La historia de la Guerra Civil que no te cuentan VI ¡EL VALLE NO SE TOCA!
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VI ¡EL VALLE NO SE TOCA!

Haría exactamente lo mismo que con la cruz del Valle de Cuelgamuros, dinamitarla, destruirla y hacerla saltar por los aires.

Pablo Fernández, diputado de Unidas Podemos

8 de abril de 2025

Toda nación es el resultado de un proceso histórico cuya transmisión depende del compromiso moral de sus herederos.

Desde los tiempos de José Luis Rodríguez Zapataro hasta el actual Gobierno de Sánchez, el cajón de la Guerra Civil se ha reabierto revestido de una hostilidad sin precedentes.

Ahora que conocemos el pasado histórico de la izquierda en España, no es de extrañar que esta maniobra obedezca a una necesidad de modificar el relato, más que un efímero capricho.

El Valle de los Caídos es parte de ese proceso histórico que ha servido para forjar los cimientos de nuestro presente.

Sin embargo, el significado que pretenden atribuirle hoy no es, ni mucho menos, el motivo por el cual se construyó.

Lo que en su día fue un signo de unión para rememorar a todos los caídos en la Guerra Civil ―fueran nacionales o republicanos― hoy se ha convertido en objeto de la más insaciable persecución institucional.

Esta es la consecuencia directa de haber permitido que, durante años, los designios de nuestro legado queden en manos de quienes lo utilizan como arma arrojadiza para hacer política.

Primero llegó la Ley de Memoria Histórica en el 2007, cuyas intenciones fueron continuadas mediante la posterior Ley de Memoria Democrática del 2022.

Ambas han sido acompañadas de una retahíla de mentiras que ha conseguido desplazar la carga de la prueba a quienes pretendemos desmontarlas.

Todavía existe una gran cantidad de españoles que considera que el Valle de los Caídos es un monumento dedicado única y exclusivamente a la figura del líder de un régimen dictatorial levantado con la sangre y el sudor de presos políticos en el ejercicio de una suerte de trabajos forzados.

Nada más lejos de la realidad, todos estos pensamientos obedecen a la leyenda negra que se ha instaurado en torno al Valle de los Caídos.

El anhelo de su destrucción no es solo un atentado contra la cristiandad; conlleva también el inevitable el deseo de derruir la memoria de todos aquellos españoles, por encima de republicanos o nacionales, que se batieron en la más atroz contienda que puede sufrir una nación: el duelo fratricida.