? —preguntó Perry.
—Está en la calle, papá. El otro día, Nathan salió de la cárcel, de vuelta entre la población general.
—¿El otro día? —exclamó Izabela—. ¿El otro día? ¿Y se te ocurre decírnoslo ahora ?
—No quería preocuparos. Quería ver si se ponía en contacto antes de decir nada. Si no lo hacía, supuse que quizá nos dejaría en paz.
Izabela empezó a hablar, pero Perry la interrumpió: —Pero el hecho de que estés aquí…
Tomek asintió. —Él… vino a nuestro piso —dijo—. Esperó a que Kasia estuviera sola y prácticamente se invitó a entrar.
Izabela soltó un grito ahogado y corrió al lado de Kasia, que estaba en el pequeño sillón de la esquina, y rodeó con fuerza a su nieta, visiblemente afectada y asustada por el suceso.
—¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño? ¿Te ha tocado?
Kasia negó con la cabeza, incapaz de hablar.
—Me estaba esperando a mí —añadió Tomek.
—No puedo creerlo. ¿Por qué lo han soltado? ¿Cómo han podido permitir que esto ocurra?
Tomek se encogió de hombros. —No lo sé. Debió de convencerlos de que era una persona nueva.
—¡Esto es indignante! ¿No hay nada que podamos hacer? —preguntó Izabela.
—No para que lo metan de nuevo en la cárcel inmediatamente, no.
—¿Dónde está? Quiero encontrarlo. ¡Y quiero matarlo! Ahora que está fuera… ¡La próxima vez que se acerque a vosotros o a nosotros, me aseguraré de que no vuelva a hacerlo!
Izabela se estaba poniendo histérica. Kasia hizo lo que pudo por calmarla, pero no funcionó.
—¡Mamá! —gritó Tomek para detenerla—. Tienes que escucharme.
Este hombre es muy peligroso. Desde que ha estado dentro, ha empeorado.
Piensa en todos los nuevos amigos que habrá hecho.
No merece la pena. Puede llegar a vosotros y a nosotros fácilmente…
—Tomek se interrumpió y, poco a poco, dirigió la atención hacia su padre y bajó la mirada—.
Ya lo ha hecho; ya ha demostrado lo influyente que puede ser.
Perry ladeó la cabeza. —¿De qué estás hablando, hijo?
Tomek inspiró hondo y luego soltó el aire despacio. —Tu accidente de coche. No fue un accidente. Fue premeditado. Estaba planeado. Nathan hizo que ocurriera.
Otro grito ahogado. Esta vez, Izabela se llevó la mano a la boca. Tomek había esperado que saltara por la habitación para consolar a su marido. En lugar de eso, se levantó del sillón y le dio una bofetada a Tomek en el brazo.
— ¡Kurwa mać! —gritó él—. ¿A qué ha venido eso?
Apuntándolo con el dedo, siseó: —Eres un mentiroso, Tomek Bowen.
Sabías lo del accidente de tu padre todo este tiempo y no nos dijiste nada a ninguno.
Hablaste en una vista y justificaste mantener a esa escoria de malnacido en la cárcel, y no dijiste nada.
¿Sobre qué más has estado mintiendo? ¿Qué más nos estás ocultando?
Izabela levantó la mano. Tomek se encogió y alzó un brazo para defenderse.
—No os lo dije porque me estaba encargando yo.
—Pues no muy bien —ladró ella—. Tu padre está traumatizado por el incidente. ¿Sabes lo difícil que es convencerlo ahora para que se suba al coche y vaya a cualquier parte?
Tomek miró fugazmente en dirección a su padre. El hombre estaba encorvado en su asiento, con la cabeza gacha como si soportara el peso de la vergüenza sobre sus hombros. En ese momento, Tomek lo vio más débil y frágil que nunca. La forma en que estaba sentado, hundido en sí mismo.
—¿Te sentaste a la mesa a cenar con todos nosotros y lo sabías ? —dijo Izabela—. ¿Cómo has podido hacerle eso a tu padre? ¿Cómo has podido hacerle eso a tu familia?
—Lo siento —dijo Tomek con sinceridad—. Pensaba que os estaba protegiendo…
—No —dijo Izabela—. Solo mirabas por ti mismo, guardándote la información para ti. Como siempre has hecho en esta familia. Primero fue esa tontería con el otro asesino, y ahora es lo que le pasó a tu padre…
Tomek no dijo nada y bajó la cabeza. Por el rabillo del ojo, vio a Kasia removerse incómoda en su asiento, como si quisiera decir algo, pero no reuniera el valor.
—¿Y si descubres que ese «hombre» va a ir a por tu padre otra vez para asegurarse de terminar el trabajo la próxima vez? —continuó Izabela—. ¿Vas a guardarte esa información para ti hasta que sea demasiado tarde?
Tomek balbuceó de forma incoherente, buscando las palabras adecuadas, pero se le seguían escapando.
No era así como se suponía que debía ir la conversación.
No era así como esperaba que reaccionaran sus padres.
No podía creer que le estuvieran echando la culpa a él , tratándolo como si fuera el que se había equivocado, como el extraño, el marginado que siempre había sido.
—Nunca haría algo así —dijo finalmente—.
Hemos venido a advertiros . Mi trabajo es proteger a Kasia.
Mi trabajo es protegeros a vosotros. Mi trabajo es proteger a la gente en el curro.
Es mi trabajo . No sé hacerlo de otra forma.
Así que, si veis algo sospechoso o si veis otro BMW blanco que se parezca al que os embistió, necesito que hagáis dos cosas sencillas: una, llamadme; y dos, meteos en casa o rodeaos de gente lo más rápido posible.
Puede que ahora mismo no os caiga bien —de hecho, puede que me odiéis—, ¿y sabéis qué?
No pasa absolutamente nada. Me he sentido así toda mi vida.
Pero ahora es momento de que hagáis lo que os digo, porque no quiero perderos de la misma forma que perdimos a Michał por culpa de este hijo de puta. ¿Entendido?